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Este 11 de mayo el pintor nacido en Baragua se ha despedido de estos lares terrenales. Deja el portento de una obra artística de proyección internacional

Por: Freddy Torrealba Z. /EL IMPULSO

Ver enlace original:https://www.elimpulso.com/2022/05/11/rostro-y-paisaje-de-edgar-sanchez-11may/

La trayectoria artística de Edgar Sánchez (Baragua, Lara, 28-9-1940 – Caracas, 11-5-2022) ha discurrido entre el arte figurativo y el abstraccionismo en una persistente búsqueda de la excelencia plástica. Para lograrlo cursa estudios en la escuela de Artes Plásticas Martín Tovar y Tovar,  arquitectura en la UCV y el Printmarking Workshop de Nueva York. 

Desde sus comienzos el tema de la figura humana ha sido una constante en su obra para experimentar cambios y avances en el planteamiento y desarrollo de su narrativa plástica. Esos propósitos los materializa con el empleo de imágenes  y la variedad de colores del  círculo cromático.

La crítica especializada ha señalado que uno de sus méritos en los años 70, es no haber  cedido a la tentación del cinetismo y el geometrismo para insistir en la propuesta de su discurso plástico. Ello a partir  de la meditación  en torno al drama que afecta  al hombre tanto en los parajes provincianos  como universales.

La decantación 

De aquella etapa  inicial queda el testimonio de las imágenes híbridas y casi monstruosas que sacuden al espectador en torno a la existencia del hombre con sus inevitables conflictos y obsesiones, entre estos los de la soledad y la alienación. Para transmitirlo Sánchez recurrió a los colores oscuros y el rojizo con muy poca luz en unos espacios brumosos con acentuación por detalles como unos labios con fisura. Con el paso del tiempo esa preocupación  por el rostro humano se ha depurado para lograr unos menos dramáticos  con la búsqueda del detalle de cada órgano y la vestimenta.

De esa forma Edgar Sánchez ha hecho una importante contribución a la pintura nacional por su persistencia en la figura humana con la presencia de un realismo y una carga de expresionismo al estilo norteamericano que seguramente  asimiló durante su estadía en EEUU.

Una obra de arte conjunta diversas facetas de las cuales una o más la definen. En la Gioconda de Leonardo Da Vinci tenemos el rasgo de la sonrisa que quizá determina el cuadro. Por ello es imposible ser indiferente ante una obra de Sánchez por el poder visual de los principios del color y el dibujo manifiesto en esa capacidad para plasmar retratos de rostros.Ese hecho le otorga a sus obras una evidente coherencia, signo de una consciente evolución sin mermas que puedan desmeritar lo creado a lo largo de su fructífera trayectoria artística. Unos rostros trabajados en gran formato tipo mural. La permanencia en el arte figurativo la ha acometido con una indiscutible creatividad dado el pertinente valor de cada una de sus piezas.

Las sensaciones 

Es un inventor de atmósferas que emprende a conciencia para así comunicar con acierto el mensaje de sus creaciones. Eso desde luego lo hace con la metodología del hombre de ciencia, pues en esta era de la globalización artes como la pintura y escritura pasaron a tener ese carácter. De esa forma en algunas de sus producciones refleja un clima patético para incidir en los sentidos del espectador presente en la obra “Los Presagios. De Aguada Grande a Bobare”. Para lograrlo recurre a la transparencia, superposición de planos y magistral composición con lo cual activa la vista del observador que penetra en el contenido del cuadro. Esto más la fusión  y degradación de pocos colores entre algunos  los primarios amarillo y rojo sin rebuscados laberintos. Con ese procedimiento le da el toque deseado al cuadro para conectarse de inmediato con el público.

Retrato de mujer 

La obra que nos ocupa es “Rostro y Paisaje”, una especie de close up (íntimo) de una mujer con el poder de la comunicación por medio de la mirada. La misma raya en lo teatral por el efectismo y el delicado trabajo de la figura en la búsqueda de lo escultórico demostrativo de sus inmensos dotes de dibujante que le permiten resaltar unos ojos húmedos y negros, unos carnosos labios y luminosa nariz.

Mientras que la vestimenta es tratada con precisión reflejando elegancia e interés en ese estilo de vida en sociedad para lo cual se vale del azul y rosado. El turbante azul, que cubre su cabeza remarca lo refinado de quien lo usa cónsono con un aristocrático  estamento social. Esos usos y costumbres humanos desempeñan un papel estético en su  obra, ejemplo la pintura facial. Algo extensivo al conjunto de  la sociedad, algunos de cuyos integrantes suelen mostrarse pomposa y positivamente para alardear de fama, dinero y poder. 

El cuadro está concebido asimétricamente con un acentuado uso de los colores fríos como el blanco en el rostro y azul en la vestimenta. Mientras que el paisaje de fondo es tratado con el amarillo, beige, y anaranjado para plasmar una devastadora soledad, pese a la luminosidad de la cara que en cambio emite vida. Se trata de una obra simplificada pese a la vastedad del contexto general con la sugerencia de un trasfondo de serenidad, siendo poco el despliegue de colores, aunque resalta el empleo del azul. 

Los efectos  

Al fin y al cabo un paisaje no es otra cosa que la representación de la naturaleza y la luz según la hora del día. Así el creador lo puede expresar tal cual se presenta o bien asumirlo de manera subjetiva según los dictados de su mente para hacer expresionismo a diferencia del realismo. 

A nuestro entender Edgar Sánchez pareciera que quisiera dejarnos la imagen de un paisaje despojado de sus elementos a consecuencia de la inconsciencia del hombre que destruye todo lo que significa flora y fauna. Es el signo de la insensibilidad que capta y refleja el pintor dominado por una manifiesta inquietud social y política, aunque él ha dejado en claro que debe evitarse el sectarismo cuando el artista pisa los terrenos de esa actividad.

La obra en referencia fue donada por el consagrado pintor al Museo de Barquisimeto en 1999 con motivo de los 15 años de su fundación, donde se le puede apreciar. Las veces que la hemos contemplado rememoramos la novela El Túnel del argentino Ernesto Sábato, en la cual inexplicablemente el pintor Juan Pablo Castel asesina, pasto de una crisis de celos, a María Iribarne, la única persona que había entendido uno de sus cuadros. 

Rostro y Paisaje motiva la reflexión sobre las relaciones del hombre con el medio ambiente por medio de un efusivo humanismo, expresado con una especificidad cromática y el deseo de un mundo de mayor justicia como lo sostiene el cristianismo.

Este 11 de mayo el pintor nacido en Baragua se ha despedido de estos lares terrenales. Deja el portento de una obra artística de proyección internacional.

Freddy Torrealba Z.