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Papel Literario: En memoria de las víctimas del Holocausto y la obra de Rafael López Pedraza

Amigos lectores:

El primero de tres volúmenes dedicados a la Obra reunida de Rafael López Pedraza (1920-2011) ha sido puesto en circulación, en España, por la editorial Pre-Textos.

Un comité constituido por Axel Capriles MéndezLuis E. Galdona y Margarita Méndez Prado ha hecho posible esta primera entrega, que reúne tres libros: Hermes y sus hijos (1977, originalmente publicado en inglés), Ansiedad cultural (1987) y Dionisos en exilio (2000).

Apenas he leído a López Pedraza, pero muchas veces me he preguntado qué explica su amplia y recurrente presencia en el universo literario venezolano.

Ha sido y es una referencia, una influencia. Seguramente este volumen y los que vendrán guarden respuestas a esta cuestión.

El dossier que ocupa las primeras cinco páginas de esta edición fue coordinado por Capriles Méndez.

Son pedagógicas y reveladoras aproximaciones al hombre y  su pensamiento. En Las posibilidades de la imagen, escribe el propio Capriles Méndez: “Y es que Rafael López-Pedraza fue, ante todo, un hombre de expresión oral, intuitivo, espontáneo, en el que la escritura llegaba a posteriori, como reflejo lento.

Para los que lo conocimos, López, el psicoterapeuta, permanece en la memoria como una presencia corpórea que con una frase inesperada podía desarmar todo el acomodo colectivo y tocar honduras personales. Lo suyo era lo individual. Su obra escrita, no obstante, fue significativa”.

Carolina Chirinos publica Lectura de la imagen desde la psicología arquetipal: “Cuando López-Pedraza enmarca la imagen dentro del misterio ya nos está diciendo que la imagen es algo muy difícil de entender, de conocer desde el intelecto.

Es algo extraña e inexplicable por lo oculta que está, por ser algo recóndito, secreto o reservado.

Ello insinúa que detrás del sentido objetivo y visible de la imagen, se oculta otro sentido invisible y más profundo.

La imagen, concebida desde el misterio, nos habla de su función simbólica, entendiendo como símbolo aquellos acontecimientos psíquicos inconscientes, espontáneos y naturales que expresan un significado desconocido”.

En El cuerpo psíquico de Rafael López-PedrazaEduardo Carvallo escribe: “Para mí, Rafael tenía dos poderosos focos que sostenían la conexión con los otros. Uno lo manejaba con cierta racionalidad: su mirada.

Era una mirada profunda, inteligente, presente, que sabía sostenerla impúdicamente, sin prisa ni ansiedad. El otro foco era su cuerpo, que ejercía una potente fuerza gravitatoria que era fácilmente percibida”.

Por último, Pablo Raydán dice en Sobre Psicoterapia: Para él los límites de la psicoterapia no empezaba ni terminaba dentro del espacio de la consulta, sino que abarcaba la experiencia toda.

Eso lo constataba en cada visita y cuando compartíamos una buena comida con él, en un fin de semana en la playa, en el momento de los vinos después de una conferencia y cuando visitamos el museo británico de su mano para ver vasijas griegas con dioses animados por su relato o sus pintores favoritos.

También, por supuesto, en el consultorio, cuando hablábamos de las imágenes de un sueño o simplemente lo veía contar sus monedas, un gesto que hacía para darme una lección sobre el complejo del dinero casi sin darme cuenta; mientras hablaba, desde la sala de su apartamento por teléfono, sobre la importancia de la soledad de su existencia mientras yo lo esperaba en la soledad de mi consultorio”.

Los tres materiales que siguen, páginas 6 a la 9, constituyen un segundo dossier: nuestra contribución de cada año al ineludible Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto -establecido por la ONU en noviembre de 2005-.

El primero, un ensayo del filósofo, economista y jurista Friedrich Hayek (1899-1992), Premio Nobel de Economía en 1974.

Se detiene en los primeros años con Hitler en el poder: Nazi-Socialismo. Primavera de 1933: “para cualquier observador de las tendencias literarias que hicieron que la intelligentsia alemana estuviese dispuesta a unirse a las filas del nuevo partido, debe ser evidente que la característica común de los escritores políticamente influyentes –en muchos casos libres de cualquier afiliación clara a un partido– fue su tendencia antiliberal y anticapitalista”.

Sigue una recensión que escribí sobre Los orígenes del genocidio nazi. De la eutanasia a la Solución Final, el documentado estudio del sobreviviente del Holocausto, Henry Friedlander (1930-2012), que finalmente fue traducido al español en el 2021.

Digo: “Interesa poner el foco en Mengele, porque su historia –la del activo profesional que decidía quiénes irían a las cámaras de gas y quiénes serían esclavizados, mientras silbaba canciones del folklore alemán; la del psicópata que sometía a los recluidos a experimentos de dolor incalculable; del extravagante que coleccionaba pares de ojos que recogía de los cadáveres; que mantenía vivos a niños, a los que regalaba caramelos que llevaba en su bolsillo, para luego quitarles la vida y descuartizarlos; el psicópata que inyectaba cloroformo en el corazón de judíos para observar cómo morían; el presuntuoso que enviaba órganos a sus colegas para que pudiesen avanzar en sus respectivas investigaciones– es reveladora de la atmósfera moral prevaleciente, de las complicidades con las políticas del hitlerismo, de que hicieron del ejercicio profesional de la medicina y de la investigación científica, un subproducto indisociable del exterminio”.

Cierra este segundo dossier con un ensayo del filósofo, dramaturgo y novelista Samuel Rotter Bechar -quien, por cierto, junto a Carolina Perelman, crearon una obra de teatro, Un recuerdo después del Holocausto, basada en la historia de los abuelos de Rotter, y que está en cartelera en Madrid, por estos días-.

Su texto está dedicado a Kaddish por el hijo no nacido, la singular narración en forma de monólogo de Imre Kertész (1929-2016), Premio Nobel de Literatura 2002:

“En su libro, Kertész revela al mundo sus propios pensamientos y estados mentales por haber sobrevivido a Auschwitz, con la misión de dejar constatada la magnitud de su herida, y de qué manera sus experiencias le han robado la posibilidad de un futuro.

De ahí el título de la obra. Kaddish, que significa “santificación” en hebreo, es el nombre de la plegaria que se recita por los muertos dentro de la religión judía.

Tradicionalmente, el doliente debe pronunciarla por un mes o un año (dependiendo de la relación con el difunto) tras la muerte de su ser querido y posteriormente para conmemorar un nuevo aniversario. En el caso de Kertész, el título alude al hijo o hija que le fue negado, debido a lo que él describe como “su enfermedad de la conciencia”.  

La página 10 trae, en la parte superior, uno de los breves y deliciosos textos que Rodolfo Izaguirre viene produciendo en los últimos tiempos. Este se titula El aire que respiramos: “Lo que realmente importa es saber que las palabras se disuelven en el tiempo y estallan en memorias que conmueven o dejan indiferente al lector que las atrapa al vuelo. Lo atractivo de la aventura de escribir y luego de leer es que nuestro espíritu se anima, se regocija, se aturde o se entristece al establecer contacto con el texto que se le ofrece”.

En la parte inferior, mi columna Récipe para golosos, se ocupa en reseñar la estupenda antología Martí en su universo. Edición conmemorativa (Real Academia de España -RAE- y Asociación de Academias de la Lengua Española -ASALE), recién publicada en España.

En mi criterio, inobjetable: cumple su propósito con creces, el ofrecernos una perspectiva múltiple y compleja de José Martí (1853-1895) y su obra. Digo: “tiene algo de prodigio: no cedió nunca. La riqueza de su lengua, la elocuencia de su prosa, la sensitiva intensidad con que se relacionaba con cuanto le rodeaba, abruman por su energía y limpia precisión”.

¿Qué hay en Martí -en sus crónicas, por ejemplo- que nos concierne? Una relación orgánica e intensa con las cosas que le rodeaban, especialmente en su prosa. Martí parece decirnos: todo a nuestro alrededor está allí para ser tocado, visto, escuchado, experimentado. Es la pregunta que pone ante nuestros ojos. Y con ella me despido hasta la próxima semana.

Nelson Rivera, director del Papel Literario del diario El Nacional

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