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Fotos: Carlos Miliani

Hay muchas maneras de conectarse con los países que se convierten en una segunda patria. Joel Bracho Ghersi está vinculado a Panamá, de manera especial, por la íntima y gozosa confidencia de la literatura.

“Antes mi relación con la literatura era más desde la lectura y la crítica. Es aquí donde siento que he encontrado una voz como escritor y donde le he dado forma a algunas de mis búsquedas”, afirma quien acaba de ganar la  IX versión del Premio Diplomado en Creación Literaria, convocado por la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), con su obra Mentiras ingenuas para burlar la muerte, bajo el seudónimo Valdemar Lunes.

El jurado, integrado por Carolina Fonseca, Melquiades Villarreal y Eduardo Jaspe Lescure, explican en el fallo que “la obra destaca por una prosa pulcra que gana por acumulación de frases bien armadas que se complementan”.

“Me hizo muy feliz la noticia de que había ganado el premio porque para mí de alguna manera es un símbolo de mi encuentro con Panamá y de la vida que he ido construyendo aquí junto a mi familia”, explica Bracho Ghersi (Caracas, Venezuela, 1984), abogado y licenciado en Letras.

De las mejores decisiones de su vida

En Panamá, explica el autor, hay muchos premios muy interesantes y con amplia trayectoria, que año a año contribuyen a formar una especie de canon de la literatura que se escribe en el país. 

“El Premio Diplomado en Creación Literaria es uno de los cuatro premios que otorga la Universidad Tecnológica de Panamá, y el único de ellos que no es nacional o centroamericano, por lo cual también podemos participar quienes hemos venido de otros países a vivir aquí”. 

Foto: Carlos Miliani

Recuerda que llegó a Panamá en 2013 para trabajar en el taller Articruz, del artista y maestro Carlos Cruz-Diez.

Como mi formación de base es en literatura, en 2015 me inscribí en el Diplomado en Creación Literaria para conocer el mundo literario de Panamá y siempre digo que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado desde que llegué al país. 

Allí conocí a Enrique Jaramillo Levi, fundador del Diplomado y del Premio, y a muchos otros escritores, tanto profesores como compañeros, con los que he compartido a lo largo de estos años y cuya trayectoria he seguido desde entonces.

También de allí han salido diferentes proyectos, como mi primer libro Tipos raros, algunos de cuyos cuentos escribí durante el diplomado. Por eso me hizo muy feliz la noticia de que había ganado el premio porque para mí, de alguna manera, es un símbolo de mi encuentro con Panamá y de la vida que he ido construyendo aquí junto a mi familia”.

La visión sistemática que otorga el Diplomado

-Dicen que el escritor nace pero, efectivamente, se hace. ¿Cuál es el aporte de este Diplomado a la madurez de la escritura de los autores?

-El trabajo del escritor es fundamentalmente solitario. Se trata de leer mucho, reflexionar sobre las lecturas y sobre la propia escritura, escribir, corregir y reescribir hasta llegar a un resultado que se parezca a eso que andamos buscando o que queremos decir. 

«Sin embargo, creo que los espacios de formación y de intercambio como el Diplomado, o como los talleres literarios, también pueden ser muy beneficiosos, en especial para quienes comienzan una carrera literaria. 

El Diplomado otorga una visión panorámica pero sistemática de la creación literaria en los diversos géneros, permite trabajar técnicas y trucos del oficio con la guía de escritores experimentados, compartir con otras personas interesadas en la literatura y cultivar relaciones de las que pueden surgir nuevos proyectos y oportunidades. 

Pero, fundamentalmente, el diplomado brinda una ocasión privilegiada para escribir y compartir lo escrito, recibir los comentarios y opiniones de otros, pensar en conjunto la creación y revisar el trabajo propio con la ayuda de una mirada ajena y diversa que lo puede enriquecer. Sin duda es una experiencia que recomiendo».

Hay mucho que agradecer a la UTP 

-La UTP es una universidad tecnológica con alma literaria. Quisiéramos una reflexión acerca de la importancia del estímulo al hecho literario desde las casas del saber que son las universidades…

-Hay mucho que agradecer a la UTP por su interés en la cultura y, en particular, en la literatura. Se trata de una universidad de inclinación fundamentalmente científica que sin embargo ha comprendido que la formación integral de los estudiantes y el desarrollo del país requieren también de la cultura, de una mirada amplia que incluya otros ámbitos del desarrollo humano. 

“La UTP no sólo convoca varios premios literarios, sino que tiene una sostenida actividad editorial y lleva adelante diferentes iniciativas culturales. 

En un país pequeño como Panamá, sin una industria editorial especialmente fuerte, es fundamental que instituciones como las universidades apoyen no sólo la promoción y difusión de la creación local, sino también su estudio y mejora constante. En ese sentido la UTP es un muy buen ejemplo”.

La muerte que nos alcanza

-¿Cuántas mentiras ingenuas nos decimos a diario para burlar la muerte?

-Siempre me ha interesado la manera en que la certeza de la muerte determina mucho de lo que somos y hacemos. Tener una fecha de caducidad cierta y, al mismo tiempo desconocida, provoca a veces mucha angustia y también marca la manera en que afrontamos la vida día a día. 

“Pero lo más frecuente es que tratemos de negar, o al menos olvidar que vamos a morir. Por eso inventamos y nos contamos mentiras todo el tiempo para evadir la certeza del final. 

A veces son pequeñas mentiras ingenuas y otras grandes y elaboradas maquinaciones. En el libro, hay una serie de personajes que lidian a su modo con esos problemas, bien sea tratando de construir algún legado que perdure hacia el futuro, intentando hacer serie para sentirse parte de algo mayor o incluso viviendo como si de plano no existiera la muerte.

Por supuesto, son historias de fracasos: la muerte es implacable y siempre nos alcanza al final”.

-¿Tiene esta muerte de la obra un momento vinculante con el tiempo de la pandemia?

-No directamente, al menos no como propuesta o intención al abordar la escritura. Quizá la relación sea indirecta: la muerte se ha hecho presente y nos ha estado rondando y es posible que su protagonismo reciente haya estado en el ánimo de fondo de la escritura de estas historias, pero lo cierto es que la inquietud que impulsa este libro es anterior a la pandemia.

-¿Es la literatura el único espacio donde podemos vernos frente a frente con la muerte sin temerle?

–Ojalá así fuera, pero no. También en la literatura, y en la escritura, le tememos a la muerte. Acaso escribir (y leer) sea también una de esas mentiras ingenuas para tratar de evadir esa verdad. Una mentira que, por supuesto, será desmentida en el final.

lo literario como una extrañeza que maravilla

-¿Cuáles son las claves de su escritura y cómo influye la ciudad y el país en la manera de entender la literatura?

-Mi escritura comienza muy temprano, desde la niñez, y continúa, aunque con cierta timidez, a lo largo de mi vida. Mi formación literaria también es anterior a mi vida en Panamá: estudié Letras en Venezuela y luego cursé allá una Maestría en Literatura Comparada

«Lo que hice por primera vez aquí fue publicar y asumirme con seriedad como escritor. Antes mi relación con la literatura era más desde la lectura y la crítica. Es aquí donde siento que he encontrado una voz como escritor y donde le he dado forma a algunas de mis búsquedas.

En cuanto a las claves de mi escritura, estarían en la idea de lo literario como una extrañeza que maravilla, una presencia inesperada del lenguaje o una mirada que ilumina las cosas. Un decir a la vez preciso y tangencial, que intenta bordear una verdad.

Me interesa trabajar cada palabra, cada frase o cada párrafo. La acción, la historia o la anécdota son con frecuencia secundarios y en ese sentido importa más la interioridad del personaje o sus contradicciones. Lo fundamental para mí es el tono, la colocación o dislocación de los elementos, la voz y la mirada desde la que se narra».

-¿Cuánto de Venezuela hay en su escritura? 

 -No pretendo hacer una escritura venezolana, ni desde lo venezolano. Por el contrario, prefiero no situar las historias en lugares concretos o reconocibles. 

«A veces pareciera que los latinoamericanos estamos condenados a hablar de nosotros mismos, a narrar nuestras desgracias o denunciar las injusticias que padecemos. 

Para mí la literatura está ligada a la libertad creativa, a la posibilidad de inventar mundos y reflexionar desde lo que se escribe. 

No se trata de evasión sino de privilegiar la invención por encima del “reflejo”. En todo caso, o al menos a eso aspiro, los textos hablan de lo humano, de nuestros dolores, afectos y contradicciones.

La presencia de Venezuela en mi escritura responde a mi formación, a lo que aprendí allá y comparto aun a la distancia con mucha gente, ahora dispersa en diferentes países, sobre lo literario. Ojalá pueda conectar al menos un poco, a pesar de la lejanía y de estar trabajando en un nuevo contexto, con esa tradición de donde vengo».

-¿Ser emigrante es una manera de escribir de otro modo?

-Hay un poema muy breve del poeta y editor panameño Salvador Medina Barahona cuyo título es El poeta cambia de país y cuyo contenido es tan solo una pregunta: “¿cómo se pasa de una marginación a otra?”. Ser emigrante es acentuar el extrañamiento del que nace, creo yo, toda conciencia literaria, toda posibilidad de mirar para inventar o recrear. 

«La emigración es una dislocación, una pérdida del lugar propio y una construcción, más o menos precaria según el caso, de un lugar nuevo. 

Acaso mis personajes sin espacio evidente, mis historias que se arman en el aparente vacío respondan también a esa pérdida. Pero algo se gana así mismo en el extrañamiento».

-¿Podríamos hablar de una escritura múltiple en estas voces de tantos escritores venezolanos dispersos por el mundo?

-Esa dispersión ha favorecido una cierta internacionalización de la literatura venezolana, como ha ocurrido también con el arte, la música o la gastronomía.

La presencia de los venezolanos en el mundo ha dado un vuelco a partir de una situación de destrucción sin precedentes en nuestro país que ha llevado a cerca del veinte por ciento de la población a buscar nuevas vidas fuera de sus fronteras.

«El panorama es terrorífico, doloroso y aterrador, pero ha traído una multiplicación de las voces y de los proyectos literarios fuera de Venezuela. Es una especie de comunidad intangible que cada tanto nos alegra con sus noticias de nuevas publicaciones, eventos y propuestas».

Literatura, entre el lector y el escritor

Creo que la literatura es un lugar en el que me siento a gusto. Aunque disfruto mucho más leer que escribir… Una frase suya. ¿Sigue siendo así?

-Aunque el placer de leer tiene un ámbito propio y es difícilmente superable, la verdad es que cada vez disfruto más del proceso de la escritura. Hay una satisfacción muy particular en el hallazgo de una frase, en la vivencia casi corporal de la producción de cada texto, en la aparición del mundo escrito casi desde la nada. 

La literatura sigue siendo ese lugar en el que me siento a gusto, pero cada vez más desde ambos lados de la página: el del lector y el del escritor.

-Un libro premiado es también el compromiso con nuevas escrituras. ¿Qué vendrá en ese mañana literario?

-Por fortuna este último año ha sido literariamente muy productivo para mí, así que tengo un par de libros más en camino que espero puedan publicarse pronto: otro libro de narrativa y un nuevo poemario. Ojalá el próximo año venga con nuevas noticias al respecto.