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Por: Dr. José L. Cevallos MD, PhD

El Dr. José L. Cevallos MD, PhD es Médico Cirujano egresado de la Universidad Central de Venezuela (1963). Médico Especialista en Medicina Interna, UCV (1968). Médico Especialista em Endocrinólogía, Harvard Medical School of Medicine, Boston, USA (1971). Doctor en Ciencias Médicas (PhD), UCV (2003). Profesor Titular de la Cátedra de Clínica Médica, Facultad de Medicina, UCV (2008). Profesor Asesor de la Facultad de Medicina de la UCV (2009). Director del Laboratorio de Investigaciones Clínicas de la Facultad de Medicina, UCV (1975-presente) y ex presidente de la Sociedad Venezolana de Endocrinología y Metabolismo (1882)
Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Medicina de Venezuela (2019) y de las Sociedades Venezolanas de Medicina Interna y de Endocrinología y Metabolismo. Miembro Emérito de la Endocrine Society USA y de la Global Iodine Network ONU, Unicef.

En lo sucesivo, cada semana haremos referencia en esta sección de La Web de la Salud, dedicada al Sistema Endocrino, a una glándula (G) en particular, o a una patología bien definida pertinente a este Sistema.

Importante señalar que la mayor parte de las G endocrinas son indispensables para la supervivencia del individuo, es decir, sin ellas es imposible vivir.

Solo dos pares de glándulas no son indispensables para la vida, pero sí para la supervivencia de la especie, me refiero a las gónadas: ovarios y testículos, que si bien segregan hormonas necesarias para desarrollar en la vida embrionaria y adolescencia, las características sexuales del ser y para luego mantenerlas en la adultez, en su ausencia por causas congénitas o adquiridas, sobrevive el ser, pero no puede reproducirse.

Hablaremos hoy de las poco conocidas glándulas paratiroideas, consistentes en cuatro “granitos”, del tamaño de una lenteja, situadas por  detrás de la G. tiroides, en sus extremos o polos superiores derecho e izquierdo.

Ellas segregan la hormona (H) denominada parathormona, la cual actúa sobre el intestino, el riñón y los huesos, regulando el metabolismo del calcio, el magnesio y de los fosfatos, en lo relacionado con su absorción, excreción y depósito, junto con la vitamina D, así como también regulando la concentración sanguínea del calcio.

Recordemos que el calcio es indispensable para la contracción de los músculos, tanto esquelético como cardíaco, la adecuada conducción nerviosa y formar parte del tejido óseo, bajo la forma de fosfato de calcio.

Esa ubicuidad de acción del calcio y su relación con las paratiroides, nos explicaría de inmediato, qué le puede suceder a un organismo que tenga defecto (hipoparatiroidismo), o exceso (hiperparatiroidismo) de esa hormona.

En el primer caso: Defecto, este puede ser congénito o adquirido, donde la hipocalcemia se manifestaría principalmente por calambres generalizados, con contractura de las manos y riesgo de la vida, de no ser tratado mediante la administración endovenosa de calcio. Necesitando dicho paciente, tomar dosis elevadas de calcio y de Vitamina D por vía oral, en forma permanente.

La causa más frecuente en el adulto es la pérdida de las G paratiroideas, después de una tiroidectomía radical.

  De haber exceso de parathormona, debido a  adenoma o a carcinoma de las paratiroides, la persona presentaría pérdida progresiva del tejido óseo, litiasis renal, cambios de conducta, con incremento de los valores circulantes de calcio. El tratamiento sería quirúrgico.        

                   

Por: Dr. José L. Cevallos MD, PhD