Escribir es un trabajo, un oficio, el más viejo del mundo —por encima del consabido—, porque contar historias es un vicio humano y hasta una necesidad
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña pcrenes@gmail.com

Artículo por: Pedro Crenes Castro

Hay quien cree que se pueden escribir artículos, prólogos, pedir participaciones e incluso hacer viajes a coste cero, como si el arte de escribir en sí mismo pagara las facturas o quitara el hambre
Oficio y beneficio
Quizás no lo parezca por lo rutilante de las portadas, lo glamuroso que de responder a una entrevista, o por aquello de que vienen a que les firmes un ejemplar, pero lo cierto es que escribir es un trabajo, un oficio, el más viejo del mundo —por encima del consabido—, porque contar historias es un vicio humano y hasta una necesidad, pero la maldita democratización (no la democracia) ha conseguido que su verdadera esencia, su carácter irreductible en tanto que pasión que transforma todo, se haya convertido en un pasatiempo.
Fíjense si es un trabajo que hasta existen entidades dedicadas a la defensa de los derechos de los escritores, derechos sobre su obra, que evitan que se exploten sin su consentimiento, y que protegen de robos intelectuales y demás peligros para el trabajador de las letras, a lo que hay que sumar un olvido peligroso: hay que pagar a los escritores. Hay quien cree que se pueden escribir artículos, prólogos, pedir participaciones e incluso hacer viajes a coste cero, como si el arte de escribir en sí mismo pagara las facturas o quitara el hambre. No hay nada más falto de respeto.
Miren esta cita de Ernst Jünger, de su libro El autor y la escritura: «El autor, más que nada, necesita tiempo. Si dispone de él, estará satisfecho aún en “la choza más pequeña”.
El dinero tiene importancia para él solo en la medida en que le pueda garantizar el tiempo. La manera como lo distribuye, si trabaja de día, de noche, mucho, poco, nada (eso quiere decir, medita) es asunto de él.
Depende de su estado de ánimo y de su manera de vivir, y también de su disciplina. La obra lo mostrará». Queda claro que la decisión de cómo vivir para producir su obra está, o debe estar, en sus manos, no en las falsas ideas de productores de espacios o artefactos «culturales» que le demandan su tiempo sin remuneración.
Ha llegado el momento de que la Cultura panameña, respete y pague a los que trabajan escribiendo.
Hace tiempo, un buen amigo escritor me dijo que el que trabaja escribiendo y no cobra por ello no tiene un trabajo, tiene un pasatiempo. Como mucha «gente que escribe» no cobra, las entidades culturales, por lo general, no ofrecen para pagar los servicios requeridos ni una contraprestación, por mínima que sea. Se espera voluntariedad por parte del escritor, y se les afea que hablen de cobrar.
Las economías naranjas, tan de moda, cuentan con esa voluntariedad del escritor y sus aledaños para abaratar costes, lo cual nunca es justo.
En una jornada como la de hoy, donde se recuerda descansando el Día del Trabajo, no pierdan de vista estas reflexiones sobre el oficio de escribir. Es un vicio leer y escribir, pero cada escritor decide cómo y de qué manera dispone de los frutos que eso genere. Puede regalarlo a quien quiera, y a quien quiera debe cobrarle, y todos debemos estar dispuestos a escuchar hablar del «vil metal», de dinero, de plata.
No es un pasatiempo, es un trabajo, y a la cultura panameña le conviene asumirlo cuanto antes.
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | pcrenes@gmail.com

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.

