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Claudio Monteza, investigador posdoctoral del STRI, INDICASAT y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, pronto se pondrá al frente del proyecto de monitoreo a largo plazo de mamíferos en BCI. Crédito: Ana Endara
Claudio Monteza continuará un legado científico que espera llegar al centenario con el acompañamiento del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI)

Comunicado del STRI Panamá

Glitter era un ocelote hembra que vivía en Isla Barro Colorado con su cría de tres meses, Globug, cuando fueron fotografiadas por primera vez por una cámara trampa en el 2017. Tres meses después, Globug y su madre fueron fotografiadas de nuevo.

Para entonces, la cría había crecido considerablemente. Esta valiosa información es solo un ejemplo de los datos recopilados durante los 44 años de un proyecto de monitoreo a largo plazo de mamíferos que pronto será dirigido por Claudio Monteza, investigador posdoctoral del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología (INDICASAT) de Panamá y del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal.

El proyecto fue creado en 1982 por Jacalyn Giacalone junto a Gregory Willis, su marido y compañero de investigación. Giacalone llegó a Barro Colorado para estudiar las ardillas de cola roja a finales de la década de 1970.

Allí conoció a William E. Glanz, un becario posdoctoral del STRI que también estudiaba mamíferos en la isla y que en 1978 comenzó a utilizar la metodología de transectos de senderos para monitorear mamíferos.

Su trabajo inspiró a Giacalone a ampliar sus observaciones para incluir otros mamíferos y a continuar con su proyecto de monitoreo a largo plazo de mamíferos.

Glitter era un ocelote hembra que vivía en Isla Barro Colorado (BCI) con su cría de tres meses, Globug. Fueron fotografiadas por primera vez por una cámara trampa en el 2017, gracias al proyecto de monitoreo a largo plazo de mamíferos establecido en la isla en 1982. Tres meses después, esta madre y su cría fueron fotografiadas de nuevo. Crédito: Claudio Monteza

El primer censo realizado por Giacalone y Willis consistió en registrar visualmente los mamíferos a lo largo de 100 km de transectos de senderos.

Repitieron este censo una vez al año durante la estación seca y utilizaron los datos para crear una lista de animales de la isla y registrar la abundancia y la actividad de las especies.

Aunque los censos se realizaban tanto de día como de noche, Giacalone y Willis observaron que los ocelotes y otras especies nocturnas no estaban bien representados en los datos. Esto motivó a Willis a complementar su monitoreo visual con la instalación de un sistema de cámaras trampa que puso en marcha en 1994.

Los ocelotes son depredadores importantes en los ecosistemas neotropicales, pero son muy esquivos y difíciles de estudiar. Dado que Barro Colorado ha sido una estación de investigación del STRI durante más de 100 años, ofrece un entorno ideal para el monitoreo de los ocelotes y otros mamíferos en un entorno libre de caza, y rápidamente los investigadores obtuvieron su primera fotografía en blanco y negro, en película, de una hembra de ocelote, a la que llamaron Oreja porque tenía una oreja rasgada.

Se dieron cuenta de que Oreja también tenía un patrón de manchas particular que les permitía identificarla individualmente a ella y a otros ocelotes.

Más tarde crearon el “Cat-A-Log” (Gatá-Logo) para identificar a los ocelotes individualmente y sus relaciones, y especialmente para rastrear las generaciones de madres y crías, ya que solían aparecer juntas en las fotos.

Giacalone identifica a los ocelotes individualmente gracias a sus extraordinarias habilidades de reconocimiento, una tarea que la IA no ha logrado realizar correctamente hasta ahora, pero el proyecto está trabajando en su entrenamiento para su uso futuro. 

Barro Colorado, laboratorio a cielo abierto

Barro Colorado no solo es uno de los bosques tropicales más estudiados del mundo y sede de muchos otros proyectos de monitoreo a largo plazo —como los censos de polen, artrópodos y árboles en la parcela de dinámica forestal de 50 hectáreas, que forma parte de la iniciativa de la Red de Observatorios Globales de Bosques del Smithsonian (ForestGEO)—, sino que este proyecto de cámaras trampa es el primero de este tipo que se ha mantenido a largo plazo.

Desde entonces, se ha replicado por muchos otros y se ha convertido en una técnica estándar utilizada en numerosos lugares más allá de este espacio.

Además, el uso de cámaras trampa abrió la posibilidad de estudiar el ciclo vital, los territorios y las interacciones de muchas especies de mamíferos.

A medida que la tecnología avanzaba, el proyecto evolucionó con ella, pasando de las cámaras analógicas de película y cinta a las cámaras fotográficas y videocámaras digitales en el 2002.

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En el 2008, las cámaras trampa digitales con imágenes infrarrojas y baterías de larga duración permitieron crear una red de 24 cámaras de rastreo que grababan casi las 24 horas del día durante todo el año.

Desde su creación en 1982, se han realizado censos de mamíferos cada año, excepto en 2021, cuando la pandemia de COVID-19 impidió a Giacalone y Willis viajar a Panamá.

En aquel entonces, Monteza se ofreció a ayudar con el mantenimiento de las cámaras sobre el terreno, ya que había colaborado en la gestión de datos desde los primeros años.

Durante la pandemia, Monteza también dedicó muchos días a digitalizar imágenes analógicas de los años 90 y principios de la década del 2000.

Tras 44 años de monitoreo casi ininterrumpido, Giacalone y Willis, quienes también crearon el primer programa de educación científica a distancia en STRI para compartir su proyecto con estudiantes de Nueva Jersey y Panamá, decidieron que era hora de que Monteza comenzara a asumir el liderazgo del proyecto. Será un proceso gradual, en el que Giacalone y Willis pasarán la antorcha, pero seguirán formando parte del proyecto.

De izq. a der.: Pedro Castillo, Yeritza Cabrera, Lester Rodríguez y Claudio Monteza son jóvenes científicos que estudian mamíferos en BCI
Crédito: Ana Endara

El año 2026 fue el primero en el que Monteza llevó a cabo el monitoreo visual por su cuenta. “Durante mi primer día, vi a un tamandúa del norte utilizando lianas para desplazarse de un árbol a otro. Me pareció mágico, sobre todo porque estoy trabajando en una propuesta para estudiar cómo los mamíferos utilizan las lianas como vías de desplazamiento”.

Monteza tiene previsto continuar con el proyecto hasta que se jubile, momento en el que otro investigador podrá ocupar su lugar, con el objetivo final de completar 100 años de monitoreo de mamíferos en Barro Colorado.

El proyecto proporcionó información fundamental sobre las 47 especies de mamíferos no voladores que viven o han visitado la isla, entre los que se incluyen monos, perezosos, osos hormigueros, armadillos, zarigüeyas, roedores, kinkajúes, felinos y muchos más.

Además, el sistema de cámaras trampa reveló la presencia de jaguares y pumas en la isla en el 2009, que probablemente permanecieron allí durante varios meses y luego nadaron hasta otras zonas adyacentes.

Los ocelotes inspiraron a Greg Willis a complementar el programa de monitoreo visual establecido en 1982 con un sistema de cámaras trampa que implementó en 1994. Hoy en día, el sistema se ha actualizado con cámaras de mayor tecnología que registran la vida silvestre casi las 24 horas del día, los 7 días de la semana
Crédito: Claudio Monteza

Otros avistamientos poco comunes han sido los de monos nocturnos panameños en 1980 y el 2003, manatíes en el 2018, un coyote en el 2023 y nutrias de río neotropicales en varias ocasiones, entre otros.

El proyecto va más allá del simple registro de la abundancia de mamíferos en Barro Colorado.

Proporciona información clave sobre las funciones ecológicas de las diferentes especies de mamíferos como dispersores de semillas, depredadores y herbívoros, así como sobre los efectos de la variabilidad en la fructificación anual sobre las poblaciones de mamíferos.

El proyecto ha generado conocimientos sobre la ecología del ocelote, incluyendo su longevidad, reproducción, dieta, depredación, interacciones sociales, áreas de distribución, población, uso de las letrinas para la comunicación —lo que a Giacalone le gusta llamar “pipi-mail”— y mucho más.

En la actualidad, el estudio del monitoreo de mamíferos se ha ampliado para incluir cámaras trampa en el dosel forestal, lo que permite a los investigadores explorar la conexión entre el suelo del bosque y las copas de los árboles.

Este trabajo lo están llevando a cabo el STRI y Lester Rodríguez, investigador del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, en colaboración con Claudio Monteza.

La continuidad de este proyecto de monitoreo a largo plazo de los mamíferos es fundamental para estimar las densidades de población y la dinámica de las comunidades en un hábitat natural protegido, lo cual resulta esencial para elaborar estrategias eficaces de conservación y gestión de las especies amenazadas, tanto en Isla Barro Colorado como fuera de ella.

Con más de cuatro décadas de datos continuos y una nueva generación de investigadores que llevan adelante el trabajo, el proyecto de monitoreo a largo plazo de los mamíferos en Barro Colorado destaca como un legado científico único, que podría alcanzar su centenario en el 2082 y seguirá contribuyendo a la ciencia de la conservación tropical.

Comunicado del STRI Panamá