El taller de los artistas con Síndrome de Down

Cortesía

Domuarima significa “el señor de los pájaros” en el dialecto warao de las comunidades indígenas del Delta del Orinoco (estado Delta Amacuro, Venezuela).

Domuarima es el nieto de Coromoto Rodríguez, licenciada en Bibliotecología y artista plástica desde hace más de 20 años, cuando la naturaleza de la granja fantástica que puebla su cotidianidad, y sus reiterados viajes a la selva de Delta Amacuro, “me hicieron entrar en una conexión armoniosa que activó todas mis vetas artísticas”.

La inspiración ante los verdes superlativos de la selva virgen, el imponente Orinoco y su propio mundo de árboles y flores, construido a su medida en el pueblo de Agua Viva en el estado Lara (Venezuela), se dejó formar y forjar con el maestro Díaz Lugo y el muralista Jorge Arteaga, “hasta desarrollar mi propia técnica que me ha llevado hasta donde estoy ahora”.

Domuarima, “el señor de los pájaros”, nació con Síndrome de Down y, ante esta condición de su nieto, quiso Coromoto Rodríguez familiarizarse “con los niños con capacidades especiales para saber cómo iba a ser Domuarima”.

Domuarima y Coromoto Rodríguez

De esta forma, el año 2002, se comunica con el Dr. José Francisco Navarro Aldana, padre de una niña con Síndrome de Down y fundador de la Asociación Larense para el Síndrome de Down (Alasid), con sede en Barquisimeto (estado Lara, Venezuela).

Su propuesta, como artista y abuela amorosa, significó apoyar a despertar en los jóvenes de Alasid su sensibilidad artística.

Acudía lunes y miércoles. Del ejercicio de mano al garabateo, los dibujos comenzaron a tomar forma en un grupo de 40 jóvenes entre 18 a 50 años de edad.

Al año montaron la primera exposición: dibujos elaborados en lápiz de grafito y creyones.

“Asistió lo más connotado del estado Lara y desde ese momento no hemos dejado de trabajar. Así nace el taller Trazos de Inocencia”.

El taller es permanente, y antes de la circunstancia de la pandemia, la artista y docente mantenía su ritmo de formación, en horarios de lunes y miércoles, desde las ocho y de la mañana y hasta el mediodía, con una participación promedio de 50 alumnos por año.

“No les impongo ni el color, ni línea, ni forma. Cada día es una aventura: enfocamos temas diferentes; les relato historias y ellos lo plasman”.

Desde hace 16 años, una muestra es permanente, “nuestro día de fiesta”: la que dedican a honrar la procesión de la Virgen María, en su advocación de Divina Pastora, cada 14 de enero, por las calles de Barquisimeto.

Este año la pandemia ha hecho difícil reunirse, pero no quieren interrumpir la tradición de rendir homenaje a la Virgen desde su devoción creativa.

Como la fe puede más que la dificultad, programa la exposición Trazos de Inocencia, vía virtual.

Junto con el Dr. Navarro se encuentra en el proceso de selección y aceptación de las obras.

Esta labor bonita que regala a los jóvenes con Síndrome de Down, es una forma de terapia de relajación y transformación: “Se sienten en otro mundo, expresan su inocencia a través de sus obras y plasman lo que sueñan”.

Además de la muestra dedicada a la Divina Pastora, a quien este año de manera especial pedirán “misericordia” y ofrecerán “agradecimiento infinito”, realizan diferentes exposiciones de variadas temáticas.

Desde hace 10 años conmemoran a la artista Elsa Morales, con la presencia de la Fundación Elsa Morales, además asisten al Salón Internacional de la Asociación Venezolana para el Síndrome de Down (Avesid) en Caracas y al Festival Crearte, espacios de confrontación que han premiado el talento de los miembros del taller Trazos de Inocencia.

La artista les pide observar la naturaleza, “les invento historias y los mantengo en contacto con la realidad”.

El arte, explica, es esencial para su crecimiento interior y su autoestima.

 Cuando ven sus obras colgadas en los museos, su alegría es inmensa.

La Galería Giotto, el Colegio de Médicos del estado Lara, el Colegio de Ingenieros del estado Lara, la galería de la Fundación Juan Carmona del diario EL IMPULSO, el Ateneo de Barquisimeto y el Museo de Barquisimeto, entre otros espacios, han mostrado con alegría y expectativa las obras de Trazos de Inocencia.

“Es un taller que se realiza sin fines de lucro; es mi gotica de agua en el océano. Nunca se ha cobrado nada: yo les debo más a ellos; me otorgan felicidad”, declara como un acto de amor Coromoto Rodríguez.

Reconoce que muchos padres no tienen medios económicos y la escasez de materiales hace compleja la labor, sin embargo, los anima la esperanza que siempre es un aliciente poderoso.

También “están abiertas las puertas para cualquier colaboración en materiales destinados al taller”, un gesto que sería de gran apoyo.

Como artista, la pandemia la enfrenta a interrogantes, “pero jamás he perdido la fe; sigo trabajando e investigando”.

A la tristeza no le da cabida. Aprovecha el espacio sereno de su casa de campo para “hablar desde el jardín”, reinventar su creación artística y perseverar para seguir contando la historia de Trazos de Inocencia, otro modo de terapia y creación que nació en su amor de abuela hacia “el señor de los pájaros”.

Violeta Villar Liste
redaccion@lawebdelasalud.com

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