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Por: María Mercedes Armas (psicóloga)

La licenciada María Mercedes Armas Barrios es psicóloga egresada de la Universidad Central de Venezuela. Es integrante del Observatorio Venezolano de los DDHH de las Mujeres y del Centro de Investigación Social Formación y Estudios de la Mujer.
@psico.mm.armas
mariamercedesarmas2112@gmail.com

Hablamos de trastornos de la alimentación cuando existen conductas alimentarias inadecuadas que afectan negativamente la salud integral de las personas, por lo cual se le considera una patología. Entre ellas tenemos: la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno alimentario compulsivo.

En la anorexia nerviosa, que es más frecuente entre las mujeres,  existe una deformación de la autoimagen en la cual la persona se percibe con sobrepeso y encuentra deformidades en su cuerpo, especialmente en las caderas, abdomen y piernas.

Esta auto percepción errónea negativa  genera que comience a vigilar excesivamente los alimentos que consume, aumente su actividad física y se puede inducir vómitos para eliminar la comida; todo en búsqueda del control del peso y del cuerpo de manera obsesiva y perfeccionista. 

En el caso de la bulimia nerviosa se observa una reacción impulsiva y descontrolada para la ingesta rápida de comida e incluso continuar comiendo a pesar de estar saciado. De inmediato se experimenta culpa, vergüenza, tristeza y una baja autoestima por la forma ansiosa de comer e intenta compensarlo aumentando la actividad física o induciendo el vómito.

El trastorno alimentario compulsivo se refiere a la ingesta excesiva y frecuente de comida en grandes cantidades de una vez (atracón) el cual, por lo general, se caracteriza de un estilo de vida sedentario y centrado en la comida.

Son riesgosas debido al impacto en el deterioro nutricional del cuerpo o en el consumo excesivo con patrones inadecuados de alimentación que pueden generar daños en diversos órganos y sistemas, causando enfermedades y complicaciones que pueden ser graves e irreversibles.

Con frecuencia comienzan a manifestarse en la adolescencia e inicio de la adultez, aunque no exclusivamente. Estos trastornos tienen un elemento  psicoemocional importante que se manifiesta como ansiedad y depresión.

Las personas que  padecen este tipo de trastornos  tienden a enfocarse excesivamente en la figura y peso corporal, así como en la comida; aunque les cuesta aceptar y reconocer que tienen ese problema y requieren atención profesional.

Lamentablemente, muchas personas que sufren trastornos de la alimentación pueden creer que no necesitan tratamiento.

Es frecuente observar que estos trastornos  están normalizados y son percibidos como un estilo de vida; en especial el trastorno alimentario compulsivo, que se caracteriza por los «atracones» frecuentes de comida y está asociado a un estilo de vida sedentario.

Sin embargo, muchas veces la familia o amigos, observan las conductas patológicas, así como sus resultados en el aspecto y la salud de la persona. Hay que prestar atención a algunas señales de alerta en los patrones de alimentación, como por ejemplo:

  • Comer a escondidas y fuera de las horas apropiadas.
  • Someterse a dietas demasiado estrictas.
  • Tener como tema central de conversación el control del peso.
  • Comer cantidades mucho más grandes de lo considerado normal.
  • Mostrar constante preocupación por estar gordo o delgado, compararse en negativo.
  • Mirarse al espejo buscando defectos por delgadez o gordura.
  • Tener dificultades para conseguir ropa o no sentirse cómodo con la ropa, sentir que nada le queda bien.
  • Omitir comidas o poner excusas para no comer.
  • Centrarse obsesivamente en la alimentación saludable.
  • Prepararse aparte los alimentos, en lugar de comer lo que la familia come.
  • Aislarse socialmente.
  • Comer frecuentemente grandes cantidades de dulces o de alimentos con alto contenido de grasas.
  • Tomar suplementos dietéticos, laxantes o productos herbarios para bajar de peso.
  • Ejercitarse en exceso.
  • Ir al baño durante las comidas con frecuencia.
  • Tener callosidades en los nudillos por provocarse los vómitos.
  • Tener problemas de pérdida del esmalte dental, un posible signo de vómitos reiterados.
  • Expresar depresión, enojo, vergüenza o culpa respecto de los hábitos de alimentación.

En la próxima entrega trataremos las causas y factores de riesgo de los trastornos alimenticios, así como algunos elementos útiles para prevenir los trastornos de la alimentación.

Por: María Mercedes Armas