Panamá, biodiversidad que cura

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Ser el vigésimo octavo país más diverso del mundo, con 10,444 especies de flora, entre otros atributos de la naturaleza, son garantía para que Panamá se convierta en una fábrica natural de agentes químicos medicinales.

La prueba es la reciente patente concedida a la mezcla de componentes químicos obtenidos de una planta para producto de tipo herbario, “que por su mecanismo de acción a nivel molecular tiene propiedades antihipertensivas y de protección de la integridad del endotelio vascular”.

La Dra. Catherina Caballero-George, coordinadora del Centro de Innovación y Transferencia de Tecnología (ICITT) del  Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá (Indicasat-AIP), conversó sobre los alcances de este estudio que lidera y todavía está en proceso, pero con cuya patente queda protegido en beneficio de la innovación de la ciencia panameña.

Cabe señalar que  su grupo de investigación nació en el 2007 como Unidad de Farmacología y con la misión de estudiar nuevas fuentes de medicamentos antihipertensivos, en este caso, plantas terrestres y microorganismos de ambientes marinos.

En 2016, al extender su alcance a los entrenamientos sobre identificación y manejo de la propiedad intelectual y al emprendimiento desde la academia, pasan a denominarse ICITT.

Caballero-George dio a conocer los alcances de este nuevo fármaco, cuyas propiedades investiga junto a su equipo, en el reciente conversatorio virtual Bioprospección: El largo camino de la naturaleza a la farmacia,  organizado por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt).

También intervino la investigadora, Dra. Laura Patricia Patiño Cano, quien habló sobre la Biodiversidad y la bioprospección: una relación de interdependencia y condición para hacer posible estos avances de Panamá, asociados a la riqueza de su ecosistema.

La Dra. Caballero-George explicó a este medio que con respecto a la invención, estamos hablando de “un producto de tipo herbario que por su mecanismo de acción a nivel molecular tiene propiedades antihipertensivas y de protección de la integridad del endotelio vascular. Se utilizan las partes aéreas de una especie de planta del género Cecropia”. 

Ahora bien, antes de la aprobación de este medicamento como antihipertensivo, es preciso “completar las etapas de desarrollo y la de investigación”.

En cuanto a la etapa de desarrollo, dijo que todavía es preciso trabajar en otros aspectos del desarrollo de un fármaco, como por ejemplo en su incorporación en una forma farmacéutica óptima.

Con relación a la fase de investigación “hay que evaluar su actividad medicinal en la forma farmacéutica que se escoja tanto en animales de laboratorio y posteriormente en sujetos humanos ”.

Aclaró que en la actualidad “lo protegido es la aplicación medicinal, el método de extracción y la proporción de la mezcla de los componentes químicos obtenidos de la planta”.

Ahora bien, la rapidez de aprobación de un medicamento de origen natural, señaló, dependerá de la manera en la cual se va a producir.

En el caso de este anti-hipertensivo y protector vascular, se propone producirlo como un medicamento herbario o fitofármaco. Esto sería ventajoso para llevarlo a los grandes mercados como el europeo donde los lineamientos establecidos para obtener la autorización de mercadear estos productos promueven la confianza de sus consumidores y fortalece su comercialización en la región.

Ante consulta sobre sus posibles efectos adversos, dijo que aun cuando el origen sea de elementos naturales, “no quiere decir que carezca de efectos adversos o incluso tóxicos. Esto debe ser evaluado para cada caso. Por ejemplo: una planta que es inocua para la mayoría de las personas, puede causar un efecto adverso en una persona que simultáneamente toma otro medicamento”.

En este caso en particular, precisó, los componentes usados en la invención han estado presente en los preparados tradicionales que se han utilizado para tratar otras afecciones de salud, sin haber reportes de toxicidad. Adicionalmente, no se conoce toxicidad para los componentes activos, por lo cual no se esperan efectos tóxicos en el producto.

Sin embargo, detalló, cuando se desarrolle el prototipo del fármaco, es decir el producto final, con los componentes medicinales de origen natural incorporados en la concentración necesaria, se tendrán que realizar pruebas de toxicidad.

En el conversatorio reflexionó que la bioprospección genera un gran abanico de beneficios, que los mismos métodos analíticos y complejos análisis estadísticos que se desarrollaron para hacer el control de calidad del nuevo fitofármaco, sirvieron para reforzar la identificación taxonómica de especies nuevas, se logró hacer transferencia de tecnología entre las instituciones colaboradoras nacionales e internacionales, se capacitó recurso humano y se reforzaron las sinergias colaborativas entre las instituciones, con lo cual la parte comercial es solo un beneficio añadido.

Panamá, el regalo de su biodiversidad

Lograr medicinas de base natural solo es posible si la materia prima está disponible y Panamá tiene el regalo de su naturaleza.

La Dra. Laura Patricia Patiño Cano, durante el conversatorio, Bioprospección: El largo camino de la naturaleza a la farmacia,  organizado por la Senacyt, mostró una curiosa relación inversa entre patentes de bioprospección y recursos naturales.

De hecho, los países con mayor cantidad de patentes, fármacos o registros asociados a bioprospección, son los que tienen menos diversidad, mientras los de mayor biodiversidad no aprovechan este potencial, sea por el acceso a los recursos económicos, la ausencia de políticas bien delimitadas o la falta de recurso humano.

La investigadora aclaró que el concepto de biodiversidad vigente es del año 1992 y, al respecto, el Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas lo definió así:

La variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos entre otras cosas, los ecosistemas terrestres y marinos y otros ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de los que forman parte; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y los ecosistemas.

Panamá, al respecto, en 2017, definió su Estrategia Nacional de Biodiversidad y Plan de Acción 2018-2050.

La Estrategia identifica presiones que afectan la biodiversidad del país, entre otras, la deforestación, la contaminación, cambios en el uso y climático y la expansión de la frontera agrícola.

De igual modo, se proponen como respuestas la atención a cinco áreas: Conservación y restauración; Integración y gobernanza; Reducción de presiones a la biodiversidad; Uso y manejo sostenible; Conocimiento, conciencia y educación ambiental.

Sin embargo, solo se tenía previsto destinar 9% del presupuesto, conforme a este Plan, a temas de investigación y divulgación, indicó la experta, quien destaca la necesidad de una distribución equitativa de los recursos, en particular porque Panamá cuenta con personal humano valioso y materia prima suficiente para la investigación.

También estudios del Instituto de Investigación Agropecuaria de Panamá (Idiap) establecen como meta incorporar “la importancia de la diversidad de las especies vegetales y la necesidad de su conservación en los programas de comunicación, educación y concienciación al público”.

Como ya se explicó, Panamá es el vigésimo octavo país más diverso del mundo, con 10,444 especies de plantas, una proporción de 3.63% con respecto al mundo.

De acuerdo con los estudios, indica la especialista, más de 800 millones de personas en condición de pobreza pueden mejorar su calidad de vida si se invierte en naturaleza y, por tanto, en plantas medicinales.

Señala que el descubrimiento de nuevas medicinas a partir de la naturaleza es un largo camino que comprende la recolección, los bioensayos, la identificación del compuesto activo, pruebas en animales y clínicas en humanos hasta producir el medicamento.

Panamá, observó, no ha llegado todavía al sitial esperado por el costo tan elevado de la transformación del producto en fármaco, además es preciso un marco regulatorio legal, claro y establecido con respecto a los beneficios de los productos que se obtengan, así como la posterior comercialización.

Patiño Cano también explica que “no hemos alcanzado un gran porcentaje de análisis y estudios acerca de todas las especies vegetales en el país y falta mucho en relación a riqueza marina y microorganismos”.

Justo la meta para 2020 era definir las áreas con mayor biodiversidad, siempre con apego al cuidado del ambiente, porque como bien destacó la investigadora en sus palabras finales:

las acciones a favor de la biodiversidad deben ser basadas en datos científicos validados, accesibles a la población y comunicados de forma educativa y creativa, con el objetivo de lograr la participación de todos los sectores de la sociedad en la búsqueda por reducir las presiones y principalmente conservar la biodiversidad que aún nos queda”.

Violeta Villar Liste
redaccion@lawebdelasalud.com

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