Cebaldo Inawinapi :“Escribir es una forma de estar en mi aldea”

Fotos: Cortesía de Cebaldo Inawinapi

Mi primer nacimiento fue en Usdup, una de las 366 islas que conforman el Archipiélago Kuna, allí fui recibido por alegres parteras y mis abuelitas, entre el humo de cacao y los cantos tradicionales, como reciben a todos los niños dules. Mamá, la maestra de la aldea, tenía su primer crío y papá, maestro también en la aldea vecina – Ogobsucun – sembró en compañía de sus amigos mi placenta y el cordón umbilical en el generoso bosque, en la selva al frente de la isla, alimentando tierra y árboles”, escribe como cuenta Cebaldo De León Smith Inawinapi en su página viajera (https://www.inawinapi.com/) que espera sea  “puerto y cayuco al mismo tiempo, viento y abrazo, sueños y luchas”. 

“Me llamo Cebaldo o Inawinapi”, dirá en este tiempo presente que es ahora la virtualidad, en un amable encuentro propiciado por el Club de Lectura Abierto de Panamá (https://lawebdelasalud.com/panama-lee-unido-y-con-proposito/) y difundido (https://fb.watch/5tBVsHnPEt/) en el Facebook de este grupo que crece. Él en Portugal; los presentes en Panamá, encantados con la intelectualidad de quien es en sí mismo muchas lenguas y territorios.

Melva Miranda, integrante del Club de Lectura, abogada y activista del grupo Culturama de Panamá, hizo la presentación del autor, antes de iniciar el diálogo virtual con los lectores, del cual tomaremos algunas frases, tejidas con otras recogidas en una entrevista posterior que el escritor, generoso, nos accedió a conceder:

El Dr. Cebaldo De León Smith Inawinapi, es antropólogo, historiador, guionista y escritor kuna, pero también es maestro, soñador y potenciador de lo kuna, según se desprende de sus propias palabras y de sus investigaciones científicas. 
Es investigador del CETRAD (Centro de estudios transdisciplinarios para el desarrollo) de la UTAD (Universidad de Tras os Montes y Alto Douro), ubicada en el norte de Portugal, que goza de gran prestigio por su intensa actividad en los campos de la docencia y la investigación científica y tecnológica. 
Hijo de padres educadores, nació y creció rodeado de libros, pero también de amigos y de familiares.
Una infancia, donde la palabra es fundamental, porque  a través de ella es como se transmiten las tradiciones, las historias;  en la infancia aprenden a conocer el lenguaje de todos los seres animados e inanimados de la Madre Tierra y a valorarlos y respetarlos; donde se conocen las terapias de las plantas, los cantos mágicos y los ritos con el humo del cacao para recuperar la salud del  cuerpo y del alma, sobre la ternura y sobre el amor hacia la familia y sobre los Nuchus o  espíritus protectores y sobre todo los dioses que forman parte de la cosmovisión del pueblo dule”.
Según el Dr. Cebaldo: “Nacemos varias veces, nacemos sin fin, exorcizando a la muerte”Su primer nacimiento fue en una isla, otros nacimientos, fueron en otras pieles, en otros aromas, en otros territorios…” Prueba de ello fueron sus viajes…Realizó sus estudios en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas URSS, donde obtuvo una licenciatura y una maestría en Historia y Ciencias Sociales. Actualmente, divide su mundo entre Portugal y Panamá.
La palabra, el canto, los cuentos, las tradiciones son semillas fecundas para toda su producción literaria”. 

(De la presentación en el Club de Lectura Abierto de Panamá)

Las cosas del corazón 

Cebaldo Inawinapi tiene una historia personal que explica en cierta manera que parte de sus raíces estén sembradas en Portugal:

“Mi compañera es portuguesa; nos conocimos en Rusia, cuando estuve estudiando entre 1978 y 1984.  Y desde 1980 estamos juntos, es decir, cosas del corazón.  Estuve entre 1984 a 1987 trabajando en Panamá, en un proyecto ecológico dirigido y organizado por el Pueblo Kuna”.

Sin embargo, la situación política en Panamá comenzó a agravarse.

Con dos niñas pequeñas y su esposa, decidió volver a Europa, “exactamente a Portugal, y ver qué sucedía…en 1989 ocurrió la invasión a Panamá y el regreso se fue haciendo difícil”. 

Se quedó. Hasta hoy. 

-¿Cómo se encuentran en sus escritos y en sus investigaciones su sincretismo cultural?

-Crecí en medio de varias culturas. Soy producto de estos encuentros: mis padres eran educadores.

Con su madre

Parte de la primaria, así como la secundaria, la cursó en Panamá y casi siempre en español, “pero con mucha fuerza desde la oralidad y la memoria de mi pueblo.

Es decir, lo Kuna siempre está presente: desde las formas de contar las historias, construir las oraciones, y también el hecho de que he vivido en medio de otras culturas y pueblos, como el ruso, el portugués, el español”, con lo cual sus escritos son “más coloridos y de muchos sabores”.  

En el campo de la investigación trata de “cuestionar métodos clásicos de estudios o  del pensar, tratando de incorporar las formas de pensamiento de nuestros pueblos indígenas, estas ontologías y saberes que han estado mucho tiempo sometidas o silenciadas, y que tienen mucho que ofrecer a las ciencias y a la cultura en general.  No es fácil, pero es un diálogo necesario y urgente”. 

-¿Cómo logra asumir la hibridez en sus textos?

-Por lo general, escribo en español. Hace poco empecé a “aprender” mejor la gramática kuna y a escribir en mi lengua materna, tarea nada fácil, pero muy sabroso.  

Siente que sus textos reflejan esos mundos culturales que lo habitan, con predominio de esa otra textualidad que es la oralidad.

Tanto es así que en una oportunidad un lector kuna le dijo: “Cuando escribes, quiero que alguien me lo lea en voz alta, porque siento que es un “argar” ( un jerarca cultural, que interpreta en un lenguaje simple, el canto profundo de los Poetas Mayores de mi aldea) que me está hablando y contando un cuento; una historia. Eso me dejó muy feliz”.

-En Los ríos profundos de José María Arguedas se pone en valor la escritura desde la visión indígena. ¿Es su búsqueda este poner en valor?

-Soy un admirador de la obra de Arguedas, y esta tensión y lucha de sus trabajos, de este mundo indígena, en un mundo no indígena. Para mí, escribir es una forma de estar en mi aldea, en este mundo que en mucho se va perdiendo; otro que todavía existe, lucha y se reconstruye. Es una forma de regresar, pero sabiendo la imposibilidad del volver (no solo físicamente, como desde la memoria y las nostalgias).  

La película Panquaico que magistralmente dirige Ana Elena Tejera, observa, es un poco esta cuestión de las angustias del querer regresar, volver a un territorio que muchas veces está más en los sueños, en la memoria. 

“Buscar alguna cura para una soledad que siempre habita en uno. Pero a la vez saber que cuando estás en otra tierra, quieres regresar a la otra casa.  

En las crónicas, en algunas pequeñas historias que escribo, en mis conferencias literarias, está presente este navegar en diferentes ríos, en mares y tierras, con ganas de tal vez  dejar el cayuco en algún muelle y quedarme, pero es difícil, porque al mismo tiempo, la aventura de navegar, de descubrir nuevos mundos es fuerte. Y no solo el navegar físicamente, sino desde el corazón y otras sensaciones. 


-Creo que hemos avanzado mucho en esto de “etiquetar” la palabra. En todo caso, ¿cómo llamaríamos a su modo literario? 

-Sí, somos muy buenos para etiquetar todo. En muchas culturas no hay definición, porque toda su forma de vida es arte:  Desde el uso de la palabra, de la forma de sembrar y trabajar el campo, desde la medicina y la construcción de una casa. 

Es decir, arte, ciencia y espiritualidad están unidos, tejidos y  trenzados en una forma de vivir y sentir el mundo. 

Cuando escribe, es como si fuera su abuelo quien “me cuenta, me canta, lo que después yo redacto en español o en portugués”.

Esta voz antigua que siempre vive en Cebaldo Inawinapi es siempre cautivante en los festivales de poesía o de lectura: “Me invitan porque lo que escribo son poemas en prosa”.

En el caso de los encuentros de literatura infantil y juvenil, las historias son otras “mitologías”.

“Un hermano colombiano, me dice: lo tuyo, lo nuestro, es oraliteratura. Confieso que no me atrevo a decir si son poemas o crónicas o cuentos. Para mí es un honor, incluso que me llamen escritor”

Siente que todavía no ha llegado a este estadio “que sería maravilloso; lo pondría en el pasaporte o la cédula: ¡Escritor y punto!


-¿Qué prepara en este momento tanto en el ámbito literario como de la investigación?

-Confieso que me encanta contar historias, vivir la oralidad, y muchas veces dejo la escritura, pero ahora tengo la tarea de escribir más  y compartir con mis amigos, hermanos y cómplices estas cosas que cuento y que narro. 

En particular trabaja en una novela sobre una de sus tías que da origen a su primer documental, La mola de Lucía. 

“Le debo esta historia a las mujeres de mi pueblo, creadoras de este arte mayor que es la mola”.

Otra tarea que lo ocupa y lo hace feliz es su blog de la Luna Llena, con su amigo Jorge Ventocilla. “Ya llevamos dos años y meses, y está teniendo mucha aceptación y lectores en diferentes partes”.

También quiere continuar como “aprendiz de guionista”; ver mucho cine, “para atrevernos a escribir otros guiones y, en especial, el sueño de hacer del libro Mi primer árbol,  un animado”.

En el campo de la investigación, proyecta continuar con los estudios sobre Arte kuna en tiempos globales, 

“Es un tema que me apasiona, este diálogo, este encuentro de generaciones unidas por el arte desde el mundo urbano, sus raíces y nuevas alas”.

Observa que estos jóvenes creadores, “desde el cine, el teatro, la danza, la pintura, el performance, las músicas ya clásicas o el rap….utilizan nuevas tecnologías, para reconstruir muchas veces antiguas rutas, pero con narrativas propias”.

Destaca que muchos de estos creadores  nacieron en las ciudades “y no hablaban la lengua dule, por muchas razones ( la ciudad dura, feroz, intolerante, la necesidad de obtener otros saberes, el Estado y sus políticas educativas….) ahora están consiguiendo no solo hablar, sino sentirse bien, fuertes y creativos desde esta su lengua indígena”.

“Ser Kuna en estos tiempos globales, es ser parte de este mundo complejo; aportar desde las nuevas identidades, los caminos nuevos, las raíces y su historia”. 

-¿Se plantea el retorno en algún momento o prefiere vivir entre ambos mundos?

-El volver a Panamá, a Kuna Yala, siempre estuvo en nosotros, pero con los años fuimos ganando otros sueños y otras historias.

Cuando hace alguna “contabilidad” de su vida, concluye que ganó “dos patrias, varias historias, muchos corazones y afectos”.  

“Más que el regreso, es saber cómo estar en la tierra que nos tocó vivir, ser fieles a los ideales de siempre, a nuestros sueños de constructor y de padre; ahora de abuelo. Me hacen falta estos mundos y trato de vivirlos de la mejor forma; en mis militancias culturales y políticas. Así que lo ideal sería vivir en medio de ambos”.


Otros pensamientos de Cebaldo Inawinapi

“En los años 70 comenzó un proceso de reivindicación para volver a nuestros nombres originales. Me gusta mucho que me digan Inawinapi; es muy emocionante”.

“Los kunas no establecen una separación entre la sociedad y la naturaleza: hay un solo origen; la naturaleza es la madre”.

“Soy producto de la hibridez. Mis padres eran docentes y crecí en un mundo donde el castellano era muy fuerte, pero rodeado por mis abuelas. Desde pequeño era difícil el tránsito de ese mundo oral y de la escritura”.

“Soy más contador de historias; me gusta contar en bares y en cafés. Hablar y vivir el sonido de la palabra”.

Cuando vayan a Kuna Yala, escuchen cuando cantan: es como un mantra; da paz y tranquilidad. La oralidad tiene la fuerza de la magia”.

“La mola es una manera de narrar historias. La mujer sueña y en esa tela describe sus sueños. La mola son poesías que caminan; es una escritura fantástica”.


Una larga trayectoria al servicio de la palabra

De la presentación de Melva Miranda, antes de la participación del Dr. Cebaldo De León Smith Inawinapi en la sesión del Club de Lectura Abierto de Panamá

Realizó investigaciones en áreas indígenas de América Central y, desde 2004 a 2010, llevó a cabo un Estudio sobre el impacto del turismo entre los kunas de Panamá, estudios que han  recibido varios premios internacionales como el FITUR 2007, National Geographic 2007,  Premio Internacional de Estudios Turísticos Gabriel Escarrer 2011

Igualmente, realizó estudios de campo sobre la Reproducción y la Autonomía Sustentable de los Kunas y sus resultados forman parte de la tesis de doctoramiento en Recursos Naturales y Sustentabilidad de la Universidad de Córdoba (España).

Poesía, crónica y cine

Entre el 2006 al 2009 escribió para el suplemento dominical – Mosaico – del diario La Prensa de Panamá, una columna llamada Calle Saudade, de donde salieron la mayoría de sus crónicas que son experiencias de vida, historias que les contaron los abuelos, sus reflexiones y recuerdos, que comparte con todo aquel que lo quiera leer. Tiene pendiente la publicación de estas crónicas.

Escribió poemas y crónicas, publicados en antologías y revistas:

 Mensaje Indígena de Agua, en Ontario, Canadá 2014

Antología de Poetas kunas. Panamá. Editorial Urrïgan. 2015

Y su primer libro para niños Mi Primer árbol. Panamá. 2019, edición bilingüe, con ilustraciones de Martanoemí Noriega y Ologwaigdi, cuya fuente y fuerza se fundamentan en la oralidad, base de la cultura kuna.

Como guionista y actor tiene dos trabajos:  La Mola de Lucía/Luciamor.  Documental dirigido por Ana Elena Tejera.   Y Panquiaco, un híbrido entre documental y ficción, también de Ana Elena Tejera, donde es el personaje principal y actor, filmación que ha participado en varios Festivales de Cine en el mundo. Actualmente, trabaja en un estudio sobre el Arte Indígena (en especial el kuna) en tiempos globales y en un guion animado, basado en su libro Mi primer árbol.