Raisa Calderón, una escritura con pie en tierra

Violeta Villar Liste

Ganar la tercera edición del Premio Tristán Solarte de Novela Negra, 2021, del Festival Panamá Negro, con el libro Una disculpa pública, fue para la autora panameña Raisa Calderón un honor y un festejo íntimo.

Recibir el Premio Tristán Solarte es un honor muy grande. Quien conoce la trayectoria de Guillermo Sánchez Borbón (1924-2019) como escritor, comprende la grandeza de este galardón.

Cuando me anunciaron el premio no podía creerlo: lloré, reí, bailé, pasé noches sin dormir.

Si antes del premio estaba comprometida con mi trabajo, ahora el compromiso crece aún más. Le pido a Dios que me permita seguir en este oficio con los pies en la tierra, con mucha humildad y la creatividad e imaginación volando”.

Los miembros del jurado, el panameño Ernesto Endara, el cubano Rafael Grillo y el español Álvaro Valderas, destacaron la limpieza y el manejo del lenguaje y, “en la mejor tradición de los thrillers, capta la atención del lector y lo mantiene en tensión hasta un final, que abre la posibilidad de una secuela” :La luz que trae el género negro a la FIL Panamá 2021


Raisa Isbeth Calderón Cádiz de Real nació en San Félix, provincia de Chiriquí, el 6 de agosto de 1975.Escritora, relacionista pública, asesora de imagen personal y profesional, y especialista en protocolo y ceremonial.

Danae Brugiati Boussounis, educadora y traductora, elogia en reciente artículo publicado en La Estrella de Panamá, el trabajo de la autora de Una disculpa pública, quien “ha creado un personaje característico de la novela policial: investigador nato y por convicción, al mejor estilo del inspector Jules Maigret de Georges Simenon (Bélgica), o de Hercules Poirot de Agatha Christie (Inglaterra), quien despliega sus dotes de astucia, inteligencia, perseverancia.

Es físicamente atractivo, sano y fuerte. Su conducta es ejemplar, clara, directa, incorruptible, cuyas cavilaciones sobre él o los posibles asesinos dejan al descubierto claves sobre el ser humano en general en el Panamá de hoy”, describe.

Calixta y Farfalla

“Hola, papá, tú no me conoces ni quieres saber de mí, pero me encantaría saber quién eres.

Te cuento que aquí en casa todo sigue igual desde aquel día que mamá te dio la noticia y te mostraste indiferente. Le respondiste que yo era solo una pequeña célula alojada en tu vientre. ¡No sabes cuánto me dolió!

Llevo años preguntándome por qué, y no hallo una respuesta para tan pequeña y compleja interrogante”.

Este fragmento forma parte de Calixta, la primera novela de Raisa Calderón, momento fundacional de esta escritura anclada en tierra de las realidades sociales que acompañan al ser humano y que la pandemia acentuó.  

“Es mi primera novela y le tengo mucho cariño.  Es una historia muy humana, edificante.

Encontrarás en la trama familias funcionales y disfuncionales, en medio, la niña, la adolescente, la mujer que tiene que aprender a vivir con su realidad, aceptarla, pero sin dejar de soñar y, lo mejor de todo, cerrar ciclos, perdonar y seguir su camino”.

Le sigue a esta primera escritura, Farfalla, una novela juvenil corta que toca el tema del acoso escolar. Otro modo, de parte de la autora, de estar pie en tierra, del lado social, sin dejar de imaginar.

Eva María interviene a tiempo para evitar que su hijo se quite la vida agobiado por el acoso escolar. Tú no sabes lo que se siente que te hagan bullying, le dicen sus vástagos adolescentes, que la perciben como una mujer exitosa que nunca ha tenido tropiezos de esa índole, pero ella, mejor que nadie, sabe lo que siente. Entonces los reúne en la terraza y mientras saborean una deliciosa taza de chocolate bajo un manto de estrellas, Eva María, Farfalla desempolva sus recuerdos”.

La autora cuenta que Farfalla fue aprobada por el Ministerio de Educación (Meduca) para su lectura desde 7° a 12° grado de educación premedia y media.

La línea que se cruza

-¿Cómo surge el interés por cultivar su escritura desde el género negro?

-Fue un reto impuesto por mí misma. Me gusta leer de todo, pero me fascinan las novelas, en especial el género negro, porque cuando la trama está bien urdida crece el interés del lector por saber qué va a suceder, hay una conexión, una complicidad entre el escritor y los lectores.

También existe un trabajo de investigación detrás de este género para dar vida al protagonista y antagonista, sobre todo, que despierta curiosidad, el misterio que envuelve la naturaleza humana. ¿Qué lleva a una persona a cruzar esa línea?, ¿Albergamos todos, un asesino dentro?

-¿Cuáles autores han influido en su escritura?

Una disculpa pública arranca con la frase “Los delincuentes pobres son los villanos de la película; los delincuentes ricos escriben el guion y dirigen a los actores”. La parte crítica y el valor para denunciar temas de carácter social fue influenciada por el escritor Eduardo Galeano.

Con respecto al aspecto policial me gustó mucho la novela Asesinato en el Orient Express de Agatha Christie y, de la saga milenium, Los hombres que no amaban a las mujeres de Stieg Larsson.

-¿Cómo surgió el trabajo de elaboración de Una disculpa pública y qué aspira a reflejar más allá del misterio que el género siempre contiene?

-A inicios del año 2017 comencé a escribir Una disculpa pública; el nombre lo tuve claro desde el principio. La sociedad darwiniana en que vivimos fue abonando poco a poco los elementos que entretejen la trama de este libro.

“Una vez terminé el borrador original lo imprimí y lo guardé en una gaveta. Allí estuvo hasta 2019, se lo pasé a un amigo escritor y él me dijo: “Pero esto es exactamente lo que está ocurriendo. ¿Qué estás esperando para publicarlo?”  

La imaginación, de nuevo, volando, y los pies en tierra.

En la duda del destino final del libro, llegó la covid-19.

“Fue justo en el lapso de pandemia, en las horas más inciertas, cuando Una disculpa pública se convirtió en un refugio, una válvula de escape que me mantuvo con la mente ocupada para no sucumbir ante la debacle sanitaria que nos golpeaba sin clemencia.

Durante esas horas inciertas terminé de pulirla, dándole el giro que tiene hoy día”.

“¿Has visto un cerdo volar? #cerdovolando» leyó en su teléfono celular con los ojos entreabiertos y un dolor molesto en el globo ocular que le pinchaba el cerebro. Dejó escapar un gruñido de oso endemoniado que llenó la habitación, y de inmediato sintió un lengüetazo, viscoso, caliente, que hizo contacto con su mano. Chokoreeto había acudido en su auxilio tras este escándalo, y se quedó muy cerca, jadeando, por si acaso. Le echó un ojo al despertador

Eran poco más de las seis de la mañana. Suspiró con brusquedad y maldijo su suerte.


—No tienen nada qué hacer y este maldito aparato ya no me permite disfrutar de un merecido descanso, ni siquiera un domingo —dijo, mientras hacía a un lado el celular.


Los domingos procuraba disfrutarlos al máximo: la organización del tiempo empezaba desde el sábado por la noche, cuando bajaba a Chokoreeto, alrededor de las diez, para que hiciera sus necesidades, y así podría dormir, al menos, hasta las siete de la mañana.


Los domingos eran sagrados, y eso la perra lo entendía, pues se habituaba con facilidad a los cambios. Ese era el único día que no estaba disponible para levantar cadáveres. Cuando Eddy, su hijo, llegaba de visita de fin de semana, intentaban pasarlo genial, para que el adolescente no se aburriera.

Se revolvió en la cama con intenciones de descansar un rato más, pero fue imposible.


—Si tú lo has visto, dime, entonces.


Los dos ganchos azules aparecieron en la pantalla de su móvil, el mensaje había sido recibido; sin embargo, no hubo respuesta. El número no estaba registrado entre sus contactos. Le envió la información a Cepeda para que investigara al respecto. Él era muy bueno para esas cosas”.


Fragmento de Una disculpa pública

-El premio y las sólidas palabras de la crítica reflejan una escritura en densidad. Imagino que es un compromiso para el próximo libro que vendrá. ¿Qué podríamos esperar? 

-Sí, definitivamente, constituye un compromiso. La segunda parte revela la identidad del asesino (a), así como los motivos que le llevaron a cometer los asesinatos.

Que el libro pueda convertirse en película, no lo descarta, siempre que no se desvirtúe el sentido de su escritura. “He leído algunos libros que han sido llevados a la pantalla grande o chica y se desvirtúa completamente la historia original”.

Reflexiona que “el oficio de escribir es muy complejo y a la vez gratificante. Cualquiera puede escribir un libro, que sea bueno o malo, he ahí el detalle”.

Mientras escribe la segunda parte de Una disculpa pública, celebra el aprendizaje diario sobre el oficio. El mundo de su pie en tierra le aporta materiales a una imaginación, que en los límites de lo real y lo ficcional,  promete seguir fascinando.