¿Será posible recuperar la investigación científica en Venezuela?

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Los venezolanos hemos demostrado que somos capaces de hazañas, y podremos hacerlo en el futuro reflexionó el Dr. Horacio Vanegas Fischbach al dar respuesta a su pregunta, ¿será posible recuperar la investigación científica en Venezuela?, durante su discurso de incorporación como Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina de Venezuela para ocupar el Sillón XL.

Momento de la lectura del discurso de orden por parte del doctor Vanegas. Al fondo, parte de sus condecoraciones. De izquierda a derecha: Orden Gabriela Mistral (Chile), Orden Andrés Bello (Venezuela), Orden del Libertador (Venezuela) y Orden Francisco de Miranda (Venezuela)

Durante la ceremonia virtual, el Dr. Vanegas Fischbach compartió enseñanzas de valor que a continuación quedan reflejadas para las actuales y nuevas generaciones:

Discurso de Juramentación como Individuo de Número, Sillón XL Academia Nacional de Medicina

 Antes que todo, deseo expresar a la Academia Nacional de Medicina mi más profundo agradecimiento por haberme acogido en su seno. Particularmente, quisiera expresar mi agradecimiento a los colegas que  tuvieron la iniciativa de promover mi ingreso y mi progreso en esta  augusta Academia.  

En primer lugar, expreso mi inmenso y afectuoso agradecimiento a Leopoldo Briceño Iragorry, mi compañero de graduación de Médico Cirujano en 1962 después de muchas y extenuantes guardias juntos en el Hospital de la Cruz Roja.

Más nunca nos volvimos a ver, porque desde entonces yo me dediqué a las neurociencias experimentales y nunca volví a tocar a un paciente, pero, cuando en el año 2012 hacíamos planes para celebrar los 50 años de nuestra promoción, con toda precisión denominada Centenario Luis Razetti, Leopoldo propuso que, al igual que el discurso de nuestra graduación, pronunciara yo el discurso cincuentenario en la Sala de Conciertos de la Universidad Central.

Entonces, cuando salimos de la Sala de Conciertos me convenció de que asistiera a las sesiones de la Academia Nacional de Medicina, de la cual desde hacía 20 años yo estaba totalmente desligado.

Comencé a venir a las sesiones de la Academia, dicté algunas charlas, y en el año 2013, gracias a haber sido postulado por José Antonio Ravelo Celis y Miguel Zerpa Zafrané,  se me confirió el status de Invitado de Cortesía. En el 2014, Claudio Aoun Soulie y Julio Borges Iturriza tuvieron la bondad de proponer a la Academia mi incorporación como Miembro Correspondiente, por lo cual quiero darles las gracias más afectuosas. Seguí dictando charlas, y ahora Isis Nézer de Landaeta y Rafael Apitz Castro me postularon para ocupar el Sillón Cuadragésimo de Individuo de Número, un gesto que siempre recordaré con inmenso agradecimiento y todo afecto.

Doy además expresivas gracias a Rafael Apitz por haber asumido la tarea de examinar y sugerir mejoras a las láminas de mi charla y al manuscrito de mi trabajo de incorporación, y por haber elaborado y presentado el  respectivo y muy elogiado Juicio Crítico.  

Vayan también infinitas gracias a todos los colegas que en forma secreta me dieron su aprobación en las respectivas votaciones.

 Igualmente quiero expresar mi agradecimiento sincero y afectuoso a Laura González, Griselda González y Nelson Orozco, quienes por largos años han sido un fiel e indispensable apoyo para todas las actividades de nuestra querida Academia.

Finalmente, quiero expresar mi amoroso e inmenso agradecimiento a la persona que, ajena a la Academia Nacional de Medicina, ha sido un apoyo fundamental en todas las actividades de mi vida en los recientes 38 años.

Me refiero a mi querida esposa, la Dra. Alicia Ponte-Sucre, profesora titular jubilada de la Facultad de Medicina de la Universidad Central, aquí presente.

     Como es tradicional, me honra ahora presentar una breve biografía de quienes previamente han ocupado el Sillón que ahora aspiro a ocupar.

     El primer académico que ocupó el Sillón Cuadragésimo de la Academia Nacional de Medicina fue el Dr. Marcer Granier Doyeux.   

De padres franceses pero nacido en Caracas en 1916, Marcel Granier se graduó en 1940 de Doctor en Ciencias Médicas en la Universidad Central de Venezuela, luego realizó su posgrado en farmacología, toxicología y alergología tanto en la Universidad de Yale, Estados Unidos, como en Basilea.

Hizo una notable gestión de farmacología social en el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, la Cruz Roja y la Organización Mundial de la Salud.

En la Universidad Central de Venezuela fue Profesor Titular Jefe de la Cátedra de Farmacología, Miembro del Consejo de la Facultad de Medicina y Director del Instituto de Medicina Experimental.

En nuestra Academia Nacional de Medicina fue Director de la Gaceta Médica de Caracas, Vicepresidente, y Presidente.

Fue además Individuo de Número de la Academia Nacional de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, y Miembro de numerosas Sociedades, venezolanas y extranjeras, de Farmacología, Psiquiatría, Toxicología y Biología.

Fue Embajador de Venezuela en Francia, y recibió la Orden Francisco de Miranda, la Orden Andrés Bello y la Orden del Libertador, además de condecoraciones de Francia, Perú, Colombia y Cuba.

Es triste, pero puede ocurrir, que un Sillón quede vacante debido al fallecimiento del Individuo de Número que lo ocupaba. En este caso, mi alegría por aspirar a la vacante del Sillón Cuadragésimo contrasta severamente con el pesar de haber perdido al extraordinario, valiosísimo y muy querido Dr. Juan José Puigbó. Paz a sus restos.

     Juan José Puigbó nació en Caracas en 1925, y en 1948 se graduó Summa cum Laude de Doctor en Ciencias Médicas en la Universidad Central de Venezuela.

Tuvo su formación de postgrado en el Instituto Nacional de Cardiología de México, el Presbiterian Hospital de Filadelfia, el Hospital Karolinska de Estocolmo y el Childrens Hospital de Houston.

Comenzó su carrera docente como Instructor en las cátedras de Anatomía y de Clínica Cardiológica y se desempeñó como Profesor Titular de Pre- y Postgrado.

Ejerció como cardiólogo en la Cruz Roja, el Hospital Psiquiátrico, el Hospital Vargas, y el Hospital Universitario de Caracas, del cual fue Director Presidente.

Tuvo además actividades en la División de Enfermedades Cardiovasculares del MSAS.

Fue un miembro muy importante de la Sociedad Venezolana de Medicina Interna y de la Sociedad Venezolana de Angiología, fue además Miembro del Consejo de la  Facultad de Medicina y Secretario de la Universidad Central.

Se incorporó en 1997 como Individuo de Número al Sillón Cuadragésimo de nuestra venerable Academia Nacional de Medicina, y luego llegó a ser su Vicepresidente y su Presidente.

En su brillante carrera profesional el Dr, Puigbó fue autor de numerosos libros sobre cardiología y sobre historia.

 Fue presidente del Congreso Centenario de la Acadmnia Nacional de Medicina y, en septiembre del año pasado, el décimo-octavo Congreso Venezolano de Ciencias Médicas llevó el insigne nombre de Juan José Puigbó.

En palabras de nuestro colega académico Rafael Muci,

Juan José Puigbó fue un hombre bonachón, de buen talante, lúcido verbo, sabiduría universal, de bonhomía desbordante, gran capacidad de labor, escritor fecundo, mejor amigo y consejero. Harto de conocimientos compartidos con bondad.

     El Dr. Granier y el Dr. Puigbó florecieron y dieron frutos en una Venezuela de bienestar y progreso.

Los académicos de hoy día pudimos nutrirnos de sus enseñanzas y de sus personalidades sabias y generosas tanto a nivel personal como en instituciones médicas, universitarias y científicas de altísima calidad.

Ahora nuestro país ha sufrido un deterioro lamentablemente inmenso, y es necesario emprender con urgencia operaciones de rescate.

Una de las peores consecuencias de este deterioro es el éxodo de personal capacitado que comenzó en el año 1999.

Según estudios de la Fundación TALVEN, en los cuales participó nuestro querido colega académico Francisco Kerdel Vegas, (lamentablemente fallecido hace muy poco, paz a sus Restos.)  ya para el año 2012 habían emigrado a los Estados Unidos,  110.000  venezolanos como “residentes permanentes”, y los residentes venezolanos “no permanentes” ya habían hecho 700.000 entradas en los EEUU.

La mayoría de los migrantes venezolanos a EEUU tenía entre 24 y 45 años de edad y altos niveles de educación y formación.

En un estudio de Jaime Requena y Carlo Caputo se muestra que, para el año 2016, el 62% de los investigadores científicos emigrados habían prestado sus servicios en las cuatro grandes universidades públicas, y el resto pertenecía a instituciones más pequeñas, pero altamente productivas, como el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).

En un estudio de Jaime Requena, Carlo Caputo, Rafael Apitz, Andrés Soyano y Domingo Vargas sobre las publicaciones venezolanas en ciencias de la salud:

hasta el año 2018 la calidad de estas publicaciones seguía siendo de primer orden aunque su cantidad presentaba una reducción substancial debida al envejecimiento de los investigadores y a una pérdida de talentos causada por su emigración.

La pérdida de la capacidad docente en las universidades, el IVIC, etc., anula la posibilidad de formar nuevos talentos, interrumpiéndose así el círculo virtuoso de la generación de relevo.

Al igual que el IVIC, en este siglo XXI las universidades autónomas dejaron de percibir un financiamiento acorde con la remuneración que merece su personal científico y docente, ni acorde, tampoco, con sus necesidades de infraestructura física y comunicacional, sus laboratorios, sus bibliotecas, y sus actividades médicas de tipo clínico, preventivo y analítico.

Anteriormente el Estado, además de los presupuestos corrientes de las universidades autónomas y de institutos como el IVIC, proporcionaba a las actividades de  investigación aportes considerables a través del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT).

Desde su fundación en 1970, el CONICIT financiaba equipos, materiales, reactivos, animales de laboratorio, trabajos de campo, estudios de  posgrado, cursos de especialización, viajes a congresos y a otras reuniones científicas, etc, etc. Pero el CONICIT ya no existe.

La mengua en el necesario y merecido apoyo del Estado para las actividades científicas ha sido precisamente un factor crucial en el éxodo de talentos para investigación en ciencias de la salud y otras ramas del saber.

El Gobierno tuvo la idea de cambiar la ley del IVIC para que hiciera “ciencia útil”.

Entonces nuestro colega Rafael Rangel Aldao escribió en 2015: La ciencia es como un manantial, del cual sólo se espera agua cristalina y potable. Nadie demanda que de un manantial salga agua en forma de bebidas de distinta naturaleza (…) Transformar al IVIC como ahora se pretende es destruirlo por completo, es contaminar irreversiblemente al manantial. Todos sabemos qué ocurre después.

…En realidad, ya desde mucho antes, el IVIC había puesto en marcha un proyecto “útil” bajo la iniciativa y dirección del Dr. Miguel Layrisse y el Dr. Egidio Romano.

En realidad, este no era un proyecto de investigación, sino el de crear una “planta productora de derivados sanguíneos”.

La idea era no administrar sangre completa o plasma completo a pacientes que necesitaran solamente alguno de sus componentes, sino más bien fraccionar el plasma en sus varios componentes, administrar a un paciente dado solamente el componente que éste necesitara, y guardar los demás componentes para administrar cada uno de ellos a los pacientes que respectivamente lo necesitaran.

Este proyecto, de innegable “utilidad”, luego fue puesto en manos del investigador Dr. Miguel Laufer y el ingeniero Bernardo Pérez Jurado, apoyados en una comisión de expertos.

Finalmente, en 1988, dio como fruto la creación, en los terrenos del IVIC, de una empresa del Estado denominada QUIMBIOTEC C.A., cuyos accionistas eran el IVIC y el Fondo de Inversiones de Venezuela, y de la cual quien les habla tuvo el gran honor de ser el Presidente Fundador.

Esta empresa prosperó en su desempeño, obtenía su materia prima mediante un convenio con los bancos de sangre y a su vez distribuía los derivados sanguíneos, fundamentalmente albúmina, inmunoglobulinas y factor VIII antihemofílico, a los bancos de sangre nacionales y también de Bolivia, Colombia, Paraguay y Perú.

 Lamentablemente, hace algunos años su tren gerencial fue despedido, y en 2015 QUIMBIOTEC se paralizó, lo cual afectó a 70.000 pacientes que sufrían de 21 condiciones graves agudas y crónicas.

Por su parte, la biblioteca del IVIC, que lleva el augusto nombre de Marcel Roche y hace muchos años fue designada por la Unesco como Centro Regional de Documentación e Información en Ciencia y Tecnología, se dice que desde hace 7 años no renueva sus suscripciones.

Apreciados colegas académicos,

Muy respetados visitantes,

¿Será posible recuperar la investigación científica en Venezuela?

¡Claro que sí! Veamos el ejemplo del IVIC entre los años 1988 y 1991.

En 1988 tuve la alegría y el gran honor de ser convocado al despacho del académico Dr. Francisco Montbrun, mi admirado profesor de anatomía humana y patología quirúrgica, quien se desempeñaba como ministro de Sanidad y Asistencia Social.

Mi antiguo Maestro me juramentó entonces como Director y Presidente de un instituto autónomo adscrito a su despacho y denominado Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), donde y desde donde había hecho yo mi carrera de neurocientífico.

Entonces tuve la suerte de que en el mismo año 1988 fueran designados para acompañarme en el Consejo Directivo del IVIC los siguientes científicos:

Luis Carbonell, Exdirector del IVIC y exministro de Educación,

Gustavo Rivas Mijares, profesor titular, excandidato a rector de la Universidad Central y Expresidente de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales,

Néstor Barroeta, antiguo Investigador Titular del IVIC y para entonces Vicepresidente del Instituto Tecnológico Venezolano del Petróleo (Intevep), y

 –Roberto Sánchez Delgado, joven Investigador del IVIC en el área de catálisis, quien entonces fue nombrado subdirector del IVIC y posteriormente se ganó el Premio Lorenzo Mendoza Fleury de la Fundación Empresas Polar y el Premio Nacional de Ciencia.

En 1988 la situación de Venezuela era muy frágil, porque 5 años antes había sufrido la grave crisis llamada “del Viernes Negro”.

Aún así, en 1991, tres años después de haber comenzado la gestión de este nuevo Consejo Directivo, y con una inflación nacional de 400%, habíamos aumentado el presupuesto del IVIC en 762% y sus gastos en dólares habían aumentado en 380%.

Las asignaciones para la biblioteca, para equipos y reactivos de laboratorio, y para instalar y equipar la anhelada red de computación del Instituo habían aumentado 500%.

Aumentamos también las asignaciones para viajes al exterior y la adquisición personal de bibliografía.

Con el fin de renovar los cuadros de investigadores aumentamos el número de jubilados y subimos 600% el sueldo de la recién creada categoría para Investigadores jóvenes denominada “Postdoctorales”.

Por primera vez en su historia, en 1991 el IVIC publicó más de 300 trabajos científicos y además tuvo el más alto número de trabajos en prensa.

En 1988 la biblioteca se suscribió a 200 nuevas revistas y compró 1.500 nuevos libros; en 1990 se suscribió a 60 revistas más y compró 250 libros; y en 1991 se suscribió a 81 nuevas revistas, compró 494 nuevos libros y además puso al día las suscripciones y pagó por adelantado las suscripciones de dos años.

Desde 1988 hasta 1991 el IVIC tuvo 28 cursos y talleres internacionales y 42 nacionales.

Asumió la coordinación nacional de laboratorios afiliados al International Center for Genetic Engineering and Biotechnology, de las becas postdoctorales Fogarty y Pew, de la Red Latinoamericana de Ciencias Biológicas (RELAB) y de la South American Brain Research Organization (SABRO), y fue la institución académica que formaba parte de la Comisión Nacional de Cooperación con la Unesco.

Entonces…¿Será posible recuperar la investigación científica en Venezuela?

¡Claro que sí!

….Los venezolanos hemos demostrado que somos capaces de hazañas, y podremos hacerlo en el futuro si tenemos, como yo tuve, el apoyo de gobiernos y ministros democráticos, si contamos con la ayuda, como yo tuve, de profesionales como Luis Carbonell, Gustavo Rivas Mijares, Nestor Barroeta, Roberto Sánchez Delgado, Miguel Layrise, Egidio Romano, Miguel Laufer, Bernardo Pérez Jurado

si regresan los talentos que han emigrado, nace una generación de relevo y volvemos a tener un buen número de investigadores y de profesores universitarios altamente competentes y productivos, si renacen instituciones como el Conicit, y si nos acompañan médicos como Juan José Puigbó, quien, en palabras de nuestro apreciado colega Rafael Muci, se erigió como paradigma y ejemplo, y su ejemplo nos invita de continuo a transitar su senda y continuar adelante para llevar siempre a la Academia y, yo agregaría, a nuestras instituciones de ciencias de la salud, en pos de sus mejores destinos. 

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