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Virginia Woolf por Roger Fry | Cortesía Papel Literario
De Virginia Woolf: “Las palabras nunca hacen nada que sea útil, y las palabras son las únicas cosas que dicen la verdad y nada más que la verdad”.

Por: Nelson Rivera, director del Papel Literario del diario El Nacional

Amigos lectores:

I.

Virginia Woolf hacía largos paseos por Londres (a menudo sin ruta predeterminada) o por las colinas alrededor de las casas campestres en las que vivió. Entonces su imaginación se desataba. Miraba en actitud expectante, inventaba tramas y personajes. Iba y regresaba de lo imaginario a lo real. En algún momento aparecía la urgencia: volver a su casa, sentarse en su viejo sillón frente a la chimenea con Leonard a su lado, la criada atenta en la cocina, la pizarra plegable sobre sus piernas, papel, tinta y pluma, y unos volúmenes al alcance de su mano: ChéjovDostoievskiEsquiloShakespeareAusten o Hardy. De eso trataba su felicidad: la silenciosa y tibia felicidad que experimentamos los lectores ante la escritura luminosa y la compañía íntima.

II.

Quiero decir aquí que he sido feliz leyendo sus ensayos y artículos: pertenecen a la categoría en la que reina Gilbert Keith Chesterton, solo que en ella hay algo de ese brillo sobrevenido que está en los ensayos de Wynston Hugh Auden, pero expresado con una gracia que la hace inigualable. Soy un feligrés, a pesar de mi desinterés por su obra de ficción, sobre la que no tengo buena opinión. A mis devociones agrego sus cartas, sus diarios y su biografía de Roger Fry, que ella tenía en poca estima.

III.

Me propuse hacer una edición del Papel Literario sobre las ‘otras’ cuatro escrituras de Virginia Woolf (la diarista, la corresponsal, la ensayista y la biógrafa), y en el camino perdí el rumbo: escribí una edición que incluye un comentario sobre tres biografías (las de Quentin BellLyndall Gordon Vivianne Forrester). Está en la página 1.

IV.

A continuación, viene una larga relación de su vida: Virginia Woolf, cisne salvaje, en la que ordeno datos provenientes de varias biografías y de textos de la propia Woolf. Un recorrido por su historia de vida, que disfruté escribiendo. Páginas 2, 3, 4 y 5.

V.

En las páginas 7, 8 y 9, agregué dos notas sobre volúmenes de sus cartas: una, dedicada a la antología que hizo Nora Catelli, y otra sobre su correspondencia con Lytton Strachey. También una nota sobre Ruta callejera, en el que están articulados buena parte de los procedimientos de sus mejores ensayos y artículos. Por último, añadí una reseña de la mencionada y polivalente biografía de Roger Fry, reescrita a partir de un texto que publiqué hace años.

VI.

Y, como joya de este dossier -ojalá que puedan disfrutarlo- copié los comienzos de siete de sus ensayos (solo siete, los que me permitió el espacio de una página), invitación dirigida a quienes no han leído esta faceta suya: creo que es un terreno en el que su producción es excepcional. En esos comienzos está el tono, la melodía, el ritmo de lo que sigue en cada uno. Si el lector no ha leído a la ensayista Woolf, en la página 6 hay una mínima degustación: los primeros párrafos de Estar enfermoAcerca de no conocer el griegoRuta callejera (sobre el que escribo en este dossier), Horas en una bibliotecaUn cuarto propioJoseph Conrad ¿Cómo se debería leer un libro?

VII.

¿Qué tareas dejé pendientes? Espero escribir pronto una nota más ambiciosa sobre los deslumbrantes libros de ensayos y artículos -entre doce y quince- que se consiguen ahora. Otra sobre los cinco volúmenes de sus diarios completos (tarea exigente donde las haya: Woolf como otros ingleses –Samuel JohnsonCharles DickensAnthony TrollopeThomas HardyGilbert Keith Chesterton y Winston Churchill– era grafómana).

Tendría que ocuparme del volumen V de la autografía de Leonard Woolf, publicada en español con el título de uno de sus capítulos, “La muerte de Virginia”. Resulta una excepcional reconstrucción de las emociones, las suyas y las de Virginia, pero también de los londinenses, bajo los bombardeos alemanes, además del recuento estremecedor, de cómo transcurrieron las semanas finales de la vida de Virginia. Sumaría una reseña de un libro delicado y fundamental, Momentos de vida, que reúne cinco textos que Woolf escribió sobre su infancia y adolescencia en distintos momentos, documentos impagables de su memoria. También tendría que decir algo de la biografía (la comento muy brevemente en el dossier), que Jane Dunn escribió de la relación entre Virginia y su hermana Vanessa: Vanessa Bell fue, con el padre de ambas, Leslie Stephen, y de Leonard Woolf -el esposo-, uno de los tres fundamentos de la vida de Virginia Woolf.

VIII.

Desde que escribí este dossier, en septiembre de 2023, el edificio Woolf ha continuado creciendo. Se publicó una valiosa antología de cartas -a cargo de Patricia Díaz Pereda (Editorial Páginas de espuma)- mucho más diversa y reveladora que la que comento en el dossier. También una edición argentina con las cartas de Woolf a Vita Sackville-West entre 1922 y 1928 (todavía no las he leído). Hace poco recibí el pequeño libro que recoge las cartas entre Victoria Ocampo y Woolf -incluye un ensayo de la escritora argentina sobre los diarios de Woolf-, decepcionante por muchas razones.

IX.

En mi percepción, entre las otras cuatro escrituras de Woolf -las de no ficción- hay presencias, afinidades suaves o intensas, flujos de distinta regularidad, evidentes relaciones que permean en todas las direcciones. Son escrituras inscritas como renovación, como dinamización, incluso como cambio del mobiliario mental de la tradición victoriana. Pero no aspiran a una ruptura, al establecimiento de nuevos hitos, como ocurre con sus experimentos en los terrenos de la ficción. No soy un crítico profesional ni mucho menos, pero desde mi sillón de lector quiero anotar que debo a Woolf momentos de júbilo, perplejidad ante su mágica movilidad mental, ante el trazo elegante y el dispendio de recursos creativos que ella despliega, frase a frase, en sus prodigios como ensayista y articulista.

X.

De Virginia Woolf: “Las palabras nunca hacen nada que sea útil, y las palabras son las únicas cosas que dicen la verdad y nada más que la verdad”.

Nelson Rivera, director del Papel Literario

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