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Ilustración: Pedro Crenes Castro

Esta semana cervantina, donde celebramos nuestra lengua y el libro, siempre es una buena ocasión para volver a leer el Quijote y todos los aledaños a esta grandísima obra

Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña pcrenes@gmail.com

Artículo por: Pedro Crenes Castro


Lo clásico y la cultura popular no han estado reñidos nunca, lo que ocurre es lo de siempre, «sobre gustos hay mucho escrito, pero nadie lee»,

Sancho, Quijote

El tema musical de la serie de dibujos animados de los ochenta, Don Quijote de la Mancha, comienza así: «Sancho, Quijote; Quijote, Sancho; Sancho, Quijote; Quijote, Sancho. Sancho el escudero, bonachón y gordinflón, pisa firme el suelo que dirige su señor. Quijote es totalmente fantasía, Caballero del honor», inaugurando así, por lo menos en la visión que tuve después al leer la novela de Miguel de Cervantes, una clave interpretativa y técnica sobre la construcción y desarrollo de los personajes literarios: el mejor secundario, el mejor secundario protagonista de todos los tiempos, es Sancho Panza. La discusión queda servida, abierta, y ha ocupado tinta e ingenio por siglos, generando teorías, conspiraciones técnicas pero, sobre todo, mucha buena literatura: eso es lo que importa.

El escritor mexicano Ignacio Padilla, en Cervantes & compañía, nos dice: «¿qué es de hecho la obra de Miguel de Cervantes sino un ejercicio de perpetua confrontación o, mejor aún, una puesta en abismo de innumerables parangones?», y qué duda cabe que, el primero de esos parangones, de esas comparaciones, sea entre Sancho y Quijote, y más cuando asistimos al trasvase de una personalidad a otra, vemos sanchizarse a don Quijote y quijotizarse a Sancho, y esta, que parece una muy evidente línea de lectura se difumina al no palpar paladeando ese proceso, página tras página, hasta el desenlace que no les revelamos por si aun no se han atrevido con esta novela fundacional, divertida hasta las carcajadas y emotiva hasta las lágrimas, y viceversa.

Ese proceso (sanchización-quijotización), por constante contraste, la línea que se difumina si no estamos atentos, puede seguirse a través de uno de los recursos más usados —y no por eso menos efectivos— para la risa (remedio infalible): la equivocidad, el doble sentido, el desplazamiento de palabras o hechos de un escenario a otro, donde la retranca y los retruécanos conducen a la risa.

En el Quijote, esto ocurre constantemente. Muchos de esos equívocos se dan cuando Sancho trae por los pelos los significados de los refranes.

El lector atento los reconoce, y el contraste de estos con la situación produce risa, convirtiéndose en un recurso de contraste/espejo en el que reconocer y solucionar los entuertos en los que se meten en su aventura caballeresca. En el capítulo LXVII de la segunda parte, don Quijote se lo dice directamente a Sancho, pero ojo a lo que le responde este a su señor:

«—No más refranes, Sancho, pues cualquiera de los que has dicho basta para dar a entender tu pensamiento; y muchas veces te he aconsejado que no seas tan pródigo en refranes y que te vayas a la mano en decirlos; pero paréceme que es predicar en desierto, y castígame mi madre, y yo trómpogelas.

—Paréceme —respondió Sancho— que vuesa merced es como lo que dicen: «Dijo la sartén a la caldera: Quítate allá ojinegra». Estáme reprehendiendo que no diga yo refranes, y ensártalos vuesa merced de dos en dos.

—Mira, Sancho —respondió don Quijote—: yo traigo los refranes a propósito, y vienen cuando los digo como anillo en el dedo; pero tráeslos tan por los cabellos, que los arrastras, y no los guías; y si no me acuerdo mal, otra vez te he dicho que los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos sabios; y el refrán que no viene a propósito, antes es disparate que sentencia.

Pero dejémonos desto, y, pues ya viene la noche, retirémonos del camino real algún trecho, donde pasaremos esta noche, y Dios sabe lo que será mañana».

¿No les suena a un viejo héroe de América que le pasaba lo mismo? Roberto Gómez Bolaños, construye la vis cómica del Chapulín Colorado poniéndolo en esta tesitura de mal citar refranes y traerlos por los pelos a situaciones dramáticas.

Ante el desconcierto de todos, el héroe sentenciaba: «Bueno, la idea es esa»: un héroe más Sancho que Quijote, entrañable como el escudero «bonachón y gordinflón», y con la misma capacidad de contraste, porque siempre que aparecía el Chapulín, nos veíamos protegidos por un héroe más parecido a nosotros en comparación con aquellos que nos mandaban de Estados Unidos.

Esta semana cervantina, donde celebramos nuestra lengua y el libro, siempre es una buena ocasión para volver a leer el Quijote y todos los aledaños a esta grandísima obra. Les recomiendo, recordando a Ignacio Padilla a diez años de su fallecimiento, tres de los más brillantes ensayos que se han escrito sobre Cervantes y su obra: Cervantes & compañía, Los demonios de cervantes y El diablo y Cervantes, obras eruditas, divertidas, provocadoras.

Lo clásico y la cultura popular no han estado reñidos nunca, lo que ocurre es lo de siempre, «sobre gustos hay mucho escrito, pero nadie lee», así que éntrenle al Quijote, y para ayudarlos, les dejamos aquí dos enlaces a la divertida «interpretación» de Roberto Gómez Bolaños, en dos sketches relacionados con la novela de Cervantes: uno en la escuela, enseñando el Quijote a el Chavo del 8, y otro, donde Chespirito interpreta a Sancho Panza, junto a Ramón Valdés como don Quijote: una divertida escena en una venta con dos mozas que termina a palos. Reír, llorar, pensar, esa es la magia de esta obra para siempre. Esa es la magia de la literatura, del libro.


El Chavo del 8

Chespirito Don Quijote:


Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | pcrenes@gmail.com

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.