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Por: Hisvet Fernández

Hisvet Fernández es psicóloga social, feminista, activista de los DDHH de las Mujeres y los Derechos Sexuales y Reproductivos, directora del Centro de Capacitación para la Vida (Cecavid). Integrante de la Alianza Salud Para Todas. Coordinadora del Observatorio Venezolano de los Derechos Humanos de las Mujeres, núcleo Lara. 
@psicosexualhisvetf 
 hisvetfernandez@gmail.com
@psicohisvetfernandez

“Los hombres son el sujeto del amor y el eros, de ahí su centralidad y jerarquía erótico-amorosa que es cimiento de su paternidad y de la posición suprema familiar, clánica, de linaje y comunitaria” (Marcela Lagarde y de los Ríos, 2012)

Iniciamos esta reflexión con esta cita sobre el amor de Marcela Lagarde. Y es que el amor, como todo lo relacionado con los seres humanos, tiene un carácter psico-social que no se vive ni siente igual cuando se es hombre o cuando se es mujer.

El hombre como sujeto del amor es amado; la mujer como objeto del amor, desea ser amada y ama. Así estamos describiendo el amor patriarcal como ese sentimiento que hemos aprendido a sentir y expresar a lo largo de la historia de la humanidad desde la esclavitud hasta nuestros días.

Sentimiento que se ha ido construyendo con definiciones precisas y limitaciones muy bien establecidas para cada quien según su sexo y género y han ido tallándose y tatuándose en nuestra piel.

Esta forma de amar, no solo se ha impuesto de manera violenta, ha ido buscando caminos más sutiles, en la medida que cambia la organización social, para arraigarse en lo más profundo de nuestras almas y cuerpos sexuados.

Este amor lo hemos libado, no solo de la educación familiar sino que está presente y a la disposición nuestra, en la literatura, lo hemos leído en libros, a través de cuentos infantiles, novelas para adolescentes, lo hemos apreciado en obras de teatro y visto en películas, revistas, fotonovelas y hasta lo hemos recreado en juegos infantiles, para que no nos quede duda de cómo ella y él aman y de cómo se aman.

Hemos aprendido como se funden apasionadamente, una en él otro y cómo se da la entrega de ella y la toma de él sobre ella hasta desaparecer ella, completamente, en él.  

Este amor ha sido asumido como parte de las definiciones de nuestras identidades, masculinas y femeninas y representa contenido obligado de nuestra educación sexual sentimental.

A las mujeres nos han enseñado que el amor de las mujeres hacia los hombres debe ser incondicional y exclusivo, lo cual garantiza y permite el dominio personal y directo por parte de los hombres sobre las mujeres. Esta forma de amor es el amor romántico y se basa en una gran cantidad de preceptos que han terminado siendo mitos muy bien establecidos.

Algunos de estos mitos vale la pena mencionar, por lo que todas y todos los reconocerán como parte de la educación sobre el amor que han recibido. Estos son: Existe tu alma gemela, Existe el Amor de tu vida, debes encontrarlo, El verdadero Amor es para siempre,  El Amor lo puede todo, El Amor fluye “natural” entre un hombre y una mujer,  El Amor verdadero duele, te hace llorar,  Si te ama, querrá casarse contigo,  El Amor es exclusivo, no puedo amar a nadie más, El Amor es incondicional, pase lo que pase, siempre te amaré…..y hay más.

El amor romántico es una de las bases de nuestra cultura,  arraigado y naturalizado, junto al modelo de mujer y de hombre correspondientes a la pareja erótico-afectiva de la heteronormatividad hegemónica.

Este modelo de pareja lo asumimos como el único modelo de pareja posible que nos conduce a la felicidad. Tanto es así que hasta las parejas homosexuales asumen este modelo de pareja en sus prácticas amorosas.

Pero la verdad es que hay tantas versiones de amor como relaciones amorosas se han dado en el mundo y en su historia.

Con el amor romántico se crean expectativas, se prescribe destinos y establecen objetivos a alcanzar en el amor, que al desviarnos del modelo romántico, al no lograr encontrar “ese amor” experimentamos un sentimiento de “fracaso” que nos lleva a la tristeza, a la culpa, a la estigmatización y al malestar psicológico, fundamentalmente en las Mujeres.

Muchas veces se dice que los tiempos han cambiado y que ya no se ama como antes, que las mujeres hemos cambiado y avanzado al ritmo de los avances del Feminismo.

Pero comparto con Marcela Lagarde que las mujeres de hoy, las mujeres contemporáneas viven un sincretismo amoroso ya que tienen arraigadas simultáneamente visiones tradicionales-conservadoras del amor. 

Persiste aún en ellas su núcleo del cautiverio como seres para otros y han incorporado visiones progresistas de las relaciones amorosas con aspiraciones de igualdad y reciprocidad en el juego amoroso de pareja.

Este sincretismo genera en ellas dobles frustraciones y mayores decepciones con respecto al ideal del amor al que aspiran.

Muchas mujeres toman la decisión de la vida sin pareja, aunque son estigmatizadas por esta decisión, como SOLAS e insatisfechas y esto también produce en muchas mujeres malestares psicológicos.