La Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) dedica una iniciativa específica a apoyar estudios sobre cómo reducir la duración o cantidad de terapias manteniendo su eficacia
Con información de ESMO
Expertos de todo el mundo convocados en Madrid estos días por la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) comparten los últimos avances en nuevas terapias para el cáncer, empleo de la Inteligencia Artificial para desarrollar nuevos fármacos con mayor agilidad e incluso inmunoterapias personalizadas (‘vacunas’) para evitar recaídas, pero, en palabras del presidente de la sociedad científica, el Dr. Fabrice André, «hemos asumido la importante responsabilidad de investigar cómo podemos optimizar los tratamientos que estamos proporcionando a nuestros pacientes, ajustando sus dosis y duración de manera que mantengan su máxima eficacia con menores efectos secundarios».
La Dra. Ángela Lamarca, responsable del comité de comunicación de ESMO, ha ofrecido en un encuentro con medios las claves de la reunión científica en cifras: más de 40.000 asistentes, 2.400 nuevos estudios (un 30% de los 6.300 presentados ante el comité científico), cerca de 2.000 trabajos presentados en la plataforma virtual de ESMO, 12 abstracts presidenciales (los seleccionados como aportaciones de valor más destacado), en un total de 230 sesiones que se celebrarán entre el viernes 23 y el martes 27 de octubre en IFEMA.
Por primera vez, hay una sección temática totalmente centrada en el aprovechamiento de la Inteligencia Artificial (IA), además de las centradas en estrategias de prevención y detección precoz de la enfermedad.
La línea de investigación llamada ‘optimización’ o ‘desescalada’ no es nueva, pero si antes se caracterizaba por protagonizar estudios aislados, presentados en encuentros científicos como el congreso anual de ESMO, ahora la propia organización los apoya, dentro de su programa científico; en el que han ganado protagonismo, y cuenta además con iniciativas propias.
Como ha explicado el Dr. André, optimizar ofrece tres ventajas principales. En primer lugar, hace que los efectos secundarios que se asocian a algunas terapias contra el cáncer se vean reducidos, con el consiguiente beneficio para la calidad de vida de los pacientes. En segundo lugar, permite ahorrar costes en términos de servicios sanitarios, ya que se consumen menos recursos y, por último, permite mejorar el acceso a los tratamientos.
Este tipo concreto de estudios son más difíciles de diseñar que los ensayos clínicos convencionales. Estos últimos suelen basarse en la comparación entre una nueva terapia y el tratamiento convencional, pero los estudios de optimización requieren variables diferentes y muchas veces complejas. Para su puesta en marcha, ESMO colabora de forma estrecha con asociaciones de pacientes, cuidadores y profesionales sanitarios que desarrollan su trabajo en el día a día de la atención a las personas que viven con cáncer.
La Dra. Yelena Janjigian, que preside el comité científico de ESMO junto con el Dr. James Larkin, aclara que, desde las primeras fases de los estudios de optimización, esa colaboración es imprescindible: «Los clínicos, los pacientes y sus cuidadores y los demás profesionales son los primeros en plantearse preguntas de este tipo, si sería posible ajustar una terapia en cantidad o en el tiempo, con la misma seguridad, y qué pasos habría que dar, exactamente, para estudiar este tipo de variables», ha afirmado. Ambos destacan como ejemplos de éxito de este tipo de investigación los estudios que han probado la posibilidad de reducir la radioterapia en algunos tipos concretos de tumores, en ocasiones pudiendo eliminarla por completo.
Humanizar la información científica
Los representantes de ESMO han compartido su iniciativa para humanizar la comunicación científica, un proyecto que está orientado a los pacientes y sus familias, pero también a los investigadores que tienen la responsabilidad de divulgar sus hallazgos y a los periodistas que los difunden.
Tal y como ha explicado el Dr. André: «Nos hemos dado cuenta de que es necesario tener muy presente el factor humano en toda nuestra actividad científica, y eso incluye la presentación de resultados de estudios, la calidad y la sensibilidad en la información».
De nuevo de la mano de las asociaciones de pacientes, la sociedad científica ha publicado un decálogo de recomendaciones para oncólogos y periodistas sobre cómo lograr que la comunicación científica sea más empática y respetuosa con el ‘factor humano’.
Con información de ESMO

