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Una persona que entiende su diagnóstico y sus opciones de tratamiento es una persona con capacidad real de decisión

Por: Arancha Caballero

La autora es lingüista experta en traducción y comunicación multilingüe. Es profesora del Grado de Traducción e Interpretación de la Universidad Europea de Madrid. Participa activamente en el comité técnico “Lenguaje claro” de la Asociación Española de Normalización (UNE). Fundadora de la organización Nuadda Translations, integrada en la Red Panhispánica de Lenguaje Claro y Accesible. Es miembro de la Asociación Española de Mujeres Empresarias (ASEME).

La Federación Europea del Dolor (EFIC por sus siglas en inglés) estima que una baja alfabetización en salud (AS) puede representar entre el 3% y el 5% de los costes totales del cuidado de la salud a nivel del sistema sanitario. Además, las consecuencias económicas de una AS limitada son significativas: errores médicos, empeoramiento de la enfermedad y discapacidad, pérdida de salarios y una salud pública comprometida.

En el entorno sanitario, la comunicación suele ser el «paciente invisible». A menudo, profesionales y pacientes cohabitan en un mismo espacio físico pero en universos lingüísticos distintos. Para que la atención sea verdaderamente segura y eficaz, necesitamos que el lenguaje claro sea el código común que nos conecte a todos.

Un compromiso compartido entre profesionales y pacientes

La necesidad de aplicar el lenguaje claro no es unidireccional: abarca todo el ámbito de la salud.

  • Para los profesionales: no se trata de simplificar el conocimiento, sino de hacerlo accesible para garantizar que las instrucciones pre o postoperatorias o las pautas farmacológicas se sigan sin errores que pongan en riesgo la vida. A menudo, el paciente debe interpretar datos y evaluar riesgos complejos que afectan a su salud.
  • Para los pacientes: es la herramienta que les permite pasar de ser receptores pasivos a agentes activos de su propio bienestar, eliminando las barreras de confusión y miedo que genera la terminología médica compleja. Además, la comunicación que recibe un paciente o sus familiares se produce en contextos de alta carga emocional. En estos casos, el foco de atención es el miedo, dolor o confusión. Intentar enviar más de un mensaje en este caso es improductivo.
  • Para la comunidad: el lenguaje claro es el motor de la salud pública comunitaria; permite que los mensajes de prevención lleguen a todas las personas de forma inclusiva y transparente.

Mejorar la autonomía para una atención más segura

Cuando la comunicación pone al paciente en primer lugar, considerando lo que necesita saber y el contexto de estrés en el que se encuentra, ocurre una transformación:

  1. Se fortalece la autonomía: una persona que entiende su diagnóstico y sus opciones de tratamiento es una persona con capacidad real de decisión. Se produce el comportamiento que esperamos del paciente para proteger su salud.
  2. Se erradica el paternalismo: dejamos atrás la época en que las autoridades decidían «por el bien del paciente» sin contar con él, para pasar a un modelo de respeto por la autonomía individual y colectiva. En especial las personas mayores reclaman que no se les trate como poco capaces (edadismo comunicativo).
  3. Se garantiza la eficacia: la información orientada a la acción reduce los malentendidos y mejora drásticamente los resultados de la prevención sanitaria.

La claridad como estándar de calidad

Adoptar el estándar ISO 24495-1 en nuestras comunicaciones sanitarias es un paso estratégico para mejorar la alfabetización en salud. Esto implica identificar al lector, empatizar con su situación y diseñar contenidos que sean relevantes, fáciles de encontrar, comprender y usar.

Vemos que el lenguaje claro es la pieza que falta para que el sistema sanitario sea verdaderamente humano. Si logramos que la información sea comprensible para todos, no solo estaremos comunicando mejor, estaremos construyendo una sociedad más sana, más libre y, sobre todo, más segura.

¿Nuestros documentos aseguran que la autonomía del paciente es el centro de nuestra comunicación?

Por: Arancha Caballero