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Una mirada sexualizada del 1° de mayo

Día Internacional de los trabajadores, ¿y ellas dónde están?

Por: Hisvet Fernández

Hisvet Fernández es psicóloga social, feminista, activista de los DDHH de las Mujeres y los Derechos Sexuales y Reproductivos, directora del Centro de Capacitación para la Vida (Cecavid). Integrante de la Alianza Salud Para Todas. Coordinadora del Observatorio Venezolano de los Derechos Humanos de las Mujeres, núcleo Lara. 
@psicosexualhisvetf 
 hisvetfernandez@gmail.com
@psicohisvetfernandez

Reflexionando y viendo titulares a nivel mundial y nacional, sobre este 1ro de mayo, Día Internacional del Trabajo y de trabajadores y trabajadoras, observo con un dejo de tristeza, la omisión y exclusión manifiesta de las mujeres en la categoría Trabajo y en la forma de concebir a la clase trabajadora.

Hay una omisión exprofeso y también “naturalizada” de no mencionarnos o no incluirnos cuando de trabajo se trata.

Y esta omisión o exclusión también parte de nosotras mismas, porque tampoco nosotras nos hacemos visibles, de alguna manera, en esta fecha.

Es como si todo el mundo está de acuerdo que este día es el Día de los Hombres y que ellos son quienes componen la clase trabajadora: nosotras somos más visibles el Día de la Madre ya que se ha establecido culturalmente que mujeres y madres son palabras sinónimas al considerar que la maternidad es un destino, obligado, para todas las mujeres.

Son muy pocas las referencias laborales que se hacen de las mujeres los 1ros de mayo, aunque en la práctica las mujeres, somos parte importante de la población económicamente activa y estamos presentes en todos los oficios que existen, por más masculinos que nos parezcan.

Además las mujeres hemos jugado un papel importante en la lucha por la reducción de la jornada laboral a 8 horas cuya bandera de lucha, fue en el siglo XIX, por 8 horas de descanso, 8 horas de trabajo, 8 horas de recreación.  

En 1889 fue el gran hito del 1ro de Mayo, cuando la II Internacional resuelve declararlo como el día por la lucha internacional de las Jornadas de 8 horas de trabajo en honor a los “mártires de Chicago” pero hay que reconocer, todas las luchas que se habían gestado por parte de mujeres y hombres para alcanzar esa meta, que por cierto hoy se ve violada en casi todo el mundo laboral.

En el año 1908, más de 40,000 costureras se manifestaron por la reducción de la jornada de 10 a 8 horas, por el derecho al voto y a sindicalizarse. Incluso en una fábrica de Estados Unidos, se generó un incendio para que las trabajadoras abandonaran la medida de fuerza y lucha y al no abandonar sus puestos de trabajo, 129 trabajadoras resultaron muertas y son mártires, también de esta lucha.

Sabiendo que el ejercicio por parte de las mujeres de sus derechos económicos en el trabajo y los ingresos, beneficia la economía y el desarrollo sostenible de los países, las mujeres siguen siendo mayoría en las cifras de la pobreza, el desempleo, la falta de derechos sobre la tierra y la herencia, y principales víctimas de la discriminación y la explotación en el mercado laboral. Y como efecto las eternas ausentes en la conmemoración y celebración de cada 1ro de Mayo.

Es una realidad incuestionable que las mujeres ocupan más puestos de trabajo hoy en día y han entrado a estar en cargos más relevantes, tienen mayor participación en carreras universitarias, incluso en áreas tecnológicas y de las llamadas ciencias duras, donde se destacan porque obtiene iguales o mejores resultados académicos que los hombres.

Pero la paridad no se ve reflejada ni en los salarios entre ambos sexos para el mismo tipo de trabajo, ni en el reconocimiento para ambos sexos de su papel en el Trabajo como actividad económica.

Ejercer roles estereotipados como amas de casa, madres, cuidadoras por excelencia de las familias, pesan en las mujeres a la hora de incorporarse al mercado de trabajo y las sitúan en desventaja económica y social respecto a los hombres aún en estos tiempos.

Esta crisis económica, condimentada con la pandemia, afectará más a las mujeres y sus puestos de trabajo.  

Hoy se sabe que la mayoría de los puestos de trabajo perdidos por el confinamiento están vinculados a la hostelería, el comercio y el servicio doméstico, donde la mano de obra femenina es mayoritaria.

Sólo el 7% de los cargos ejecutivos que integran directorios de las grandes corporaciones mundiales son mujeres.

En Estados Unidos el índice llega al 15 por ciento y en Japón baja al 1 por ciento.

A pesar que en los países desarrollados, las mujeres producen casi el 40 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), sin contar el valor de las tareas domésticas que las colocarían en un porcentaje por arriba del 50% del PIB,  las mujeres seguimos siendo asociadas con el trabajo no remunerado, realizado por ser mujeres, madres, esposas y cuidadoras de manera “natural” y no ubicadas como Trabajadoras de la economía formal.

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