Los superhéroes que nos regaló la pandemia

Desde el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo Arias Madrid de Panamá la batalla es por la vida

Marilyn Pineda, enfermera intensivista del Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo Arias Madrid de Panamá, estaba de vacaciones cuando inició la pandemia y no dudó en interrumpirlas para ir a servir. El enfermero Oswaldo Oropeza contrajo el virus atendiendo a pacientes en Barquisimeto (estado Lara, Venezuela) y se prometió ayudar a otros a derrotar la enfermedad. Las enfermeras Carlota Domínguez y Rosa María Villar han vivido el duro momento del virus sin amilanarse y lo dan todo con su equipo en el área de Reanimación del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela (Galicia, España).

Son personal de Enfermería. Más que héroes, son superhéroes.

Carissa F. Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), resaltó en su momento el gran papel de estos profesionales en la hora difícil del mundo: “Las enfermeras y los enfermeros siempre han estado al frente para salvar vidas y cuidar a las personas.

Pero nunca antes su valor ha sido tan claro como lo es ahora. Merecen no sólo nuestra gratitud, sino también un apoyo tangible para asegurar que sean capaces de contribuir al máximo de sus capacidades”.

Hoy, 31 de diciembre, cuando este 2020 se despide pero nos deja a un enemigo mortal, queremos rendir homenaje a quienes han dicho sí a la vida, sí al compromiso y han ayudado a sanar,.

Los invitamos a leer los testimonios de profesionales de Enfermería que desde Panamá, Venezuela y España, lo dan todo por curar.

 “Soy bastante resiliente y eso me ayudó”

A Marilyn Pineda, enfermera intensivista del Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo Arias Madrid de Panamá y encargada de la Unidad Covid F del Complejo de la CSS, el inicio de la pandemia la sorprendió de vacaciones, con los planes para celebrar sus 25 años de ejercicio profesional y con la expectativa de un mañana que para todos cambió.

“La situación me generó mucha ansiedad, pero como también soy coordinadora clínica de Operación Sonrisa y he participado en varias misiones en el extranjero, me sentía preparada”.

El espíritu de servicio y la vocación de voluntaria la mantenían pendiente del teléfono, de llamar a superiores y compañeros para ver cómo se vivían los días iniciales del ingreso de los pacientes covid-19.

El día 29 de sus vacaciones (por ley disfrutan 45 días) interrumpió su descanso para atender el llamado e integrar filas en esta lucha sin cuartel, superando el miedo y al estrés a un virus del cual apenas se comenzaba a tener noticias.

“He manejado pacientes graves, con múltiples enfermedades. Sin embargo, en este caso es necesario tomar más medidas para evitar contraer la enfermedad”.

Nuevas vestimentas y protocolos de atención adaptados a la realidad impuesta por la pandemia, fueron elementos de una situación inédita.

“Soy bastante resiliente y eso me ayudó”, explica.

Reconoce que la parte familiar es compleja. En su caso, se debió separar de su madre para protegerla, mientras otras compañeras optaron por encargar la atención de sus niños a familiares en el interior, en particular porque al principio no se sabía cómo podía el virus afectar a los más pequeños.

Del día uno a la fecha, las historias conmovedoras se cruzan en la palabra y en el pensamiento de Marilyn Pineda, a quien se le quiebra la voz al recordar a las madres que no pudieron decirle adiós a sus hijos o a los pacientes, que luego de escuchar el audio de sus seres queridos, gracias al esfuerzo del personal sanitario por darles un último aliento, cerraron los ojos en la paz de la despedida.

Hay relatos que también terminan en alegrías, como el caso de unos esposos, ingresados en fechas distintas, quienes compartían cuarto en el Complejo y, al cruzar sus miradas, hicieron gestos de emoción al reconocerse. Era su respuesta al silencio impuesto por el oxígeno que les impedía hablar.

“La pareja vivió”, recuerda Marilyn Pineda, quien destaca que cada recuperado es un día de fiesta en el Complejo.

Reconoce que esta situación crítica ha consolidado el trabajo en equipo y la conciencia de protegerse entre todos.

La licenciada en Enfermería Marilyn Pineda con un equipo de médicos, enfermeros y enfermeras al servicio de Panamá

Trabajan doce horas, con salas ya sin capacidad, a la espera de nuevos casos y con el mayor anhelo de dar calidad de servicio a cada paciente, de allí su exhorto a la sociedad: Si se cuidan, cuidan al otro y los servicios no se saturan.

Cuerpo a cuerpo contra el virus

Cuando Oswaldo Oropeza, enfermero de profesión, enfermó de covid-19 luego de atender a un paciente, se “las vio negras”. “No es una experiencia nada grata”, recordó, al repasar el cuadro de taquicardia y “de agitación sin agitarse que ameritó recibir oxígeno”, aun cuando es joven: 30 años.

Una vez recuperado, se dijo: “Bueno, en este cuerpo hay anticuerpos suficientes. Vamos a ayudar al que pueda. Le hemos ganado varias batallas al virus; en otros casos ha sido inevitable”, explica quien, desde hace ocho años, atiende a pacientes geriátricos y posquirúrgicos a domicilio, en Barquisimeto, estado Lara, Venezuela, y ahora hace énfasis en los pacientes covid-19.

Junto a su equipo (más de diez licenciados en Enfermería, técnicos en equipos biomédicos y laboratoristas), se han debido redoblar, trabajar desde el amanecer y hasta la noche, desafiando la compleja circunstancia venezolana que tiene en la falta de gasolina una dificultad adicional y una dolarización (en un país en bolívares) que lo lleva a gastar hasta 30 dólares por día en movilización.

Con la dificultad para conseguir gasolina, a Oswaldo Oropeza y su equipo no les falta voluntad

“Esto es una amalgama de emociones, buenas y malas. Vivimos en un estrés permanente entre la condición de salud del paciente y las dificultades de los familiares para conseguir los medicamentos y los insumos“, reconoció.

No pocas veces les ha tocado comprar el oxígeno de su bolsillo para que la persona pueda sobrevivir.

Superada la crisis, cuando ya el covid pasa a la condición de un proceso viral, “el paciente busca retribuir las atenciones y es muy gratificante sentir su cariño”.

Explica que algunos profesionales temen al virus y prefieren no atender al paciente covid. Lamenta que este conocimiento se pierda, en particular porque es un momento de servicio y esta pandemia “ha cambiado el rumbo de la humanidad”.

A las personas les pide transformar sus hábitos. Sabe que es difícil bajar el tono de voz, renunciar a los abrazos y a los afectos, pero la distancia física es necesaria.

Las enseñanzas se las mostró el virus en primera persona: “Que la vida es hoy. El presente es lo único que existe y el futuro es incierto. Vivir cada día con plenitud y responsabilidad”.

Dar lo mejor en la adversidad

Las enfermeras Carlota Domínguez y Rosa María Villar Liste trabajan en Reanimación del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela (Galicia, España) y les ha tocado vivir y aprender de la experiencia del paciente covid.

De acuerdo con informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en colaboración con el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) y la campaña Nursing Now, lanzado en el marco del Día Mundial de la Salud 2020, hay cerca de “28 millones de enfermeras y enfermeros del mundo, quienes representan más de la mitad de todos los trabajadores de la salud a nivel mundial”.

Para Carlota Domínguez, desde la perspectiva laboral, en la pandemia ha sido gratificante el trabajo en equipo.

En esos días, cuando el trabajo fue más duro, éramos un verdadero equipo, dispuesto a aprender a cada momento sobre nuevas técnicas y medicaciones”.

Reivindica ese valor del esfuerzo compartido: “Como enfermera aprendí que con un buen equipo todo trabajo, por malo que sea, se hace mejor”.

Ya fuera del trabajo, señala, el apoyo recibido por la sociedad era muy emocionante. “Por primera vez sentías que la sociedad valoraba lo que hacías y el riesgo al cual te sometías”.

Sin embargo, reconoce que “a la primera de cambio”, se vuelve a infravalorar la profesión sanitaria.

Este virus ha significado un desafío, en particular al principio cuando poco se conocía.

Desde la perspectiva familiar, el temor persistente es el de llevarlo a casa.

“Además, los pacientes en una Unidad de Cuidados Críticos como en la que trabajamos, requieren cuidados constantes, específicos y a veces urgentes. Así,  el estrés que habitualmente ya hay en estas unidades, se multiplica por el miedo y la incomodidad del equipo de protección que llevas puesto.

A eso le añadimos la vida fuera del trabajo, con constante información que te bombardea por todos lados y que tu cabeza ya no sabe gestionar. Y una familia a la que quieres proteger y con la cual no puedes desahogarte para evitarles preocupaciones”.

Una lección importante de esta pandemia “es que no somos mejores personas como se decía. La gente que ya era buena puede ser mejor, pero quien era inconsciente, de mente cerrada y egoísta, sigue siendo así y no les importa si con sus actos perjudica”.

En lo personal, “procuro cada día llegar al trabajo con una sonrisa”.

En los niños ve una lección tremenda: “Cuando los mayores nos quejábamos porque no se podía salir, ellos hacían sus deberes y seguían sus clases como podían. En estos momentos, cuando asisten a sus clases con sus mascarillas, aislados de sus compañeros y con unas restricciones importantes, nos dan lecciones de civismo”.

Rosa María Villar Liste recuerda el inicio de la pandemia: “Estábamos expectantes, nerviosos y preocupados pensando en lo que se nos venía encima y sin la menor idea de lo que sucedería. Cuando llegó el primer caso a mi unidad y empezamos a trabajar con él, ya no tuvimos tiempo para pensar en nosotros. Fueron llegando más ingresos y así fue nuestro día a día. Agotador”.

Rosa María Villar Liste

Su mayor preocupación ha sido su familia: “Me daba miedo contagiar a mi marido y dormíamos separados; mi hija estaba en su casa y no la podía ver. A los mayores, como mi madre o mis tíos, les dejaba las mascarillas en el buzón de cartas para no acercarme. Tampoco les podía contar mis agobios para que no sufrieran”.

Lo mejor, afirma, el equipo de trabajo: nos ayudamos los unos a los otros.

“Lo peor: La gente que no se acerca a ti porque eres sanitario y además te lo dice”.

Le preocupa en esta batalla el individualismo de la humanidad, si bien hay personas “que ayudan unas a otras y luchan por el bien común”.

A ellos, enfermeros y enfermeras, que han luchado por salvar y sanar, junto con el equipo de médicos, siempre en la primera línea, gracias por cada paciente que hoy, en familia, podrá decir:

¡Adiós 2020; bienvenida otra oportunidad de soñar!

Violeta Villar Liste
redaccion@lawebdelasalud.com

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