Los objetivos mundiales de la Estrategia para Acabar con la Tuberculosis y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible aún no se han alcanzado
Con información de la OMS
Los Estados Miembros de la 79.ª Asamblea Mundial de la Salud que se celebra en Ginebra (Suiza) del 18 al 23 de mayo de 2026, aprobó solicitar al director general de la OMS elaborar una estrategia para la tuberculosis (TB) posterior a 2030.
La propuesta se presentará a la Octogésima Primera Asamblea Mundial de la Salud en 2028.
La nueva estrategia contribuirá a orientar la futura respuesta mundial a la tuberculosis, teniendo en cuenta los avances científicos emergentes y las tendencias epidemiológicas actuales.
Esta estrategia reforzará la estrecha colaboración con la atención primaria de salud, el avance de la cobertura sanitaria universal y las agendas de seguridad sanitaria mundial, en preparación para la Reunión de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre la Tuberculosis de 2028.
La Asamblea también examinó un informe sobre la implementación de la Estrategia para Acabar con la Tuberculosis, en el que se destacaron tanto los avances como los desafíos.
Entre 2000 y 2024, la ampliación del tratamiento de las personas con tuberculosis salvó aproximadamente 83 millones de vidas, mientras que 2024 marcó el primer descenso en la incidencia de la tuberculosis tras la pandemia y los niveles de acceso a los servicios esenciales para la tuberculosis más altos jamás registrados.
A pesar de estos avances, la tuberculosis sigue siendo una de las principales causas de muerte por enfermedades infecciosas, y los objetivos mundiales de la Estrategia para Acabar con la Tuberculosis y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible aún no se han alcanzado.
Esto se debe a la financiación insuficiente crónica, las interrupciones causadas por la pandemia, la desigualdad, los conflictos, el desplazamiento forzado por el cambio climático y la vulnerabilidad.
Enfermedad hepática esteatósica, un desafío
Los delegados también aprobaron una resolución que reconoce la enfermedad hepática esteatósica (EHE) como un factor importante y creciente en la carga mundial de enfermedades no transmisibles (ENT).
La EHE, antes conocida como enfermedad del hígado graso, afecta a aproximadamente 1700 millones de personas en todo el mundo y es una de las causas de enfermedad hepática crónica de más rápido crecimiento a nivel mundial.
Esta afección está estrechamente relacionada con la obesidad, la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y otros trastornos metabólicos, mientras que la hepatopatía alcohólica sigue siendo un factor importante que contribuye a la carga global de la enfermedad.
Sin una prevención y un tratamiento eficaces, la hepatopatía hepática grave puede progresar a fibrosis hepática, cirrosis y cáncer de hígado, lo que ejerce una presión cada vez mayor sobre los sistemas de salud en todo el mundo.
Apoyo a quienes viven con hemofilia
Los Estados Miembros de la Asamblea Mundial de la Salud aprobaron una resolución que reafirma el compromiso de actuar contra la hemofilia y otros trastornos hemorrágicos, abordando las importantes deficiencias en el diagnóstico, el tratamiento y la atención a nivel mundial.
Se estima que casi el 70 % de las personas que viven con hemofilia permanecen sin diagnosticar.
La hemofilia y otros trastornos hemorrágicos dificultan la coagulación sanguínea, lo que provoca sangrado prolongado tras lesiones o cirugías y, en casos graves, episodios de hemorragia espontánea. Sin un diagnóstico oportuno y una profilaxis adecuada, estas afecciones pueden ocasionar graves complicaciones de salud, discapacidad y una menor calidad de vida.
Con información de la OMS

