Honor a Mahabir Gupta, el eterno florecer de un científico admirable

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Apenas conocer la muerte del Dr. Mahabir Gupta, ocurrida este martes 14 de diciembre, el Dr. Eduardo Flores, rector de la Universidad de Panamá (UP), resumió su inmenso legado al país y al mundo: “En mi opinión, el más grande investigador no solo de la Universidad de Panamá, sino del país. Fue miembro de la directiva de la Academia Mundial de Ciencias, el primer centroamericano en lograr ese reconocimiento”.

El ex rector de la UP y gran amigo del Dr. Gupta, el Dr. Ceferino Sánchez, lo definió como “un científico inteligente, incansable trabajador, luchador por situar la investigación científica entre las prioridades de la sociedad”.

De igual modo, el Dr. Sánchez destaca su profundo impacto en la investigación científica de los recursos naturales de Panamá y de Latinoamérica: “Su producción científica y publicaciones de calidad en revistas conocidas ha sido impresionante. Es quizás el científico panameño más conocido en el exterior”.

A la par de  sus méritos científicos, la del Dr. Gupta es una vida de lucha y de convencimiento del valor de la educación como camino de superación.

Julieta de Diego de Fábrega, en una entrevista publicada en la revista En Exclusiva (septiembre, 2004), del Banco General, traza un perfil biográfico que realza la figura monumental de este investigador, quien no solo se encarga de descubrir el valor de la flora panameña: se enamora del país y se hace tan panameño que nadie podría haber marcado una frontera en la geografía de su vida, tan cercana y tan de aquí:

Para conocer de la infancia del Dr. Mahabir Gupta hay que transportarse a un pequeño pueblo en el sur de la India, a los tiempos cuando el agua potable era un lujo escaso y la luz eléctrica se conocía sólo por los libros de texto.

Para entender su trayectoria profesional hay que apreciar el valor que su padre siempre le dio a la educación.

A los 13 años el Dr. Gupta abandona la casa paterna pues la única forma de terminar la escuela secundaria era asistiendo, como interno, a un colegio en otra ciudad. Obtiene uno de los tres primeros puestos de honor de la provincia, mérito éste que le abrió las puertas de una de las mejores escuelas de farmacia de la India.

Repite la hazaña, esta vez obteniendo el primer puesto de honor, lo que le hace merecedor de una beca para estudios de maestría, también en farmacia.

Empieza su vida profesional en un centro de investigaciones en la India, donde tiene un contacto cercano con la medicina Ayurvédica que se practica en dicho país, la cual se apoya principalmente en el uso de plantas.

Desde ese entonces, no ha dejado de investigar. Se le presenta la oportunidad de trabajar como asistente de profesor en la Universidad del estado de Washington, tiempo que aprovecha también para terminar su doctorado y, en 1971, se hace acreedor de una beca Alexander Von Humbolt para estudiar farmacognosia en la Universidad de Munich, Alemania.

Gupta se describe a sí mismo como un hombre curioso. “Todo científico tiene por fuerza que ser curioso”, afirma, “pero lo más importante es que a uno le guste lo que hace y que lo haga bien”.

Basta un análisis somero de sus logros para confirmar que es una persona optimista que cree en el trabajo de equipo y nos asegura que Panamá es un país rico, no sólo en plantas, sino en personas con un enorme potencial para las ciencias”.

Julieta de Diego de Fábrega sitúa en el 13 de octubre de 1972, la fecha de llegada del Dr. Gupta al país que hasta el último día amó como si fuera suyo. Y lo era; y lo es.

Panamá, escribió la autora, es ya su patria y la de sus tres hijos, a quienes nunca ha dejado de repetirles las palabras de su propio padre: “El conocimiento es poder y quien más conocimientos tiene, más poder tiene”, en el buen sentido, por supuesto.

Gupta, profundo conocedor de la importancia de la flora panameña, en el momento de la publicación del escrito, acababa de ser honrado por la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias (AAAS, por sus siglas en inglés) “por su esfuerzo continuo en la promoción de la cooperación científica internacional, en los países iberoamericanos, y por el estudio y utilización de la biodiversidad como fuente para fármacos nuevos que beneficien a la población mundial”.

Director desde hace tres décadas del Centro de Investigaciones Farmacognósticas de la Flora Panameña (Ciflorpan) es valiosa su contribución al estudio de la flora panameña “como fuente de medicamentos y cosméticos”.

Catedrático de la  Universidad de Panamá desde 1972, docente emérito y formador de juventudes durante 43 años, también se desempeñó como investigador asociado del Smithsonian Tropical Research Institute.

Fue un autor prolífico, con seis libros publicados y 268 artículos especializados, incluso la Revista Biológica Tropical, auspiciada por la Universidad de Costa Rica, lo designó como el científico con mayor número de publicaciones citadas por investigadores científicos.

El Dr. Xavier Sáez-Llorens lamentó en sus redes sociales la muerte del Dr. Gupta: “Perdimos a un excelente científico y a un buen hombre”.

La Dra. Ivonne Torres-Atencio recordó que “fue profesor de Farmacognosia de generaciones de farmacéuticos y una de las personas por quien nos introducimos al mundo de la investigación en productos naturales. Una gran pérdida, sin duda alguna”.

El Dr. Alexis Tejedor sostuvo que “la comunidad científica panameña está de luto. Pérdida de un gran científico e investigador”.

Su muerte es hoy una larga despedida, un luto irreparable, pero también la oportunidad de ver en su trayectoria cómo la educación es siempre luz en medio de la adversidad; camino a la honra y el servicio.

Él, quien tanto amó la biodiversidad panameña,  florecerá para siempre en la eternidad de cada una de sus enseñanzas y en el ejemplo de su vida de científico y hombre admirable.

Violeta Villar Liste
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