(Parte V) La consciencia humana: una perspectiva neurobiológica (Los trastornos disociativos)

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Dr. Miguel A. Cedeño T.

Un día del año 2006, en Westchester, Nueva York, Estados Unidos, un abogado de 57 años, y padre de dos hijos, líder de los Boy Scouts y religioso practicante, abandonó su auto en el garaje situado cerca de su oficina y desapareció.

Seis meses después lo encontraron viviendo con un nuevo nombre en un refugio para indigentes en Chicago, sin saber quién era o de dónde venía. Ni las búsquedas en archivos ni la policía de Chicago pudieron ayudarle.

Su verdadera identidad se desveló a través de una pista facilitada al programa America’s most wanted. Pero cuando su familia se puso en contacto con él, no tenía ni idea de quiénes eran.

Se trata de una alteración emocional inusual pero fascinante, conocida técnicamente como amnesia disociativa con fuga disociativa. Las personas con este problema abandonan su entorno físico habitual de manera repentina e inesperada y se embarcan en un viaje que puede durar sólo unas horas o hasta varios meses. Durante el estado de fuga, los individuos pierden su identidad por completo, y más tarde asumen una nueva.

No conocen su nombre real o nada de su vida anterior, y no reconocen a amigos o familiares. Puede que ni siquiera recuerden cómo llegaron a donde están. Por lo general este trastorno se ve precipitado por un estrés grave o un acontecimiento emocionalmente traumático tan doloroso que la mente parece desconectar y borrarlo todo, como un disco duro fallido.

Sin embargo, los pacientes que sufren esta afección acaban recuperando la memoria, por lo general de manera tan abrupta como cuando desaparecieron los recuerdos. En el caso del abogado de Westchester, quien había perdido todo recuerdo de su vida anterior, su esposa ofreció información de antecedentes que indicaban que la amnesia podría tener su origen en un estrés postraumático prolongado.

Era un ex-combatiente de Vietnam que había paseado entre las Torres Gemelas del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, minutos antes de que se estrellara contra ellas el primer avión. Más tarde sufrió un retorno de dolorosos recuerdos de su experiencia en la guerra y fue sometido a un tratamiento para la depresión. (El País. Mayo. 2007).

Según la clasificación del DSM-V (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), la amnesia disociativa, con fuga o sin fuga disociativa, pertenece al grupo de los trastornos disociativos, un grupo de desórdenes que suponen una desconexión y falta de continuidad entre pensamientos, recuerdos, entornos, acciones e identidad.

Una persona que sufre trastornos disociativos escapa de la realidad de formas involuntarias y poco saludables, lo que causa problemas con el funcionamiento diario. Sin embargo, a pesar de que tanto la lucidez como la consciencia del yo resultan bastante afectadas en estos trastornos, dicha afectación resulta reversible, lo que indica que no hay una pérdida definitiva de la consciencia sino un debilitamiento de la misma.

El DSM-V incluye además en este grupo de patologías al trastorno de identidad disociativo (anteriormente conocido como personalidad múltiple, en el cual el paciente alterna dos o más yo distintos, existiendo una pérdida de memoria para una cantidad importante de información relativa a las otras identidades), los trastornos por despersonalización/desrealización (presencia de periodos persistentes de distanciamiento de uno mismo, o de sentirse como un observador ajeno, manteniéndose intacto el sentido de la realidad), además de otros trastornos disociativos especificados y no especificados.

La disociación patológica es un complejo y heterogéneo fenómeno, que se ha relacionado estrechamente con factores estresantes. La misma puede ser una estrategia protectora para hacer frente a las emociones abrumadoras en situaciones traumáticas y estresantes.

El costo de este desapego subjetivo parece ser una interrupción de las funciones mentales que son cruciales para el desarrollo de la identidad, el autocontrol y la regulación de las emociones.

La amnesia disociativa es uno de los trastornos psiquiátricos más enigmáticos y controvertidos. La mayoría de las amnesias disociativas son retrógradas, con alteraciones de la memoria que involucran principalmente el dominio de la memoria episódica-autobiográfica.

Staniloiu y H. J. Markowitsch refieren que los estudios de neuroimagen funcional de la amnesia disociativa, con deterioro de la memoria retrógrada predominante, muestran cambios en la red que sirve a la memoria autobiográfica.

Las alteraciones de la memoria anterógrada sin alteración de la memoria retrógrada son muy raros. Sostienen ellos que en general, los resultados de los estudios de neuroimagen funcional sugieren una interrupción de la conectividad prefrontal-temporal o una disfunción cortico-límbica, que ha sido identificada en otros trastornos disociativos que involucran síntomas conversivos (ceguera o parálisis musculares) o relacionados con el estrés.

Los cambios en la integridad de la sustancia blanca pueden subyacer a esta interrupción. Aun así, la baja actividad observada en imágenes de estructuras importantes para la transferencia de semántica e información episódica-autobiográfica a la memoria de largo plazo (formación del hipocampo y tálamo) podría tener en cuenta los déficits de memoria anterógrada (The Lancet. Volume 1, Issue 3, August 2014, Pages 226-241).

Annegret Krause-Utz y su grupo, proporcionan una descripción general de los modelos neurobiológicos e investigación de neuroimagen de la despersonalización, del desorden de identidad disociativo y de la despersonalización que puede ocurrir en el trastorno de estrés postraumático.

 Ellos sugieren un vínculo entre los síntomas disociativos y las alteraciones en las regiones cerebrales asociadas con procesamiento de emociones y memoria (amígdala, hipocampo, circunvolución parahipocampal y el giro temporal medio/superior), atención y conciencia interoceptiva (ínsula), filtrado de la información sensorial (tálamo), procesos autorreferenciales (corteza cingulada posterior, precuneus y corteza prefrontal medial), control cognitivo y modulación de la excitación (giro frontal interior, corteza cingulada anterior y cortezas prefrontales laterales). (Curr Psychiatry Rep (2017) 19: 6).

El hecho de que algunos pacientes con trastornos de estrés postraumático y de pánico cursen con despersonalización y desrealización, pone de manifiesto el papel de la memoria retrógrada y el potencial de alterar, en forma reversible, el funcionamiento de las áreas corticales asociativas de la emoción miedo.

Por último, y relacionado con lo anterior, debo resaltar que los trastornos disociativos pueden sobrevenir cuando la disociación se utiliza como una forma de sobrevivir a un trauma complejo y sostenido durante la infancia, cuando el cerebro y la personalidad aún se están desarrollando.

Por lo tanto, estos desórdenes forman parte del grupo cuyo origen puede iniciarse por traumas en la infancia y que luego pueden emerger en etapas posteriores de la vida

Dr. Miguel A. Cedeño T.

El autor de este texto es el doctor Miguel A. Cedeño T., psiquiatra y catedrático de Psiquiatría Clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. 

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