Los riñones actúan como los filtros vitales del cuerpo humano. En una situación de catástrofe, están expuestos a riesgos mortales
Por: Dra. Karen Courville, FACP, SNI, GNI-CSS

La Dra. Karen Courville es egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Realizó estudios en Medicina Interna y Nefrología en el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo A. Madrid. Tiene un Fellow en Investigación Renal del Instituto Mario Negri en Bérgamo, Italia. Investigadora del Instituto de Ciencias Médicas de Las Tablas. Miembro del Sistema Nacional de Investigación (SNI)
Cuando pensamos en terremotos, inundaciones o tornados, las primeras imágenes que nos vienen a la mente son el caos estructural, los derrumbes y los traumatismos físicos evidentes. En los últimos años, el mundo ha presentado diversos episodios muy importantes de fenómenos climáticos que han afectado países en diversos hemisferios y han cobrado la vida de muchas personas. Sin embargo, una vez que el evento inicial cesa, comienza una segunda crisis médica igual de peligrosa.
La pérdida de infraestructuras básicas, el colapso del acceso al agua potable y las condiciones de hacinamiento abren la puerta a problemas graves de salud pública. Entre ellos, los problemas renales y las enfermedades infecciosas lideran las complicaciones más críticas en los días y semanas posteriores.
El riñón en crisis: Deshidratación, «Síndrome de Aplastamiento» y Falla Renal
Los riñones actúan como los filtros vitales del cuerpo humano. En una situación de catástrofe, están expuestos a dos riesgos mortales principales:
El reloj del agua: ¿Cuánto tiempo puede sobrevivir el organismo sin hidratación?

Como regla general de la supervivencia, el cuerpo humano puede pasar semanas sin comida, pero difícilmente sobrevive más de 3 a 5 días sin agua (la conocida «Regla de los Tres» en medicina de supervivencia). Este tiempo puede reducirse drásticamente a solo 24 o 48 horas si la persona se encuentra atrapada en ambientes bajo calor extremo o realizando esfuerzos físicos intensos.
Adaptaciones fisiológicas ante la falta de agua:
Cuando dejas de beber agua, tu cuerpo activa de inmediato un sofisticado «modo de ahorro de energía» y supervivencia:
- Activación de la hormona antidiurética (vasopresina): El cerebro detecta que la sangre está más concentrada y ordena a los riñones retener la mayor cantidad de agua posible. Como resultado, la orina se vuelve sumamente oscura, concentrada y escasa.
- Redirección del flujo sanguíneo: El cuerpo prioriza enviar la sangre a los órganos vitales (cerebro y corazón), sacrificando temporalmente el flujo hacia otros tejidos, incluidos los propios riñones.
- El colapso glomerular: Si la deshidratación se prolonga, la presión dentro de los filtros del riñón cae. Sin suficiente líquido para filtrar, los desechos tóxicos (como la urea y la creatinina) se acumulan rápidamente en la sangre, provocando una Insuficiencia Renal Aguda (IRA).
El Síndrome de Aplastamiento (Rabdomiólisis)

Típico en terremotos o colapsos de edificios, ocurre cuando una persona queda atrapada bajo escombros pesados. Los músculos comprimidos sufren necrosis (muerte celular) y, al ser liberados, liberan masivamente una proteína llamada mioglobina al torrente sanguíneo.
Esta proteína es altamente tóxica para los riñones, obstruyendo físicamente sus conductos de filtración y destruyendo sus células, lo que causa un fallo renal fulminante e irreversible si no se trata de inmediato.
El peligro invisible: Brotes e infecciones posteriores
Cuando las aguas de una inundación suben o los servicios de alcantarillado se rompen por un tornado o terremoto, el entorno se convierte en un caldo de cultivo para patógenos infecciosos. Las principales amenazas son:
- Enfermedades transmitidas por agua contaminada: las gastroenteritis bacterianas o virales. La diarrea y los vómitos masivos aceleran exponencialmente la deshidratación, empujando al paciente aún más rápido hacia la falla renal.
- Leptospirosis: Muy común tras las inundaciones. Esta bacteria, eliminada en la orina de roedores y otros animales, contamina el agua estancada e ingresa al humano a través de heridas o mucosas. Curiosamente, en sus fases graves (Síndrome de Weil), ataca simultáneamente al hígado y causa insuficiencia renal aguda.
- Infecciones de heridas cutáneas: Los cortes y raspaduras provocados por los escombros se infectan fácilmente por bacterias del fango o el suelo (como Pseudomonas o Clostridium tetani, causante del tétanos).
Recomendaciones de manejo y prevención en desastres

Para mitigar estas complicaciones y salvar vidas una vez pasado el peligro inicial, los equipos de rescate y la comunidad deben seguir pautas estrictas:
1. Manejo renal y de hidratación
- Rehidratación temprana: Si la persona está consciente y no presenta traumas abdominales, se debe iniciar hidratación oral inmediata. El agua simple es útil, pero las sales de rehidratación oral (SRO) son vitales para reponer los electrolitos perdidos.
- Protocolo para pacientes rescatados de escombros: A las víctimas de aplastamiento prolongado nunca se les debe administrar agua simple de golpe si han pasado muchas horas atrapadas. Requieren de forma prioritaria fluidos intravenosos específicos (generalmente con bicarbonato de sodio administrado por personal paramédico) justo antes y durante su liberación para contrarrestar la toxicidad de la mioglobina en los riñones.
2. Control infeccioso y ambiental
- Asegurar agua segura: Si no hay acceso a agua embotellada, el agua disponible debe hervirse vigorosamente durante al menos un minuto o desinfectarse con cloro (2 gotas de cloro de uso doméstico por litro de agua, dejándolo reposar 30 minutos).
- Higiene de manos: Aunque el agua escasee, el uso de soluciones de alcohol en gel es indispensable antes de comer o preparar alimentos y después de usar letrinas temporales.
- Cuidado de heridas: Lavar inmediatamente cualquier raspadura con agua limpia y jabón, y cubrirla con apósitos secos. Buscar atención médica para evaluar la necesidad de una dosis de refuerzo de la vacuna contra el tétanos.
En una catástrofe, sobrevivir al impacto inicial es solo la mitad de la batalla. El cuidado minucioso del agua que consumimos, la protección de nuestras heridas y la atención rápida a los signos de deshidratación extrema son las verdaderas herramientas para proteger nuestros riñones y salvar vidas en el post-desastre.
En estos momentos múltiples organismos internacionales y varios países se han sumado a los esfuerzos para enviar personal, agua, alimentos y medicamentos para los heridos víctimas del terremoto de Venezuela. Han sido una gran ayuda para ellos, también para los rescatistas, personal de salud y la comunidad, y debemos continuar #ayudando. Nuestras oraciones por las víctimas. ¡Sumémonos todos!
Por: Dra. Karen Courville

