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Por: Dr. José L. Cevallos MD, PhD

El Dr. José L. Cevallos MD, PhD es Médico Cirujano egresado de la Universidad Central de Venezuela (1963). Médico Especialista en Medicina Interna, UCV (1968). Médico Especialista em Endocrinología, Harvard Medical School of Medicine, Boston, USA (1971). Doctor en Ciencias Médicas (PhD), UCV (2003). Director del Laboratorio de Investigaciones Clínicas de la Facultad de Medicina, UCV (1975-presente)

Nos referiremos en esta entrega, a una hormona (H), segregada por el hipotálamo, e incorporada al torrente sanguíneo por el lóbulo posterior de la hipófisis, H que es menos conocida aún que la prolactina, me refiero a la hormona antidiurética.

La H antidiurética (HA), como su nombre lo indica, actúa sobre los riñones regulando el volumen de la diuresis, en forma tal que cuando por diversas causas esté ausente o deficitaria, se excretarían varios litros de orina al día, de allí que actúe también en consecuencia sobre la concentración de sodio en el organismo y el tono vascular.

En el hipotálamo ya mencionado, existen entre otros sensores de la presión sanguínea y del volumen de líquido circulante, expresando dicho control a través de la HA, de allí que cuando ingerimos muy pocos líquidos, la orina excretada está en mayor concentración, tomando un color ámbar oscuro (debido a la frenación de la diuresis por aumento de la HA).

Cuando es abundante el consumo de líquidos, la diuresis es muy abundante y la orina de aspecto claro como el agua (debido a la disminución de la HA). De lo contrario nos deshidrataríamos en el primer caso, y nos “inundaríamos” en el segundo, condiciones ambas riesgosas para la supervivencia inmediata del individuo.

En condiciones patológicas existen pues dos situaciones dependientes de la HA, que esté ausente o que se segregue en exceso.

En el primer caso, debido a causas traumáticas encefálicas, infecciosas e incluso inmunitarias, la manifestación más evidente es una diuresis excesiva del orden de varios litros al día, lo que causa una intensa sensación de sed que obliga a reponer el líquido perdido, ingiriendo grandes cantidades de agua, so pena de deshidratarse en forma aguda y morir.

Este cuadro clínico se conoce con el nombre de “Diabetes insípida”, en contraste con lo que ocurre en la Diabetes Mellitus descompensada, donde hay también un cierto grado de poliuria (diuresis abundante) y polidipsia (ingesta exagerada de líquidos), pero la orina en contraste es “dulce”, debido al exceso de glucosa eliminada por la orina, ante la falta de Insulina para que sea consumida por los tejidos.

Además de la falta absoluta o relativa de HA por causas ya mencionadas, existen situaciones en que la producción de HA es normal, pero los receptores renales de la misma no funcionan adecuadamente, lo que determina la presencia de un cuadro clínico semejante, aun cuando de menor intensidad,  llamado “Diabetes insípida renal”.

El tratamiento de la falta de HA, consiste en administrar compuestos semejantes, en forma constante y periódica por vía de aspiración nasal, a fin de controlar esa poliuria.

Esta situación es un verdadero “dolor de cabeza” para el paciente, pues además de los costos que dicho tratamiento conlleva, debe disponer siempre de un adecuado suministro de agua, ya que el control medicamentoso no siempre es 100 % efectivo.

 Existe también la condición opuesta: Exceso de HA, llamada “Secreción inadecuada de HA”, en donde el cuerpo retiene agua, con la consiguiente dilución de los minerales sanguíneos; condición más rara aun, que requiere por el contrario disminución de la ingesta de líquidos.

Por: Dr. José L. Cevallos MD, PhD