El mito de los genes

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Dr. Alexis Bello A.*

…la sociedad podría moverse
entre el determinismo prometeano
y el de marionetas…

El Proyecto Genoma Humano (PGH) y todos los subproductos de este, representan el desiderátum de la revolución tecnológica, la cual habrá de impactar a toda la humanidad, de la que se duda pueda ser sustentable. No solamente por sí misma sino además por las características inherentes a un planeta sumamente comprometido, entre muchas otras cosas: billones de pobres, hambrientos, sedientos.

Con falta o ausencia de higiene, con peligro real e inminente de guerras nucleares y biológicas, además con progresivo y aterrorizante recalentamiento… Todo lo cual recuerda a las extinciones masivas a lo largo de muchos milenios de existencia. En otras palabras, se trata de una especie compleja cuyo hábitat es una verdadera “caja de Pandora”.

El astronauta Frank Culbertson, mencionó en ocasión de una conferencia a la cual asistí de la American Association for Thoracic Surgery (AATS) la temeraria y no menos especulativa advertencia: si la humanidad ha de sobrevivir, deberá prepararse para evacuar la tierra.

Por otra parte, el destacado científico Bill Joy escribió un artículo en la revista Wired, titulado: El futuro no nos necesita y los humanos somos una especie en extinción. Adicionalmente el Dr. O. Wilson, varias veces ganador del premio Pulitzer, en su libro El Futuro de la Vida, advierte que, para una eventual población de la tierra de 14 billones de personas, se requerirían más de 40 trillones de vatios de energía y 10 billones de hectáreas cultivables, para sostener una población de esa proporción, con el agravante de que se espera además que la sociedad tenga una longevidad muy prolongada.

Se dice que los hijos que nazcan de los actuales nietos podrán vivir más de 100 años. Todo esto refuerza la cuestionable tesis de la sustentabilidad. La tecnología contemporánea, ha planteado como posibles atenuantes para la supervivencia, la combinación de nanotecnología, el desarrollo biónico, robótico y muchos de los subproductos del PGH: prevención, alimentación transgénica, empleo de células madre, clonación, y diseños genéticos de los niños con fines terapéuticos.

Quienes actualmente, tenemos la responsabilidad de ayudar a sostener esta gigantesca aldea –la cual habrá de servir de morada nuestros descendientes- estamos en la obligación de preservar y mejorar lo que tenemos.

Sin embargo, la única posibilidad de hacer factible todo lo que los grandes avances tecnológicos habrán de proveer, es si ese “armamentarium” es gerenciado con bases éticas, morales y sociales no negociables.

De allí que existen peligros reales en el contexto del PGH, derivados de una eventual visión distópica. Y de intereses políticos egoístas e insospechables. La privacidad pudiese verse seriamente comprometida, podría existir una indeseable discriminación genética en los empleos, en las universidades, en los procesos de inmigración…

Podría además promoverse la clonación humana con fines reproductivos. Para tan solo mencionar algunos ejemplos de lo que pudiese acontecer en ausencia de sólidos principios éticos.

Finalmente valdría la pena mencionar dos de los mayores riesgos: el mercadeo de partes humanas y el ejercicio eugenésico, ya no como producto de banderas o credos políticos sino como menciona Edwin Black, en su libro: Guerra contra los Débiles, como consecuencia de la disertación genómica.

Esta angustia ha oscilado en una especie de movimiento pendular, moviéndose entre el pensamiento conservador de teólogos como Paul Ramsey y el pragmatismo de Donald Bruce. Ramsey, por ejemplo, ha dicho que antes de intentar jugar a Dios, primero debemos aprender a ser humanos, pero después de ello, tampoco debemos jugar a Dios.

Otros radicales como Fletcher, han mantenido que el futuro no puede residir en ver y pensar en las estrellas y añade: no oramos para que llueva, simplemente sembramos y regamos cuando podemos. Para unos lo sagrado es Dios para otros es la creación.

De allí que los genes, se han convertido en un verdadero mito, ya que existe la creencia de que todo reside en ellos y serán los responsables absolutos: existe el supuesto “gay” gen, el de la religiosidad, el gen de la criminalidad…, ellos serían los responsables de todo, una especie de inefable fatalismo. Con frecuencia oiremos en todas las instancias: no me culpes a mí, culpa a mis genes de los cuales no soy responsable.

De acuerdo con el teólogo Ted Peters, sería una equivocada orientación llamada determinismo de marionetas.

El ADN definiría quiénes somos y los genes manejarían las cuerdas. En contraposición con el determinismo prometeano, el cual utilizaría el acrónimo UDC (entender, decidir y controlar).

En otras palabras, darle a la raza humana la capacidad de control con una base ética. Peters agrega: nada de lo que hizo Dios es Dios, lo cual no viola las reglas ya que, según él, es distinto adorar la naturaleza que hacerlo con el Creador.

Dr. Alexis Bello A

abelloa2@gmail.com

https://www.dralexisbello.com

El doctor Alexis Bello es cirujano cardiovascular del Hospital de Clínicas Caracas, egresado de la Universidad Central de Venezuela, Harvard University y Cleveland Clinic Foundation. Expresidente de la junta directiva del Hospital de Clínicas Caracas 1986-2009 (23 años), presidente de la Fundación Cardioamigos, miembro del Consejo Asesor de la Asociación de Clínicas y Hospitales privados de Venezuela y expresidente de la Asociación de Hospitales Líderes en América Latina. Tiene más de 300 trabajos, películas y videos científicos presentados o publicados, con más de 9,500 procedimientos de cirugía cardiaca realizados a lo largo de su vida profesional y pionero en el uso de once avances tecnológicos en América Latina.