Cuentos de Enrique Jaramillo Barnes para leer en cuarentena

Ilustraciones: Enrique Jaramillo Barnes

La nueva escritura de Enrique Jaramillo Barnes ha sorprendido a autores de sólida trayectoria como Carlos Fong, quien luego de presentarlo como “joven arquitecto, ilustrador, dibujante, diseñador y pintor”, “hijo de las historietas, como él mismo lo afirma” (Anatomía de la brevedad de Enrique Jaramillo Barnes, en el diario La Prensa), anuncia la publicación de Anatomía. Un reflejo del ser que ya no soy, libro de cuentos de Jaramillo Barnes que ha caído en las manos de Fong, y de otros lectores, para hacer más llevadero este tiempo de cuarentena.

Fong, no lo asegura, pero sí guarda una sospecha: Anatomía. Un reflejo del ser que ya no soy, podría ser, al menos en Panamá, “el primer libro de cuentos breves que se publica en el contexto de la pandemia, que, sin necesidad de usar temas del virus, logra presentar lo absurdo de una realidad donde los fake news, lo trivial, la desinformación, quedan expuestos por la imaginación”.

Jaramillo Barnes, quien es hijo del reconocido escritor panameño Enrique Jaramillo Levi, ha seleccionado para este espacio dos cuentos de su libro, justo vinculados con el tema salud. Antes, un breve diálogo con el autor. Luego, dispóngase a leer, que es otra manera de sanar, y más en estos días extraños.

Enrique Jaramillo Barnes

¿Cómo surge la escritura de este texto?

Durante los primeros meses de pandemia, encerrado en casa, decidí formalizar algunas ideas que tenía y generar nuevas. Este ejercicio mental mantuvo mi mente activa y distraída de la incertidumbre que aún se vive. La idea de escribir finalmente se volvió un hecho.

 ¿Del padre al hijo, cuánto de inspiración y enseñanza hay en estos textos?

-Mi padre es un maestro en lo que hace y ha hecho durante toda su vida. Seguí algunos de sus métodos como “la escritura automática” y “las vuelta de tuerca”. El resto fluyó sólo.

¿Es esta escritura una manera de desafiar a la pandemia?

-Más que desafiar es una forma de manejarla y llevarla con salud mental.

 Escribir, escribir. También leer y leer… ¿puede ser también una necesaria medicina para el alma en estos momentos? 

-Leer y escribir estimula el sistema visual y la actividad cerebral. Amplía el vocabulario, aumenta la concentración, distrae y alivia el estrés.

 Luego de esta incursión literaria. ¿Qué vendrá en su escritura?

Por ahora sigo escribiendo y explorando nuevas ideas. No parar y mantener el engranaje activo hace que la máquina cerebral se mantenga funcionando correctamente.


Consecuencias

(En el libro Anatomía. Un reflejo del ser que ya no soy)

Ilustración: Enrique Jaramillo Barnes

La comida chatarra le resultaba agradable al paladar. Justificaba sus malas prácticas afirmando que le aportaban gran cantidad de energía, a sabiendas que era sólo una excusa. La obesidad en su cuerpo había dejado secuelas irreparables. Las burlescas miradas pesaban más que los kilos, y los que decían ser sus amigos poco a poco se alejaron hasta desaparecer.

Con los años surgieron varias enfermedades, incluyendo fallas en sus articulaciones que se habían deteriorado a tal nivel que ya no podía caminar. Su pronóstico de vida era pobre. Los doctores habían anunciado una muerte súbita. El aislamiento social fue su refugio ante tan penosa situación, así que sola en su casa decidió echarse al olvido.

Un día apareció un repartidor de comida con su ración diaria, y al verla, atónito le dijo que antes él era como ella y que hace muchos años jamás hubiera podido montarse en la moto por su enorme peso.

Ella lo miró con resentimiento mientras él, de súbito empezó a tirar al suelo toda la comida que traía, para luego brincarle encima mientras la incitaba con insistencia a hacer lo mismo.

Ella, sin entender y con pocos ánimos de querer inferir la situación, decidió seguirle la corriente y comenzó a brincar también sobre la comida. Con las rodillas ya cansadas, sólo alcanzaba a llorar, mientras él reía a carcajadas, asegurándole que esas serían las últimas lágrimas que derramaría en su vida.

A partir de ese momento, aquel impulso irresistible de llenar su boca con porquerías fue reemplazado por cosas sanas. Se propuso una dieta radical de sólo vegetales y frutas.

La meta era rejuvenecer su cuerpo y algún día volver a salir a recorrer la ciudad como lo hacía cuando era niña.

El problema es que uno no puede comerse al mundo día tras día y de la nada ingerir sólo plantas.

Entonces, para saciar su hambre voraz comía cantidades exorbitantes de verduras.

Las raciones que ingería eran igual de desproporcionadas que antes. Ciertamente sanó todos sus males, pero algo cambió, su color se tornó naranja, sus cabellos verdes y su áspero cuerpo se endureció.

Una tarde, aquel repartidor recibió la encomienda de llevar nuevamente comida chatarra a la residencia de aquella joven.

Ya frente a la casa, con la comida en mano, bajó decepcionado y tocó en repetidas ocasiones la puerta, y al ver que nadie le abría forzó la entrada. Sorpresa al ver de frente una enorme, inerte e inamovible pero sana y fresca zanahoria.


La decisión

(En el libro Anatomía. Un reflejo del ser que ya no soy)

Ilustración: Enrique Jaramillo Barnes

El estrés prolongado puede dañar nuestra salud, pero a corto plazo sirve para lograr increíbles hazañas.

Al tener un periodo límite, el empuje te obliga a esforzarte en terminar el trabajo que te propones realizar, evitando que lo postergues. Sin presión puedes hacerlo mañana o pasado mañana, pero con tan poco tiempo no queda más remedio que darle ya.

Por ejemplo, a mí me quedaba muy poco tiempo para regresar al trabajo, así que a pesar de la diabetes me engullí ese suntuoso pastel de doble chocolate con caramelo que tanto me había privado el doctor, y que me tiene aquí postrado en camilla pagando la consecuencia de mi osadía.