El libro Docentes que inspiran, editado por el historiador Carlos Giménez Lizarzado y auspiciado por Universitas Fundación y la Fundación Buría, incorporó un artículo dedicado a Nelson Fréitez (Q.E.P.D), autoría del Dr. Francisco «Larry» Camacho. En este espacio se reproduce, por cortesía del autor y en memoria de Nelson Fréitez, este texto que retrata su vida con propósito. Ha partido: queda su obra, su huella y su esencia
Por: Francisco “Larry” Camacho

Francisco «Larry» Camacho es profesor categoría titular de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, Barquisimeto, Venezuela. Licenciado en Comunicación Social , magíster scientiarum en Historia, y doctor en Historia. Ha sido periodista y fotógrafo de diversos medios impresos en Venezuela. Desde 2016, es el director de Mayéutica revista científica de humanidades y artes, del Decanato Experimental de Humanidades y Artes de la UCLA. (Arbitrada e indexada).ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0528-9523
Ya no volveremos a oír en vivo el vozarrón del profesor Nelson Fréitez Amaro. La escucharemos en nuestra mente y espíritu cada vez que hablemos de él y ratifiquemos el crédito del hombre valiente que fue. Se apagó la luz de uno de los más conspicuos defensores de los derechos humanos en Venezuela en un tiempo de justicia transgredida.
Nelson tenía elevada estatura, física y moral. Quizás por eso, cada vez que hablaba a uno le quedaba la sensación de que esa voz que venía de lo alto parecía más fuerte de lo que realmente era. Ni qué decir de su sentido del humor y de lo que para muchos, como yo, fue su amistad sincera.
El que sigue, es un texto que escribí en 2019 a modo de homenaje a un grupo de profesores de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado de Barquisimeto, entre los que estaban Nelson Fréitez. El libro Docentes que inspiran, fue editado por el historiador Carlos Giménez Lizarzado y auspiciado por Universitas Fundación y la Fundación Buría.
Algunas líneas han sido modificadas.
¿Será verdad que la violencia es la partera de la historia? ¿Por qué no decir que la violencia es también partera de la violencia? ¿No es una contradicción en sí misma la palabra “ajusticiamiento”? ¿Cómo puede ser cosa de justicia la muerte de un ser humano a manos de otro por una vendetta o como método de profilaxis social? Cuando se sale de control, la violencia arrastra consigo a la vida, minimiza la dignidad. Sino se le detiene a tiempo, el dolor se adueña del alma, la impunidad se naturaliza y la venganza se impone como lógica de resarcimiento.
Para el sociólogo Nelson Fréitez Amaro estos temas deben ser parte de la agenda universitaria y por eso, desde 2009, cuando comenzó la serie de “ajusticiamientos” en el estado Lara perpetrados por funcionarios policiales, él impulsa la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la UCLA.
La realidad del país ha redimensionado la lucha por la defensa de los derechos humanos en los últimos años. La precariedad de los servicios públicos, la muerte que puede evitarse de miles de pacientes crónicos, la desnutrición, las enfermedades endémicas, la prisión de personas por razones políticas o por exigir condiciones de vida dignas, los niños que fallecen en los hospitales esperando un trasplante de médula o contaminados por bacterias, los ajusticiamientos policiales, las migraciones forzadas, activan la solidaridad como mecanismo para enfrentar el miedo.
En 2017, fueron asesinadas decenas de personas durante las protestas contra el Gobierno. Estas razones llevaron al profesor Fréitez y a otros activistas a crear la Red de Derechos Humanos del Estado Lara (Redhlara), que agrupa a 17 organizaciones.

Las psicólogas de Redhlara dicen que en Venezuela hay una tortura psicológica masiva por privación crónica de los servicios públicos. Hay miedo, y mucho, pero hay que hacerle frente y es mejor ir acompañado. Así lo han entendido los pacientes renales, de VIH, Parkinson y cáncer, que se han organizado e integran la Red, en la que también están la Vicaría de Derechos Humanos de la Arquidiócesis de Barquisimeto, la Fraternidad Dominica, los capítulos en Lara de Transparencia Venezuela, el Observatorio Venezolano de la Violencia, el Observatorio de Prisiones, Funpaz y el Movimiento Vinotinto, entre otras.
La sensibilidad por estos asuntos es de larga data en el sociólogo Nelson Fréitez, quien se hizo docente ordinario de la UCLA en 1990, como responsable de la cátedra de Sociología del Trabajo en el antiguo Decanato de Administración y Contaduría.
Su formación en la Universidad Central de Venezuela, tutelada por destacados profesores como Evangelina García Prince, Rigoberto Lanz, Roberto Briceño León y Efraín Hurtado, más sus inquietudes tempranas por la literatura (El Túnel de Sábato le despertó el interés por nuevas formas de imaginación) y el conocimiento de los fenómenos sociales, forjaron su espíritu de compromiso con los más vulnerables.
En la UCV, la influencia de la izquierda marcó a varias generaciones de estudiantes, Fréitez no fue la excepción.

El Mayo Francés, el movimiento hippie en contra de la guerra de Vietnam, la masacre de Tlatelolco (México), la invasión de la Unión Soviética a Checoslovaquia, la revolución cubana, el fracaso de la lucha armada en Venezuela, la teología de la liberación, eran temas de debate en la comunidad universitaria. Así se maceró el sentido crítico de aquel espigado barquisimetano de voz gruesa que asombraba a sus profesores y condiscípulos con sus historias de la zona de El Manteco, donde creció y se hizo hombre.
A los universitarios les llamaba la atención la vida de ese joven formado en un liceo católico que les describía detalladamente cómo curarse de los males del alma y el cuerpo con yerbas, la cotidianidad de los lupanares, las peleas callejeras de los caleteros o las relaciones comerciales de los mayoristas que distribuían alimentos para el centro y oriente de Venezuela.
En 1980, regresa como el sociólogo Nelson Fréitez a Barquisimeto y se vincula a movimientos sociales de izquierda, a los grupos cristianos de base, a la Unión Cultural de los Barrios las comunidades y a que buscaban solución a los problemas que no atendía el Estado, como el del hundimiento de viviendas en La Ruezga.
Participa con Juan Arcadio Rodríguez en los foros organizados en el Cine Club Amábilis Cordero. Vive la experiencia del encuentro de creadores culturales Aquiles Nazoa y los foros en defensa de la ciudad que le permiten codearse in situ con formas de participación ciudadana. Trabaja como profesor en el antiguo Ciclo Básico Superior y en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador.
En 1983, ingresa a la Fundación para el Desarrollo de Centroccidente (Fudeco), donde desarrolla una extensa labor en el asesoramiento a organizaciones populares, la planificación y la investigación del desarrollo social de la región.
Nelson Fréitez es magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar), doctor en Estudios del Desarrollo (Cendes UCV) y es autor de libros y artículos publicados en revistas especializadas sobre el desarrollo social y las economías alternativas. Es miembro del Centro Gumilla y entre sus experiencias en la Universidad, destaca la consolidación del vínculo entre la UCLA y Cecocesola, la más grande red de cooperativas del país que tiene su centro de operaciones en Barquisimeto. Esta organización creó su propia cátedra libre en la UCLA.
En los espacios de Cecosesola, profesores y estudiantes han llevado a cabo investigaciones y trabajos de extensión.
“Empezamos con una consulta para ver en qué podíamos serles útiles, ese estilo facilitó el diálogo. De allí salieron trabajos de grado, estudiantes motivados, eso oxigenó a la Universidad, no se trataba de cualquier institución. A Barquisimeto vino el filósofo Humberto Maturana a ver cómo funcionaba el cooperativismo venezolano, también estuvo Luis Razeto, teórico de la economía solidaria y la gente de los “Sin Tierra” de Brasil.
“Un muchacho de El Trompillo viajó a Egipto como asesor de las autoridades de aquel país para instalar una feria de consumo de alimentos en El Cairo”, dice orgulloso el profesor Fréitez, artífice de ese proceso interinstitucional UCLA-Cecosesola.
La Cátedra Libre de Derechos Humanos de la UCLA y Redhlara han tenido un papel preponderante en la lucha contra la impunidad en el estado Lara.
Las cadenas humanas alrededor del Edificio Nacional (sede del Poder Judicial), el teatro de calle, los viacrucis en Semana Santa y el levantamiento de informes sobre la emergencia humanitaria compleja y la violación de derechos humanos, han tenido eco en los organismos multilaterales.
Su trabajo es reconocido por la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos.
Han logrado un acuerdo con el Colegio de Abogados para crear una clínica jurídica que permita emprender acciones judiciales colectivas, de manera gratuita, para las víctimas de la violencia. Esta tarea conlleva riesgos. Fréitez y su esposa, Yonaide Sánchez, representante de Transparencia Venezuela, han sido objeto de amenazas e incursión a su vivienda de donde unos extraños sustrajeron solo las computadoras de trabajo.
La información estaba respaldada, pero a su casa han entrado en dos oportunidades.
La advertencia de que desistan de su tarea de denunciantes persiste a través de llamadas telefónicas; ambos siguen en pie de lucha. Como muchos, Fréitez pone su empeño por mantener viva a la Universidad.
Por: Francisco “Larry” Camacho


