Dr. Eduardo Ortega-Barría, una vida de compromiso

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Por: Violeta Villar Liste

El Dr. Eduardo Ortega-Barría todavía conserva el recuerdo persistente de su madre, parada a un lado de la avenida central en La Chorrera, “viendo a mi hermana llevar la Bandera, y a mi hermano y a mí con la cinta tricolor cruzada a través del pecho. Esa cara de satisfacción y orgullo es inolvidable; no podías fallarle”.

Cuando un joven asume el firme propósito de no defraudar la confianza que una madre pone en su destino, que equivale a no defraudarse a sí mismo, esa certeza acompañará su vida desde el compromiso que es el claro ejemplo del Dr. Eduardo Ortega-Barría, ratificado como secretario nacional de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT) por la Asamblea Nacional de la República de Panamá.

El Dr. Ortega-Barría ha tenido una brillante vida como médico e investigador, con estudios de Medicina y especialización en Pediatría, enfermedades infecciosas y en Parasitología, una carrera de éxito que tuvo punto de partida al egresar con honores de la Escuela Secundaria Pedro Pablo Sánchez de La Chorrera.

Por este sentido del compromiso decidió convertirse en el primer voluntario mayor del estudio clínico de la vacuna CureVac que se realiza en Panamá y, su vocación de servicio, le concede paciencia y vocación de maestro al responder cada una de las preguntas que la ciudadanía le hace por sus redes sociales, a propósito del tema recurrente del coronavirus y las vacunas.

En este diálogo que celebramos, habla quien gusta definirse como “hijo orgulloso de La Chorrera”, y, por supuesto, el ciudadano, el médico, el hombre de ciencia y del compromiso, cuyos logros dan razón a las palabras de su madre: La educación es el camino para lograr el éxito.

Educación, el camino del éxito

-¿Por qué escogió el camino de la Medicina?

-Mi madre tuvo una influencia fundamental. Siempre creyó que la educación era el camino para lograr el éxito; venía de una familia numerosa que vio afectado su estándar de vida y la mayoría de sus hermanos se quedaron a un nivel técnico, mientras que sus hermanas tuvieron que trabajar en casa de familia. Ella no, por ser la más joven; sin embargo, se casó muy joven como se acostumbraba en los pueblos del interior en esa época. 

Así que en casa estudiabas o estudiabas y, siendo una familia de clase media, las buenas calificaciones te ayudaban. Así que las becas del Instituto para la Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos (Ifarhu), por ser destacado en la escuela, además de ayudarte financieramente, te distinguían.

Aún la recuerdo parada a un lado de la avenida central en La Chorrera, viendo a mi hermana llevar la Bandera y a mi hermano y a mí con la cinta tricolor cruzada a través del pecho. Esa cara de satisfacción y orgullo es inolvidable; no podías fallarle. Mi hermana era primer puesto en primaria y secundaria; así que siempre tenía el reto de venir un año detrás de ella. La verdad es que yo era un poco lento, pero muy terco y perfeccionista, ¡eso compensó!     

-De su fructífera trayectoria, ¿cuáles logros en el área de la investigación le resultan de mayor satisfacción?

-Yo diría que hay uno como joven médico residente de pediatría en México; otro como investigador en Estados Unidos y otro en Panamá.

He tenido la suerte de coincidir con generaciones de personas brillantes y esos retos te hacen elevarte a su nivel, o por lo menos intentarlo.

Recuerdo una de esas largas noches de turno como residente en el Instituto Nacional de Pediatría en la Ciudad de México, al hacer la admisión de un niño con historia de infecciones frecuentes, hijo de padres indígenas, cuyo examen clínico mostraba a un niño de fenotipo caucásico y cabello gris plateado.

El beneficio y reto de los hospitales de tercer nivel en México es que solo tienes una admisión por noche, pero debes sustentar cada diagnóstico con las referencias adecuadas. Como no tenía idea de lo que se trataba, me fui a leer y, después de varias horas de revisión de la literatura, indiqué que se trataba de un posible Síndrome de Griscelli.

Nadie me creyó, lamentablemente el niño falleció y los patólogos confirmaron el diagnóstico: era uno de un puñado de casos descritos a nivel mundial.

Señala que este caso lo ayudó a confirmar “que tus mejores aliados son los libros”.

Luego, como investigador en Boston, Estados Unidos, al trabajar con el parásito que causa la enfermedad de Chagas, le correspondió caracterizar una molécula que le permite al parásito entrar a las células y multiplicarse.

“El estudio fue considerado un aporte importante de patogénesis molecular y la revista Cell, una de las más importantes en el campo científico, le dedicó su portada.

Mucho después en Panamá, en 1999, en el Instituto Gorgas, junto a Vicente Bayard, me tocó ser parte del grupo de tres investigadores que identificó los primeros casos de Hantavirus en nuestro país en la región de Azuero”.

Trabajar por el país      

Entre los años 1985 y 1998 se dedicó a la investigación académica en México, Boston y California.

Fueron “largas horas en el laboratorio frente a células, parásitos, equipos sofisticados, reuniones científicas gratificantes y recursos casi ilimitados; pero con una audiencia limitada al mundo científico altamente especializado que me hizo preguntarme qué quería hacer”.

La oportunidad de quedarse en Estados Unidos “se me puso enfrente y me hizo reflexionar: al final me trajo de regreso mi interés en contribuir al desarrollo de la ciencia en mi país.

Una vez aquí te toca adaptarte y aportar, me encontré un número de estudiantes sedientos de oportunidades, un país en evolución científica, queriendo construir su propia agenda de prioridades científicas y aquí estamos. No me arrepiento, fue la mejor decisión ”. 

El impacto protagónico de la SENACYT

-¿Qué significa en su trayectoria estar ahora al frente de la SENACYT?

-Creo que el sueño de todo investigador que evoluciona a gestor de la ciencia es poder impactar positivamente el destino de la ciencia en su país. Continuar y fortalecer el trabajo que otros han iniciado con algunos baches en el camino es una gran responsabilidad.

La SENACYT coordina y vincula el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNI); ambos roles son de crítica importancia.

A través de la coordinación de la SENACYT se logra la identificación y priorización de las tareas en que los sectores deben enfocarse y esto se revisa cada cinco años a través del Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (PENCYT). Simultáneamente la vinculación del sector productivo, la academia, el sector público y la sociedad es crítico.   

-¿Cuáles serán sus actuaciones específicas para mantener el sistema de becas de la SENACYT y apoyar al país en el camino de la investigación?

-Como mencioné, la SENACYT hace mucho más que mantener un sistema de becas que permite la formación del recurso humano crítico para ayudar a crear el ecosistema que permita la generación del conocimiento necesario para transforma el país. 

A través de convocatorias de financiamiento la Secretaría también es responsable de financiar el equipamiento científico de nuestros centros de investigación universitarios e institutos, creación de infraestructura, crear incentivos a la excelencia en investigación e innovación, reinserción de becarios e investigadores, así como financiar proyectos de investigación prioritarios para el país.

Así mismo, la Secretaría es coordinadora de cinco Asociaciones de Interés Público (AIPs) que realizan actividades de interés nacional en el campo de la biomedicina, biotecnología y biodiversidad (INDICASAT), metrología (CENAMEP), disminución de la brecha digital e implementación de nuevas tecnologías (INFOPLAZAS), conservación de ecosistemas terrestres y marítimos, y preservación de especies (COIBA AIP), y la producción de conocimiento en el campo de las ciencias políticas y sociales (CIEPS).

Tres AIP adicionales están en proceso de creación para impulsar el desarrollo de actividades vinculadas a la agricultura en ambiente controlado (CIPAC), robustecer las capacidades nacionales en tecnología de la información y comunicación (INDICATIC) y el descubrimiento y desarrollo de vacunas y biofármacos (CIVB).      

Fortalecer el sistema nacional de investigación

-¿Por qué debimos esperar a que llegara la pandemia para dar a la ciencia su justo valor?

-El interés por la ciencia siempre ha estado allí en la Universidad de Panamá y sus centros de investigación, y en los institutos de investigación. Creo que en Panamá se acelera con el traspaso del Instituto Gorgas en 1990 y en particular con la creación de la SENACYT en 1997, a través de la ley No 13, que reconoce la obligación del Estado panameño de fomentar las actividades de investigación científica y reconoce el apoyo financiero como parte esencial de esta obligación.

La pandemia nos refuerza que tenemos que fortalecer significativamente el sistema nacional de investigación, orientar las investigaciones hacia las grandes misiones del país, pasar de consumidor a generador de tecnología e incrementar nuestra capacidad de resolver problemas; vincular a las empresas con los centros de investigación en la búsqueda de soluciones en conjunto.    

-¿Lo terminan de comprender los gobiernos o todavía queda camino por recorrer?

-Esta es una tarea continua. La dirección era la correcta de incrementar significativamente la inversión pública en I+D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación) hasta llegar en el 2024 al 1% del Producto Interno Bruto (PIB).

La pandemia, reconoce, ha afectado las finanzas públicas y privadas en todos los renglones de inversión, pero no es el momento de limitar la inversión en ciencia.

“El último estudio de opinión pública del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (CIEPS) identifican a la inversión en investigación científica como una de las tres prioridades para utilización del presupuesto, junto a la salud y a la educación

Debemos incrementar la inversión aún en una situación de crisis socioeconómica y recurrir a la búsqueda de soluciones a través de ciencia”.   

Un país a la altura del reto

-¿La ciencia ha estado a la altura del reto impuesto por el coronavirus?

-Sin duda. Pocas semanas después de la voz de alerta del nuevo brote de enfermedad respiratoria en Wuhan, China, se identificó el agenta causal, se secuenció su genoma, y rápidamente se desarrollaron las pruebas de diagnóstico molecular para identificarlo.

La secuenciación genética de última generación ha permitido trazar el virus, caracterizarlo e identificar mutaciones y variantes.

En tiempo récord hemos tenido vacunas con cuatro plataformas tecnológicas diferentes, y aunque no hemos logrado identificar un tratamiento específico antiviral, se han estudiado múltiples modalidades, con nuevas y viejas drogas.

Hoy entendemos mejor la biología y fisiopatología del virus, su patogénesis y mecanismos de transmisión.

-¿Las gestiones oficiales han sabido acompañar este esfuerzo de científicos y médicos?

-El Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Salud (Minsa), en colaboración con un grupo de asesores científicos panameños, iniciaron la interacción con los laboratorios fabricantes de vacunas tan temprano como julio de 2020. Se realizaron reuniones con más de 20 productores de cinco países.

Se lograron acuerdos con las compañías Pfizer, AstraZeneca Johnson & Johnson, así como con la iniciativa COVAX para traer vacunas al país. Se acordó un total inicial de 5.5 millones de dosis de vacunas con diferente perfil: almacenadas a -70C o de 4-8C, de 1 y dos dosis, de ARNm y de vectores virales.   

De igual modo, en esta detallada cronología de los pasos de avanzada de Panamá, explica que “los científicos e instituciones panameñas han estado a la altura del reto. El Instituto Conmemorativo Gorgas rápidamente estableció las pruebas moleculares y transfirió la tecnología a las instituciones públicas encargadas del diagnóstico, además rápidamente pudo identificar las introducciones virales y su origen (EEUU, Europa y China) que sembraron el país y desencadenaron el brote inicial.

A las pocas semanas de declarada la pandemia, en marzo de 2020, la SENACYT lanzó una convocatoria de respuesta rápida al COVID-19 y, a pesar de que solo se dio una semana para recepción de propuestas, se recibieron 293; y 32 propuestas fueron priorizadas.

Estos incluían sistemas de descontaminación, fabricación de equipos médicos, diseños de apps, desarrollo de pruebas de diagnóstico, evaluación de medicamentos, impacto socioeconómico, entre otras.

Un grupo de ingenieros (UTP, PSED, UDELAS, INDICASAT, Universidad Latina, Grupo Gasol, Fundación 100 panas, aceti-oxigeno, CREASS-AIP) fabrica y valida dos prototipos de ventiladores mecánicos que pudieran ser utilizados en caso de faltar de manera local”.

Recuerda que debido a la escasez mundial de medio de cultivo viral para el transporte de las muestras requeridas en el diagnóstico, INDICASAT preparó miles de viales, lo cual permitió mantener la toma de muestras y el diagnóstico. 

Por otra parte, resalta que gracias a la colaboración entre investigadores clínicos, “se creó el Consorcio de Investigación de vacunas para COVID-19 que permitió probar vacunas de ARNm y de proteínas recombinante en Panamá.  A finales del 2020 se lanzó otra convocatoria para realizar estudios que confirmen la efectividad y seguridad de las vacunas que se van a implementar en Panamá”.    

Cuando llega el momento

-Fue el primer adulto mayor de 60 años en participar como voluntario en el estudio de la vacuna Curevac en Panamá. ¿Tuvo miedo?

-En realidad, después de 35 años de investigación académica, y últimamente como gestor de la investigación científica, pensé que había llegado el momento de participar como voluntario en este estudio de investigación y hacer mi parte para ayudar a terminar con esta pandemia.

Mi esposa y yo decidimos participar y fuimos juntos al centro de investigación. Miedo no, quizás algo de entusiasmo, excitación y un poquito de ansiedad por ser una tecnología nueva y haber algo de desconocimiento de los posibles efectos secundarios.

La mejor vacuna es la que llegue primero

-¿Cuáles son las grandes mentiras que se dicen con respecto a la vacuna y debemos aclarar en aras del bienestar local y global?

-¡Mentiras muchas! Algunas sin ningún tipo de bases científicas y demostrando total desconocimiento del proceso de investigación. Otras fundamentadas en poca información o desinformación, como que las vacunas se desarrollaron en 10 meses, que afectarán tu material genético, que tendrán efectos dañinos a largo plazo…

 Hay otras peores, como que el virus no existe y todo es inventado o creado por grandes corporaciones para controlar el mundo o con fines comerciales.

-¿En lo particular se inclina por alguna vacuna de las previstas para Panamá a propósito del combate contra la covid-19?

-Soy de los que cree que la mejor vacuna es la primera que llegue y en realidad, cuando uno analiza la seguridad y eficacia de todas las vacunas autorizadas por las autoridades de referencia internacional, no parece haber diferencia sustancial: la eficacia contra enfermedad severa está por arriba del 90% en todas.

Sin embargo, me fascina el principio y la versatilidad de las vacunas de ARN mensajero, creo que van a revolucionar la salud pública y el mundo de la vacunología, tanto para vacunas profilácticas como terapéuticas.  

-¿Estimaciones de número de vacunados en el primer semestre del año en Panamá?

-Dependerá de tres factores: tener un suministro continuo de vacunas; que logísticamente podamos distribuir las mismas a los centros de vacunación que serán parte de la estrategia, y finalmente que podamos administrar la vacuna. En este último componente, necesitamos la participación activa de la población: que acudan al llamado del programa de vacunación.

-¿Cuándo considera que pudiéramos alcanzar la inmunidad del rebaño?

-Es difícil estimar una fecha en este momento. Necesitamos un suministro continuo y grande de vacunas por parte del fabricante.

Necesitamos vacunar aproximadamente tres millones de panameños para cubrir al 70% de la población.

Hipotéticamente, si podemos vacunar a 70,000 personas por semana, en 43 semanas todos tendrán por lo menos una dosis de la vacuna. ¿Podemos hacerlo? Las próximas semanas nos dirán; yo soy optimista.     

Docencia digital

-Se mantiene activo en las redes sociales y con paciencia infinita hace docencia. ¿Cuándo comenzó este magisterio digital?

-Es importante ayudar a tranquilizar a la población y fortalecer la confianza en las vacunas, que son la herramienta de salud pública que nos ayudará a salir de esta pandemia. Tengo una gran confianza en las vacunas, porque he visto su poder salvando vidas y mejorando la calidad de vida la sociedad.

Son la intervención en salud pública más exitosa jamás inventadas, y las más costo efectivas.

Sus hijas lo ayudan con las herramientas digitales “y viendo a mis colegas me he subido al carro de las herramientas digitales y es divertido, pero también recibes un palo de vez en cuando.

La cantidad de información científica de calidad es tan alta que filtrarla a veces es casi imposible. Yo mantengo por ejemplo una presentación de diapositivas de power point que me mantengo actualizando sobre una base diaria”. 

-Me gustaría un mensaje a las nuevas generaciones con respecto a su responsabilidad histórica en forjar el país posible…

Panamá está llena de gente talentosa y creativa, trabajadora y apasionada. Debemos trabajar con la misión de mejorar la sociedad en la que vivimos, cada uno desde su trinchera.

“No nos dejemos tentar por el éxito rápido y fácil; creemos las condiciones para que seamos un país, equitativo y justo, donde la corrupción no sea impune”.

Creo firmemente, subrayó, que podemos ser líderes en la región en el campo científico si incrementamos la inversión en ciencia, si identificamos correctamente nuestras prioridades y seguimos una hoja de ruta consensuada.   

Es un convencido de cómo la preparación académica y el colaborar de manera mutua en resolver los problemas hará la diferencia en la construcción del país posible.

No podemos, enfatizó, escapar a nuestra obligación histórica de un mejor país, mensaje que dirigido a los jóvenes tiene en el Dr. Ortega-Barría un ejemplo cercano de vida de compromiso que se ilustra cuando estudiante, en cada desfile patrio, y con la dignidad de la cinta tricolor cruzada a través del pecho, se prometió, reflejado en el orgullo de la mirada de su madre, no fallar.


Biografía

Nació en Ciudad de La Chorrera, Panamá. Terminó sus estudios de Medicina en la Universidad Autónoma de Guadalajara, México.  Subsecuentemente hizo la especialidad en Pediatría en el Instituto Nacional de Pediatría en la Ciudad de México y posteriormente la sub-especialidad en Enfermedades Infecciosas Pediátricas en el Hospital Infantil de México “Federico Gomez”, en la Ciudad de México.

Entre los años 1987 y 1993 realizó entrenamiento posdoctoral en Medicina Tropical y Parasitología, con foco en investigación en Biología Celular y Molecular de parásitos, entre ellos: Trypanosoma cruzi, Giardia lamblia y Pneumocystis carinii en Tufts University School of Medicine / New England Medical Center, División of Geographic Medicine and Infectious Diseases, y sirvió como Instructor en Medicina entre los años de 1988 y 1993 en el Departamento de Medicina del New England Medical Center, Boston Massachusetts.

En 1990 recibió el premio “Maxwell Finland” al Investigador Joven del año de la Massachusetts Infectious Diseases Society.

Entre 1993 y 1998, completó entrenamiento posdoctoral en Enfermedades Infecciosas Pediátricas en el Lucile Salter Packard Children´s Hospital, Division of Pediatric Infectious Diseases, Stanford University, y un postdoctorado en Biología Celular y Molecular de Toxoplasma gondii en el Departamento de Microbiología e Inmunología, Stanford University School of Medicine.

De 1998 a 2003 ocupó distintas posiciones de liderazgo en el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios en Salud, Panamá, en Florida State University-Panama, en el Instituto de Investigaciones Científicas Avanzadas y Servicios de Alta Tecnología (INDICASAT), de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, Panamá, y en el Hospital de Especialidades Pediátricas de la Caja del Seguro Social, Panamá.

Entre el año 2000-2007 fue Científico Asociado en el Smithsonian Tropical Research Institute. De 2001 a 2013 fue Profesor Adjunto, Department of Microbiology and Tropical Medicine, George Washington University, Washington, DC.

El Dr. Ortega-Barría es autor de 98 artículos de investigación, 30 capítulos de libros de texto sobre parasitología, pediatría, enfermedades infecciosas y vacunas, y es co-inventor de dos patentes y dos aplicaciones provisionales de patentes en parasitología en los Estados Unidos.

Fuente de la biografía: SENACYT

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