Eliette Ramírez, la escucha poética del amor

Por Melva Miranda

Comienzo con la evocación de esta frase de Amado Nervo, citada al principio del poemario Baladas para amantes sin rostro, de la poeta costarricense, Eliette Ramírez Alvarado: “Solo hay tres voces dignas de romper el silencio, la poesía, la música y el amor”.  Y es que ha valido la pena romper el silencio, para leer y escuchar la poesía de Eliette Ramírez, que tiene como eje central, a la mujer, al amor romántico-erótico. 

A partir de su propia experiencia como mujer, conocedora profunda de la naturaleza femenina, apoyándose en sus lecturas de los clásicos grecolatinos, su poética es una Oda al Amor.  Una oda al amor divino, materno, filial, pero sobre todo al amor erótico, romántico, que se establece entre dos personas que se aman.

Eliette Ramírez Alvarado, poeta nacida y residente en Costa Rica, es también autora de Nostalgia (1995); Simetría del silencio (1998) y Hoguera infinita (2006)

La primera parte, se titula: La Tríada del destino: Inquietante, perturbador para los que no conocen la mitología griega, ese amor entre Hera y Zeus; hermana y esposa al mismo tiempo. El amor profundo y violento del que son capaces, penetrados por la pasión, la traición y los celos.

A ella se le conoce como la esposa del dios del Olimpo y se le considera como la diosa del matrimonio y de la vida de la mujer. Por tanto, no es casual su nombre para formar parte de la Tríada de mujeres-diosas y semidiosas, escogidas por la poetisa Elliete Ramírez en esta primera parte del poemario.  Hera, junto a la Ninfa (Ninhercen) y la Centaura, permiten una lectura fascinante de los intrincados caminos del sentimiento amoroso-erótico. 

Aunque se apoye en ese discurso mítico-filosófico, considero que, en esencia, su poesía está anclada en la naturaleza humana, escudriñando quién es esa mujer de carne y hueso que ama, que vive, que sufre y que proyecta las mil y una cara del amor femenino, Del fragmento X de la I parte, al referirse a Ninhercen, la ninfa romana:

Enamorada del amor y de la vida, 

intolerante o paciente y, 

otras tantas generosa e

impredecible. 

En su poesía encontramos la manifestación de la pasión, con toda la sensualidad de la que es posible expresar con palabras. 

De la II Parte, titulada: La meditación de los centauros, de los fragmentos I, IV y V, extraemos algunos versos y estrofas reveladoras de su poesía erótica. 

“El bayo lienzo de tu cuerpo 

sobre la sombra de mi sombra 

amaneció.” (…)

“Tu sombra juega aferrada 

a mi sombra. 

Entrelazada memoria de los besos. 

Golpeteo de espumas, 

con su despeñadero de estrellas 

en el rumbo sin puertas del

horizonte. 

Fiera terneza emancipada 

adentrándose sin visa en la frontera

de mi sexo.”

La poetisa se vale de la naturaleza para abarcar esa sensualidad, para darnos una idea de su dimensión completa

De la III parte del poemario, titulada: Aromas de mar, del fragmento IV, el siguiente verso:

“Suspiro 

cuando escribes con tus labios 

ese poema que me gusta tanto 

en los puntos cardinales de mi

cuerpo”

En el fragmento XII, alude a la concepción humana de nuestra naturaleza divina: 

“El tiempo nos encuentra

hermanados 

descendientes de remotas

divinidades”.  (…)

“Entre los pinos, el soplo del

Creador sentimos”.

La IV parte de Balada para amantes sin rostro se titula: Ánforas Griegas. 

El Cíclope por antonomasia en la literatura griega es Polifemo, hijo de Poseidón, el dios del mar. Así, los cíclopes, indomables, salvajes, sin miedo a los dioses ni a los hombres, responden muy bien a esa naturaleza fiera del amor pasional, erótico, tal como lo consigna la poetisa Eliette Ramírez en esta estrofa, del fragmento I:

“Cíclope amado!  (…)

¿Quién lo diría? 

Antropófago

Hijo del dios griego del mar. 

Cantor de los amores frenéticos

y potentes. 

Nadie tan tierno como tú. 

Ninguno 

sabe tocar la lira como tú”.

También encontramos las preguntas sempiternas de la mujer, cuestionándose su rol en esta vida. La búsqueda de respuestas a su propia naturaleza: mujer, imagen divina, pecadora, intrigosa, sumisa, rebelde, erótica… proyectando a lo largo del poema, esa constante búsqueda existencial. En el fragmento II, la podemos ver reflejada:

“Paradoja constante 

¿Soy Ninfa? 

¿Cierva?  

¿Mujer Centaura? 

¿Paloma o Alondra? 

¿Quizá… Águila Madre? 

¿o sigilosa serpiente?”

En el fragmento VII, encontramos el tema recurrente en el mundo de la poesía, del miedo al desamor, a la soledad

“Poblada y despoblada de ti, 

le temo 

al reflejo de tu ausencia 

en el desgaste rotundo de la

soledad”.

Incluso, aflora de manera sutil el tema del pecado original, propiciado por Eva, la primera mujer, lanzada del paraíso. Condenada a sufrir con su estirpe, el dolor del parto, haciendo de la tierra un eterno valle de lágrimas: En el fragmento XIII nos dice:

“Soy la encendida 

granada del Edén que bajaron los

astros. 

Déjame amarte, en el tiempo 

dominado de la tregua.

En esa inmensidad del sentimiento amoroso, en las corrientes de la pasión, utiliza la figura del Cíclope, por su fuerza monumental, por su avasallante energía, como el mar mismo, de donde éste surge, así aparece el fragmento XVI, de esta IV parte del poemario:

“Y en esta intimidad de bruma 

dréname 

sin desgarrarme el alma 

ni mi cuerpo 

habitante secreto de mi sombra. (…)

¡Oh Cíclope! 

germen de bullicio en mis esquemas 

¡Cómo te amo! 

mientras tomas el agua de mi

fuente.

Y continúa diciendo en el fragmento XIX: 

” ¿Qué importancia tiene que seas 

un dios antropomorfo? 

Si eres tierno y varonil 

hijo amado del dios de las aguas”

¿Cómo definir a través de la palabra, esa amalgama de emociones del amor romántico? Eliette busca una explicación divina, filosófica, en los orígenes de la humanidad, más allá de lo humano, llegando a lo sobrenatural y mítico. Parece concluir de esta manera en el fragmento XXV, con estos versos: 

“Es cuestión de palabras 

esta inquietud amorosa

e innumerable 

herencia de las divinidades”

La V y última parte del Poemario, lleva el mismo título que la primera parte: La Tríada del destino. Y aquí, como en un círculo, vuelven los diálogos entre Hera, la Ninfa y la Centaura, como en una recapitulación de sus duelos amorosos.

La poetisa se interroga sobre la naturaleza de la mujer-amante y su poder, transformador o destructor, según sean los designios del dios Eros.

Aborda la potencia del deseo sexual que puede llevar a la mujer al paraíso o al infierno. En el fragmento I y III encontramos estos versos que lo ejemplifican:

“Mitad diosas. 

Mitad diabólicas humanas. (…)

“Tallamos 

o destruimos con amor  

o furia el existir.”

Con un despliegue magistral de versos, Eliette nos confirma la belleza y fuerza del amor, especialmente del amor erótico. En el fragmento IV, de esta quinta parte, la Centaura lo describe en este verso:

“Mi amado se complace 

en mi cintillo de luna menguante 

guardador de mi perla sonrosada. 

Me mira trotar, 

con garbo de modelo de pasarela 

y sentirme su odalisca en libertad. 

Mi ondular le sonríe. 

Le perturba la sensual cadencia

de las ancas, 

el flexible cruce del codillo

y las rodillas, 

los músculos endurecidos en ritual

genuflexión. 

Plateada estampa de ágil centaura. 

Y en su pícara mirada de amante, 

va imaginándome, 

plena de él, en el trasluz de la tarde”.

Al final, nos deja un mensaje poderoso de reivindicación de la mujer: debemos romper las ataduras que nos esclavizan, porque el amor ha de ser para el goce, para el disfrute, para la alegría, para la libertad, para la paz, no para el sufrimiento.

Porque la mujer es el centro de la vida. Sobre ella giran los demás seres que la habitan. En eso debe estar cifrada la fuerza del amor, en todas sus manifestaciones, para el bien de la humanidad. Fragmento VI de esta parte del poemario:

“¡Brindemos! 

¡Ninfas, Heras y Centauras! 

¡Vamos a romper las ataduras! 

¡y dejar de ser! 

Dóciles féminas y cuenteadas

amantes 

Y libres cantar la inconclusa Balada 

Para amantes sin rostro 

en la tríada inmortal que nos une”.

Este texto fue leído por Melva Miranda como parte del análisis crítico de los integrantes del Club de Lectura Abierto Panamá, quienes en esta oportunidad decidieron escoger la obra de la poetisa Elliette Ramírez Alvarado

Melva Miranda

Melva Miranda es Licenciada en Español y Ciencias Políticas, promotora en diversos programas educativos en la provincia de Chiriquí, a través de la Ong educativa, Culturama Internacional, y una de las voces del programa Culturama en la Radio, por Radio Chiriquí.

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