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Tras estabilizar las lesiones corporales que amenazan la vida, la prioridad absoluta es reconstruir la historia clínica del paciente. Muchos pacientes recordarán su nombre, pero no sus antecedentes ni sus dosis farmacológicas

Por: Dr. Luis Guillermo Jiménez Vielma

Director de la Sección de Neurociencias y Ciencias Comparadas de la Academia Venezolana de Neurociencias (AVNc)

En el panorama desolador que sucede a una catástrofe natural como los recientes terremotos en Venezuela, la medicina de emergencia se convierte en una carrera contra el reloj. Sin embargo, cuando el polvo se asienta y las vidas inmediatas se salvan a través de los protocolos de soporte vital, emerge una población vulnerable y muchas veces invisible en las primeras horas: el paciente neurológico.

Ante una crisis humanitaria que ya cobra miles de víctimas y desaparecidos, la gestión de la salud cerebral exige una alianza inquebrantable y un puente de comunicación diáfano entre el personal médico, el paciente y su entorno familiar.

Para abordar esta crisis con templanza y precisión, la comunidad médica debe rescatar una máxima fundamental de la práctica clínica: debemos pensar como internistas antes que como neurólogos. El cerebro no es un órgano aislado; responde de manera sistémica. No podemos interpretar un signo neurológico de forma aislada si el paciente padece un estallido de víscera, una hemorragia interna no detectada o una fractura descompensada. La integralidad es la regla de oro.

La primicia de la estabilización: información, certeza y claridad

Una vez superado el triaje inicial y asegurado el ABC (vía aérea, respiración y circulación), el primer gran desafío en el manejo neuropsiquiátrico es la canalización de la información. En situaciones de shock agudo, el caos informático puede ser tan peligroso como una réplica del sismo.

Para el médico: tras estabilizar las lesiones corporales que amenazan la vida, la prioridad absoluta es reconstruir la historia clínica del paciente. Muchos pacientes recordarán su nombre, pero no sus antecedentes ni sus dosis farmacológicas.

Para la familia y el paciente: es vital buscar, proteger y proveer certeza. Si el paciente padece una condición neurológica previa (epilepsia, Parkinson, demencia, secuelas de ACV), la familia se convierte en la memoria del paciente. Concretar los nombres de los fármacos y las patologías previas es el primer paso para evitar una catástrofe secundaria por deprivación o interacción medicamentosa.

El «Silencio Adrenérgico» y el retorno de los síntomas

Es un hecho neurobiológico bien documentado que, durante y justo después del trauma, las oleadas masivas de adrenalina y cortisol actúan como un analgésico y un enmascarador de síntomas. Este es un periodo de silencio clínico aparente. Tanto las enfermedades crónico-degenerativas como las lesiones agudas menores pueden parecer estables o inexistentes debido al estado de shock y la hiperalerta del organismo

Sin embargo, los médicos y familiares deben prepararse para lo que ocurre cuando estos niveles hormonales descienden: los síntomas regresarán, y a menudo con mayor fuerza. Es en este descenso de la conmoción cuando comenzarán a brotar las verdaderas dimensiones del daño o de la descompensación.

Vigilancia de cuadros neuropsiquiátricos y signos de alerta

A medida que el shock cede, el espectro de manifestaciones neuropsiquiátricas y motoras se hace evidente. Médicos y cuidadores deben mantener una observación minuciosa sobre las siguientes alteraciones:

Funciones Cognitivas y Conductuales: pérdida de conciencia intermitente, amnesia postraumática, episodios de desorientación severa, agitación psicomotriz o mutismo selectivo.

Funciones Motoras y Sensitivas: pérdida de fuerza en extremidades, asimetrías faciales, dificultad para articular palabras (disartria) o alteraciones de la sensibilidad.

Prioridad Absoluta de Triaje Neurológico: se debe priorizar de inmediato la derivación médica si aparecen síntomas que comprometan el tallo cerebral o las funciones vitales automáticas: pérdida del patrón respiratorio regular, abolición de la conciencia, convulsiones recurrentes o parálisis motoras severas que anticipen un paro cardiorrespiratorio.

Un vínculo de sobrevivencia

En las crisis de gran escala, incluso nosotros, los profesionales de la salud, experimentamos el impacto psicológico y el shock del entorno. Reconocer nuestra propia vulnerabilidad es el primer paso para actuar con objetividad.

El tratamiento específico y efectivo del paciente neurológico en la Venezuela post-terremoto no depende únicamente de la disponibilidad de alta tecnología, sino de nuestra capacidad para mirar al paciente de forma integral, recabar información con paciencia científica y educar a la familia para detectar los síntomas que el silencio de la adrenalina intentó ocultar. Cuidar el cerebro hoy es salvaguardar el futuro de los sobrevivientes.

Academia Venezolana de Neurociencias
Por la neurociencia y por Venezuela