¿Es suficiente liberar las patentes para masificar producción de vacuna COVID-19?

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El anuncio del Gobierno de Estados Unidos de apoyar la suspensión de las patentes de las vacunas contra la covid-19 causaron satisfacción en Naciones Unidas (ONU) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, dijo que la decisión “abre la oportunidad para que los productores de vacunas compartan los conocimientos y la tecnología, necesarios para la difusión eficiente de las vacunas producidas localmente”.

Mientras, el director de la OMS, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, calificó el compromiso del presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, de “valiente”.

Cabe recordar que la propuesta inicial de liberar las patentes fue iniciativa de India y Sudáfrica. Una decisión final está en las manos de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Sin embargo, las buenas intenciones, en el caso de los países de la región, pueden enfrentarse a la realidad de la limitación tecnológica, la capacidad de manufactura o el recurso humano. 

Al respecto consultamos la opinión del Dr. Honorio Silva, quien ejerce la presidencia de la IFAPP Academy (la academia de la Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Farmacéuticos y Medicina Farmacéutica) y es director del Programa de Certificación en Desarrollo de Medicamentos con King’ s College;  del Dr. Abel De La Rosa Ocaña, científico,  emprendedor en biotecnología, director de la Junta Directiva y cofundador de Antios Therapeutics y de la Dra. Ivonne Torres, directora del Departamento de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá (UP).

Los expertos coincidieron que no es suficiente la buena voluntad si falta la tecnología y la capacidad instalada.

“No creo que la ciencia avance por liberar las patentes”

El Dr. Honorio Silva recordó que “el sistema de patentes es un mecanismo de protección de la innovación científica y tecnológica.

Su  duración y aplicación varían significativamente de acuerdo a los países.  Sin embargo, el número de patentes es una marcador de los resultados de la investigación básica y aplicada. 

En los últimos años China ha superado a los Estados Unidos en el número relativo de patentes registradas. Por ello, en líneas general las patentes ayudan al desarrollo científico. No creo que la ciencia avance por la liberación de patentes”.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), “las solicitudes internacionales de patente presentadas en virtud del Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) de la OMPI, uno de los parámetros más utilizados para cuantificar la actividad innovadora, crecieron en 2020 un 4% y alcanzaron las 275.900 solicitudes, la mayor cifra jamás alcanzada, a pesar de una caída estimada del PIB mundial del 3,5%.
China (68.720 solicitudes, +16,1% de crecimiento interanual) siguió siendo el mayor usuario del Sistema del PCT de la OMPI, seguido de los Estados Unidos (59.230 solicitudes, +3%), el Japón (50.520 solicitudes, -4,1%), la República de Corea (20.060 solicitudes, +5,2%) y Alemania (18.643 solicitudes, -3,7%)”. 
Fuente: OMPI

El sector farmacéutico, destaca el Dr. Silva, se ha beneficiado mas que otros, pues las patentes están protegidas por periodos más prolongados. 

“Esto ha sido motivo de gran controversia y de continuas presiones para revisar esos términos.  Sin embargo, el proceso de desarrollo de un medicamento lleva de 10-15 años y las patentes tienen una protección de hasta 18 años. Por lo tanto la vida útil de una patente farmacéutica es restringida (5-8 años)”.

Dado el alto costo de desarrollo de un medicamento (hasta 2.5 billones de dólares si le agregamos los costos marginales), el precio, subraya, se ha elevado a niveles irrazonables, particularmente para aquellos países donde no hay reembolso en sus sistemas de salud, en pocas palabras el mundo en desarrollo.

Esto, sustenta, es un gran problema sin aparente solución a corto plazo.

Posición simbólica

“La posición de la Casa Blanca de evaluar la posibilidad de eliminar las patentes es simbólica y en particular para bajar la presión política de los grupos progresistas dentro del partido Demócrata. No creo que avance pues hay protección jurídica a nivel global”, indicó.

De igual modo recordó que la vacunación es solo una parte en el proceso de protección contra la infección por covid-19.

“Debe ir acompañada de otras medidas (distanciamiento social, uso de máscaras, y hasta cuarentena de ser necesario) para tener éxito. En eso han fallado casi todos los países, pues tienen que lograr un balance con las presiones para mantener la economía y satisfacer las expectativas de la población”.

Proceso complejo y sofisticado

El Dr. Silva razonó que “el proceso de producción de una vacuna es altamente complejo y requiere de recursos humanos entrenados y sofisticada logística”.

La infraestructura de producción de vacunas también amerita de una alta inversión “y los resultados no se logran de la noche a la mañana. Aunque hubiese una liberación de patentes, nuestros países no estarían en condiciones de pasar a manufactura de gran escala”.

En América Latina, prosiguió, tenemos unos pocos países con capacidad limitada de producir vacunas (Argentina, Brazil, Mexico, Venezuela) y en realidad han firmado acuerdos de cooperación con la industria farmacéutica para la producción local. 

Sin embargo, advirtió, no tienen los recursos humanos y tecnológicos para proveer una solución inmediata al problema.

Con respecto a los precios de la vacuna contra covid-19, detalló que la vacuna de Pfizer se vende a $19 en Estados Unidos y en $15 en Europa. La de Moderna tiene precios similares. “Mientras tanto las vacunas de Janssen y Astra Zeneca están en el rango de $ 3-5. Entonces no creo que exista un problema de precio. Las vacunas llegaron para quedarse (como las de la influenza) y  posiblemente tendremos que vacunarnos todos los años”. 

Observa que los países pobres dependerán de donaciones o del mecanismo COVAX que califica de promisorio.

No es la patente; es la capacidad de fabricación y conocimiento

El Dr. Abel De La Rosa Ocaña, por su parte, precisó que “la  limitación para expandir la capacidad de producción de vacunas no son las patentes: Es la capacidad de fabricación y conocimiento”. 

“Estas vacunas son muy difíciles de fabricar”, enfatizó.

El científico recordó que fabricar este tipo de vacunas, en particular la de ARN mensajero, requiere personal especializado y contar con la materia prima.

“Es una tecnología nueva. Puedes tener el derecho a la patente, pero sin la tecnología, de nada sirve. Nadie puede obligar a una compañía a enseñarle a otra cómo se fabrica la vacuna”. 

“Liberar las patentes es algo simbólico. No ayudará para nada a incrementar la producción de vacunas contra covid-19 en corto o mediano plazo. Protección intelectual es la máquina de la innovación.

Sin protección intelectual, no habrá inversionistas para nuevas tecnologías. Empresas como BioNTech y Moderna, las que inventaron la tecnología y son las dueñas de las patentes, estaban trabajando en esta tecnología por años gracias a inversionistas que sufragaron los costos para ser compensados por tomar riesgo si la tecnología llegara a funcionar. No fue Pfizer la que inventó la tecnología”. 

La liberación de patentes, afirma el Dr. De La Rosa Ocaña, acabaría con la innovación; “¿Quién inventará la siguiente vacuna o medicamento sin innovación?”

La Dra. Ivonne Torres coincide que no es suficiente con liberar las patentes: “No estamos hablando de una pastilla; son vacunas que requieren una infraestructura especializada y controles de calidad en cada paso”.

Hay que crear las capacidades “y si no las tenemos para producir, poder almacenar a gran escalar; ser un centro logístico que permita una mayor distribución en áreas de difícil acceso y así  abaratar los costos”.

En el caso de Panamá, considera necesario ir hacia la innovación, participar en los desarrollos de patentes para estar en esa relación de ganar-ganar y así situarse entre los primeros en el acceso al resultado de la investigación.