Horacio Vanegas, vida de entrega a la ciencia

La vida del doctor Horacio Vanegas F., investigador titular emérito del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) ha estado dedicada a la ciencia y la incensante curiosidad que conduce a la investigación.

Su historia la cuenta en el tono biográfico que hace más cercana la lectura y ayuda a descubrir al hombre, al científico y al profesional en su larga andadura.

En 1962 se gradúa de Médico-Cirujano en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y luego obtiene el grado de Philosophiae Doctor (PhD) en investigaciones cerebrales en la Universidad de Yale, EEUU (1968).

“Mis investigaciones en Yale buscaron comprender la participación del hipotálamo y el sistema límbico en los componentes sensoriales que guían, y los componentes motores que ejecutan, el ataque de un felino sobre su presa y, en general, la agresión interespecífica“, relata.

Al regresar a Venezuela, prosigue, Miguel Laufer, quien se había graduado de médico junto conmigo y ya había comenzado su carrera en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), me ofreció un cargo en su departamento.

“Miguel me ayudó mucho a iniciar mis investigaciones en el IVIC, hasta que adquirí “altura de crucero”.  Allí he desarrollado mi carrera profesional en tres etapas diferentes”.

De igual modo, relata qué han significado estas tres etapas desde su ingreso al IVIC:

“En la primera etapa me dediqué a la investigación de los circuitos neuronales del sistema visual de los vertebrados.

En una segunda etapa estuve muy activo en gerencia en ciencia y tecnología.

En la tercera etapa me dediqué a investigar los mecanismos del dolor y la analgesia.

Al IVIC ingresé en 1969, en una época en que los nuevos conceptos en neurobiología sugerían que, si se averigua cómo funciona el sistema nervioso en organismos relativamente sencillos, como el calamar, la Aplysia, los peces… se puede con cierta ventaja dilucidar su funcionamiento en animales más complejos, como los mamíferos.

De hecho, este es el enfoque utilizado por varios ganadores del Premio Nobel, como Hodgkin, Huxley, Hartline, Kandel… Me dediqué entonces a investigar el sistema visual de los peces y los mamíferos mediante registros con microelectrodos y técnicas de microscopía de luz y electrónica.

El objetivo general de mi enfoque fue dilucidar cómo están conectadas las diversas estructuras que constituyen el sistema visual, y cuáles son las interacciones funcionales dentro de cada una de ellas así como entre todas las estructuras relacionadas.

Abrí una línea de investigación, hasta entonces desconocida en Venezuela, con el estudio del techo óptico (optic tectum), que es el centro visual primario en el cerebro de los peces.

Estas investigaciones resultaron muy fructíferas y atrajeron colaboración internacional, particularmente con Sven Ebbesson (Universidad de Virginia, EEUU) y Hironobu Ito (Universidad de Osaka, Japón) en techo óptico de peces, y con Horstmar Holländer (Instituto Max Planck, Alemania) en corteza visual de mamíferos. Horstmar fue mi anfitrión científico durante un año sabático en Munich, bajo los auspicios de la Fundación Alexander-von-Humboldt de Alemania.

Publiqué muchísimos trabajos y capítulos en libros, y dirigí para Plenum Press (New York) la edición de un libro de 20 capítulos (Comparative Neurology of the Optic Tectum).

Así me convertí en uno de los neurobiólogos venezolanos con más alto impacto bibliográfico y con mayor número de citas a mis publicaciones, y a los 41 años de edad ascendí a Investigador Titular del IVIC”.

Sus trabajos fueron incorporados a libros de texto, y son todavía citados, 50 años después de su publicación.

El libro Comparative Neurology of the Optic Tectum, por ejemplo, sigue siendo una fuente obligada de consulta (Amazon.com vende todavía ejemplares reciclados, así como un nuevo tiraje por Springer Verlag, con un rating de 4,5/5 estrellas).

Una nueva carrera

Sin embargo, motivado por un deseo de regresar al campo médico, en 1982 cambia completamente de área: Sus investigaciones se orientaron hacia los mecanismos neurofisiológicos y farmacológicos del dolor y la analgesia en los mamíferos, y comenzó una nueva carrera.

De esta etapa, comenta varios hallazgos:

“Los circuitos del sistema nervioso central (SNC) encargados del dolor (sistema nociceptivo), que detectan y evalúan el daño que está sufriendo algún tejido del cuerpo y en consecuencia sustentan la sensación de dolor, varían su sensibilidad ante los diversos eventos de la vida diaria y ante situaciones patológicas.

De allí que la sensibilidad al dolor no sea constante sino que varíe según circunstancias tanto internas como externas.

Estas variaciones dependen del funcionamiento de estructuras y conexiones neuronales específicas dentro del cerebro, conocidas con el nombre de “sistema descendente de control del dolor.

Me inicié en esta nueva área de trabajo durante un año sabático en el laboratorio de Howard Fields (Universidad de California en San Francisco, EEUU), con quien publiqué varios trabajos inclusive uno en la muy prestigiosa revista Nature.

Desde entonces mis estudios han contribuido a establecer que los fármacos analgésicos disminuyen el dolor, entre otras razones, porque activan grupos de neuronas inhibitorias que forman parte del sistema descendente de control.

La caracterización de estos grupos neuronales, sus interconexiones, su manera de funcionar, y la explicación del efecto central de los analgésicos, fue el nuevo aporte que hice a las neurociencias“.

Sin embargo, desde 1984 hasta 1992 estuvo intensamente comprometido en gerencia de ciencia y tecnología tanto en sus obligaciones como director-presidente del IVIC como en el directorio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicit), y su producción científica fue escasa.

En 1993, señala, regresé al laboratorio, y en el curso de varios años fui desarrollando un grupo de estudiantes, postdoctorantes y técnicos integrado por Víctor Tortorici, Antonio Eblen-Zajjur, Enrique Vásquez, Norma Hernández… y me dediqué con nuevo ahínco al estudio de los circuitos neuronales encargados de regular la transmisión de impulsos dolorosos en el SNC.

Estudios de dolor

Gracias a una invitación de la Fundación Humboldt, reanudó sus contactos con Alemania y en 1995 abrió una colaboración con el grupo de Robert Schmidt y Hans-Georg Schaible, primero en Würzburg y luego en Jena, sobre el dolor producido por daño persistente en los tejidos periféricos.

Al documentar esta investigación, detalla:

“El dolor por daño persistente es precisamente el tipo de dolor más importante en medicina clínica. Es decir, si bien se realizaron y se siguen realizando hallazgos valiosos con modelos experimentales de dolor agudo (por ejemplo, calor intenso, presión fuerte…), los recientes modelos de dolor crónico (por ejemplo, inflamación) se asemejan mucho más a la situación en que se encuentra la mayoría de los pacientes que consultan por dolor“.

De esta manera ha contribuido a dilucidar varios de los mecanismos que hacen que las neuronas nociceptivas de la médula espinal se vuelvan hiperexcitables cuando hay inflamación de un tejido periférico, lo cual exagera el dolor y amplía la zona dolorosa hasta englobar regiones no inflamadas.

Nuestros hallazgos sobre la acción de los analgésicos no-opiáceos en el sistema descendente de control, afirmó, se relacionan estrechamente con estas investigaciones en la médula espinal.

“En estas se demuestra que los analgésicos no-opiáceos ejercen un efecto beneficioso directo sobre la médula sólo al comienzo de la inflamación.

Nuestras investigaciones en el IVIC indican, sin embargo, que la acción antinociceptiva de los analgésicos no-opiáceos (aspirina, dipirona…) sobre el sistema descendente de control se ejerce en forma plena durante todo el curso de la inflamación”.

Es decir, puntualiza, descubrimos que la contribución central más importante de los analgésicos no-opiáceos a la analgesia durante la inflamación es su efecto sobre el sistema descendente de control, y esta se debe a una interacción con los opioides endógenos y los canabinoides endógenos.

“También hemos descubierto que, lamentablemente, los analgésicos no-opiáceos pueden generar, al igual que los opiáceos y los canabinoides, tolerancia y riesgo de un síndrome de abstinencia”.

Larga carrera docente

Paralelamente a sus tareas como investigador ha tenido una actividad docente considerable que detalla en este diálogo:

“Comencé oficialmente en 1960, cuando era estudiante en la Universidad Central de Venezuela, como el primer Preparador por concurso de Prácticas de Laboratorio en la cátedra de Fisiopatología, del Dr. Francisco De Venanzi.

De 1969 hasta 1975 me desempeñé como profesor a tiempo convencional (semanalmente 4 horas) de Fisiología Animal en el Instituto Pedagógico de Caracas (hoy Universidad Pedagógica Libertador), y desde 1978 me desempeñé como profesor a tiempo convencional (semanalmente 6 horas) de Fisiología Humana en la Facultad de Medicina de la Universidad Central.

Desde 1974 fui además profesor del Curso de Postgrado en Ciencias Fisiológicas de la Facultad de Medicina, y he sido profesor del Curso de Postgrado de Farmacología de la Facultad de Farmacia, en la Universidad Central.

Simultáneamente, desde 1974, he dictado en promedio un curso cada semestre (excepto los años sabáticos) en el postgrado de Fisiología y Biofísica del IVIC.

También he sido profesor en la Universidad Internacional de Sevilla y en la Universidad Pablo de Olavide, también en Sevilla, y en numerosos cursos cortos de postgrado tanto venezolanos como internacionales.

He sido tutor de trabajos de ascenso, tesis de maestría y tesis de doctorado”.

Otras actividades

En medio de todas mis actividades de investigación y enseñanza, destaca, he prestado múltiples servicios al IVIC, a organizaciones científicas y culturales nacionales, y a instituciones internacionales.

“En el IVIC fui por muchos años jefe del Laboratorio de Neurofisiología, ubicado en el Centro de Biofísica y Bioquímica. De 1984 a 1986, Jefe de dicho Centro, y de 1986 a 1988, subdirector del IVIC.

Casi simultáneamente, fui director del Centro Latinoamericano de Ciencias Biológicas (organismo de la Unesco ubicado en el IVIC).

Mi cargo más importante de esta época fue indudablemente el de director-presidente del IVIC (1988-1992).

Simultáneamente me desempeñé como miembro principal (por elección) del Directorio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicit, hasta 1994), vicepresidente (por elección) del Comité Ejecutivo del Consejo Superior de la Universidad Iberoamericana de Postgrado (Salamanca, hasta 1993) y gobernador fundador por Venezuela del International Centre for Genetic Engineering and Biotechnology (ICGEB, Trieste, hasta 1996)”.

Por la comunidad

Además, ha prestado servicios a la comunidad cultural y científica tanto nacional como internacional, vocación que le llegó desde su juventud:

“Siempre me había gustado trabajar en beneficio de mi comunidad. En el Liceo Aplicación era el presidente del Centro Musical.

Como estudiante universitario siempre fui el delegado de Curso, y además fui delegado estudiantil ante el Consejo de Facultad y vicepresidente del Centro de Estudiantes de Medicina. Simultáneamente hacía guardias como interno voluntario en el hospital de la Cruz Roja y era el profesor de Biología de la Escuela de Enfermeras”, detalla.

Durante siete años fue miembro de la Junta Directiva, y dos veces presidente de la Asociación Cultural Humboldt, dedicada al fomento de la cultura de Venezuela y de Alemania.

Espíritu gremial

Otros méritos importantes fueron su papel de co redactor de los estatutos y miembro de la primera Junta Directiva de la Sociedad Venezolana de Ciencias Fisiológicas, así como redactor de los estatutos y presidente fundador de la Asociación Venezolana para el Estudio del Dolor (capítulo nacional de la International Association for the study of pain, IASP, que es la máxima asociación mundial en Ciencia y Medicina en el campo del dolor).

En la IASP ha sido miembro del Committee on Membership y del Committee on Nominations (además del Committee on Research).

Es el único venezolano (y segundo latinoamericano) declarado Honorary Member de la IASP.

Fue durante seis años representante del IVIC ante la Comisión Nacional de Cooperación con la Unesco, Ministerio de Relaciones Exteriores.

En el Conicit se desempeñó como miembro de la Comisión Técnica de Medicina Básica y de la Comisión de Formación de Recursos Humanos.

De 2002 a 2004, fue coordinador de la Comisión de Ciencias Biológicas y Ciencias de la Salud de la Fundación Venezolana de Promoción del Investigador (PPI).

También fue representante por Venezuela en la Reunión de Altas Autoridades en Ciencia y Tecnología organizada por la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi, Montevideo) y miembro de la Delegación Venezolana que negoció en Bonn la renovación del Convenio Básico de Cooperación Cultural entre Venezuela y Alemania.

Otros cargos que se suman a su larga trayectoria:

Delegado regional (por Venezuela) de la Sociedad Latinoamericana de Psicobiología, coordinador de la Comisión Nacional de la Red Latinoamericana de Ciencias Biológicas (Relab) de la Unesco, representante por Venezuela en el Comité Regional de la South American Brain Research Organization (SABRO) de la International Brain Research Organization (IBRO), secretario y luego presidente del Comité Nacional para las Becas Fogarty de los National Institutes of Health (EEUU) y presidente del Comité Nacional para el Latin American Fellows Program de la Pew Foundation (EEUU).

También fue miembro del Latin American Regional Committee de la IBRO.

Reconocimientos

Su dedicación a labores de promoción y de servicio a la educación, la ciencia y la cultura ha sido reconocida con muchas condecoraciones.

Las más importantes de Venezuela: Orden Francisco de Miranda (corbata, 1985; banda de honor, 1991), Orden Andrés Bello (medalla, 1986; corbata, 1987; banda de honor, 1989), Orden del Libertador (grado de Comendador, 1998).

Y además la Orden Gabriela Mistral (grado de Comendador, 1991), que es el máximo galardón de la República de Chile para humanidades, ciencia y educación”.

El 30 de julio de 2020 será juramentado como Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina.

Históricamente ha sido uno de los pocos neurocientíficos “sistémicos” de Venezuela.

La mayoría de sus colegas neurocientíficos en el país han trabajado en tejidos aislados (nervio, retina, músculo…), lo cual permite un análisis cuantitativo de fenómenos funcionales específicos.

Sin embargo, él ha preferido estudiar sistemas o circuitos en el animal entero, porque le interesa comprender cómo funciona el ser vivo en su integridad.

“Solo de esta manera es posible conocer las relaciones de la retina con los centros visuales del cerebro, o la manera como los analgésicos, al actuar sobre el cerebro, atenúan la transmisión de mensajes dolorosos que llegan al cerebro desde la médula espinal“, detalla.

En 2001 fue galardonado con el Premio Humboldt de Investigación, conferido por Alemania “to foreign scholars who have attained international eminence“.  Es el primer y único venezolano que recibe esta distinción.

En 2005 fue designado Associate Editor de la revista PAIN, que es la más importante revista científica mundial en el campo del dolor y la analgesia.

De nuevo, es el primer y único venezolano en ser distinguido con esta tarea.

Al comienzo de su carrera en el campo del dolor y la analgesia publicó un trabajo en la altamente prestigiosa revista Nature.

Ahora, ya jubilado y al final de su carrera, en 2009 publicó uno en la igualmente prestigiosa revista Science, un verdadero happy ending.

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