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Una junta directiva saludable es aquella que cuenta con diversidad de perspectivas, experiencia y pensamiento

Por: Ana Sofía Alemán

La autora es la presidenta de la Asociación Directoras de Panamá (ADP)

Cuando pensamos en “salud”, rara vez pensamos en juntas directivas. Sin embargo, la calidad de las decisiones que se toman en los órganos de gobierno de las organizaciones (empresas, instituciones públicas y entidades reguladas) tiene un impacto directo en el bienestar económico y social del país. En ese sentido, la “salud” de nuestras juntas directivas es un tema de interés público.

Una junta directiva saludable es aquella que cuenta con diversidad de perspectivas, experiencia y pensamiento. Numerosos estudios internacionales han demostrado que la diversidad (y en particular la participación de mujeres) mejora la calidad del debate, fortalece la toma de decisiones y reduce riesgos. No se trata únicamente de equidad; se trata de efectividad.

En Panamá, este principio está respaldado por la Ley 56 de 2017, que establece que las entidades públicas y privadas reguladas deben contar con al menos un 30% de mujeres en sus juntas directivas. Este objetivo busca corregir una brecha histórica y, al mismo tiempo, elevar el nivel de gobernanza en el país.

Desde la Asociación Directoras de Panamá (ADP), hemos asumido el rol de medir y visibilizar el cumplimiento de esta ley. Nuestro más reciente estudio (basado en el análisis de 454 entidades) revela avances importantes, pero también desafíos significativos. Hoy, el 25.57% de los puestos en juntas directivas están ocupados por mujeres, un incremento de 11 puntos porcentuales desde 2018.

Sin embargo, aún estamos lejos de la meta: solo el 47.14% de las entidades cumple con el mínimo del 30% establecido por la ley. Esto significa que más de la mitad de las organizaciones en Panamá todavía no alcanza el estándar requerido, a pesar de que el plazo legal para lograrlo venció en 2020.

Estos datos nos invitan a reflexionar. Así como en salud preventiva buscamos detectar factores de riesgo antes de que se conviertan en problemas mayores, en gobernanza debemos actuar antes de que la falta de diversidad impacte la calidad de las decisiones. Juntas directivas homogéneas tienden a tener puntos ciegos; juntas diversas tienen mayor capacidad de anticipación y resiliencia.

En ADP trabajamos precisamente para fortalecer esa “salud” institucional. Lo hacemos a través de cinco pilares (sensibilización, capacitación, networking, incidencia y colocación). Identificamos y preparamos a mujeres altamente calificadas, y las conectamos con oportunidades en juntas directivas, contribuyendo a cerrar la brecha de manera estructural y sostenible.

Pero este no es un reto exclusivo de una organización. Es una responsabilidad compartida entre el sector público, el sector privado, los reguladores y la sociedad en general. La buena noticia es que Panamá ha demostrado que puede avanzar: el progreso logrado en los últimos años es evidencia de ello.

La tarea ahora es acelerar ese avance. Porque al final, la salud de nuestras juntas directivas no es un tema aislado: es un reflejo de la salud de nuestras instituciones, de nuestra economía y, en última instancia, de nuestra sociedad.

Por: Ana Sofía Alemán