“Esperar al desastre para planificar es, en sí mismo, una falta a la ética. Exigimos y promovemos la evaluación estructural constante de nuestros hospitales y la educación ciudadana en primeros auxilios”
Del boletín informativo de la ANM
La Academia Nacional de Medicina (ANM) de Venezuela, ante la emergencia que atraviesa el país luego de los dos recientes terremotos y considerando la posibilidad de futuras tragedias propias de un territorio sísmico y vulnerable a eventos naturales, presentó un conjunto de principios bioéticos destinados a orientar la respuesta sanitaria nacional.
Estas directrices buscan garantizar actuaciones médicas responsables, equitativas y transparentes en situaciones de crisis, reforzando la preparación del sistema de salud y la protección de la población.
En documento difundido por la Secretaría Académica de la corporación, reflexionó que “las catástrofes naturales no suspenden nuestros valores médicos; por el contrario, exigen su máxima expresión”.
Principio de justicia (equidad en la adversidad)
En un desastre, los recursos (camas, sangre, quirófanos, personal) de nuestros hospitales y ambulatorios se vuelven insuficientes de un momento a otro.
La ANM pide respetar estos lineamientos
Triaje ético: la atención debe basarse estrictamente en la necesidad médica y la probabilidad de supervivencia (el principio de salvar la mayor cantidad de vidas posibles), y nunca en el estatus socioeconómico, afiliación política, o posición social del paciente.
Protección al vulnerable: la justicia exige una mirada prioritaria hacia quienes no pueden valerse por sí mismos durante el desalojo o rescate: niños, ancianos, embarazadas y personas con discapacidades o enfermedades crónicas.
Beneficencia y no maleficencia (Hacer el bien y evitar el daño)
La ANM recuerda que “el juramento que hicimos nos obliga a actuar siempre en beneficio del paciente, incluso en condiciones precarias”. Esta máxima supone:
Atención competente: los médicos y rescatistas venezolanos deben brindar el mejor estándar de atención que la situación permita, adaptando las técnicas de estabilización al entorno de la emergencia sin recurrir a prácticas temerarias.
Manejo del dolor: reducir el sufrimiento físico y psicológico (el trauma de perder el hogar o a familiares) es tan importante como tratar las heridas físicas. El apoyo psicosocial temprano es una obligación médica.
Autonomía (Respeto a la dignidad humana)
Aunque un terremoto requiere respuestas rápidas y, a veces, medidas de salud pública obligatorias, el paciente no pierde su calidad de ser humano.
Consentimiento adaptado: siempre que sea posible, se debe informar al herido o a sus familiares sobre los procedimientos a realizar (como una amputación de emergencia bajo escombros) y respetar su voluntad.
Manejo de fallecidos: la dignidad se extiende más allá de la vida. El trato a los cuerpos de las víctimas fatales debe ser respetuoso, garantizando su correcta identificación para el duelo de sus familias, evitando fosas comunes indiscriminadas que violen los derechos humanos y el luto.
Solidaridad y deber de cuidado
La solidaridad y deber de cuidado es un valor profundamente arraigado en la sociedad venezolana, destaca la ANM.
La institución recuerda que “el personal sanitario tiene el deber ético de socorrer, pero el Estado y las instituciones tienen la obligación correlativa de proporcionarles seguridad y equipos. Un médico que se convierte en víctima por falta de protocolos de seguridad es una doble pérdida para la sociedad.
Trabajo en red: la crisis exige abandonar los protagonismos. Instituciones públicas, clínicas privadas, ONG y la sociedad civil deben actuar bajo un mando unificado, compartiendo recursos libremente.
La preparación es un deber ético. Desde la Academia Nacional de Medicina, ante este desastre y los riesgos, exhorta a estar preparados como un deber ético.
“Esperar al desastre para planificar es, en sí mismo, una falta a la ética. Exigimos y promovemos la evaluación estructural constante de nuestros hospitales y la educación ciudadana en primeros auxilios”.
La verdadera fortaleza de Venezuela ante un terremoto, subrayan, no residirá solo en la resistencia del concreto, sino en la solidez de nuestros principios.
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