Tony es verdaderamente un ciudadano del mundo: ha vivido en Jamaica, Venezuela, Estados Unidos y actualmente en Portugal. En cada uno de sus encuadres resuena una riqueza humana, cultural e itinerante
Texto y fotos: Emiliana Guillén
La autora es estudiante de Medios Digitales y Comunicación, fotógrafa y gestora de redes sociales. Vive en Estados Unidos
Abeng – Sinal de Resistência: O Arquivo de Tony Russell es una exposición que no solo honra el arte: también la memoria viva y la resistencia a través de la fotografía.
Visitarla fue un momento extraordinario. Se presenta actualmente en la reconocida sala de exposiciones del Palácio da Cidadela, en Cascais, Portugal. Me impactó descubrir cómo está narrado el proceso de creación del archivo y, al mismo tiempo, comprender la manera en que funciona la mirada de Tony.
Es fascinante observar cómo su fotografía cambia radicalmente en cada etapa de su vida y, aun así, mantiene una esencia común, un hilo conductor inconfundible que atraviesa todas sus experiencias.
Tony es verdaderamente un ciudadano del mundo: ha vivido en Jamaica, Venezuela, Estados Unidos y actualmente en Portugal. En cada uno de sus encuadres resuena una riqueza humana, cultural e itinerante.
La exposición, que reúne 73 imágenes, es un viaje visual y emocional que conecta continentes, memorias y momentos sociopolíticos.
El título “Abeng” remite al instrumento de viento hecho con cuerno de buey que los jamaicanos utilizaban para comunicarse a la distancia, convocarse y resistir.

La metáfora es perfecta para un archivo que sobrevivió al exilio, a las fracturas políticas y a décadas sin circulación pública.
El recorrido del archivo atraviesa desde la Jamaica posterior a la independencia, incluyendo imágenes y universos cercanos a figuras icónicas como Bob Marley, hasta las distintas etapas de Tony en Venezuela, donde también dejó un legado documental invaluable.
Entre las obras que pueden apreciarse destaca el registro completo de la construcción del “Monumento a la Virgen de la Paz”, en el estado Trujillo, diseñado por el arquitecto Manuel de la Fuente y considerado el monumento más alto de América.
Sobresalen igualmente los registros de los valles altos trujillanos y dos fotografías realizadas en 1983 del antiguo Mercado Mayorista Barquisimetano “El Manteco”, trabajo desarrollado bajo la dirección de la antropóloga Isabel Palpieris, el sociólogo Nelson Fréitez y el técnico Álvaro Medinaceli (Fudeco), material que años más tarde daría origen al libro “Del Manteco a Mercabar, Crónica de un Mercado”, patrocinado por la Fundación Polar.
La experiencia se enriquece magistralmente con el documental realizado por el joven cineasta y documentalista portugués Rogério Queiroz. Es un trabajo conmovedor y visualmente impecable.
Me llamó la atención la manera tan hermosa en que la vibrante impronta jamaicana define la identidad artística de Tony.
Curiosamente, todo este proyecto tuvo como punto de partida una pequeña muestra de apenas 14 imágenes presentada hace algunos años en Figueira da Foz, dentro del programa conmemorativo por el 50 aniversario de su primera exposición individual, “The Camera as Witness”, realizada en la Jamaica School of Art en 1973.
Lo que vi en este proceso me dejó una gran enseñanza: entender qué es realmente importante preservar dentro de un archivo fotográfico. Muchas veces los artistas dan por sentado su propio trabajo; el pasado termina formando parte de la rutina y de la memoria cotidiana.
Pero cuando aparece una mirada externa capaz de descubrir el enorme potencial que habita en esos negativos y recibe ese legado con respeto y sensibilidad, ocurre la magia.
Es fundamental comprender el valor de conservar los archivos personales de cada artista, porque aquello que hoy puede parecer simplemente un registro documental, con el tiempo adquiere una dimensión histórica, cultural y humana inmensa.

Gracias a la visión y sensibilidad de Rogério Queiroz, este proyecto terminó transformándose en un hermoso propósito colectivo: recaudar fondos para la conservación y catalogación del archivo fotográfico de Tony Russell & family. Y el lugar no podría ser más simbólico: Cascais. Esta bellísima ciudad costera de Portugal, históricamente un refugio de artistas, intelectuales y miembros de la realeza, se consolida hoy como un importante centro cultural gracias al trabajo de la Fundação D. Luís I y la Câmara Municipal de Cascais.
Al recibir de manera inédita este archivo fotográfico caribeño, Cascais reafirma su vocación de ciudad abierta al mundo, un puente entre el Atlántico, la historia contemporánea y el arte sin fronteras.
Contemplar el archivo de Tony expuesto con tanta dignidad en el Palácio da Cidadela fue profundamente conmovedor. Me hizo recordar algo que él siempre ha dicho, que las imágenes comunican cosas distintas a cada persona, según su sensibilidad y sus propias vivencias.

Para mí, esta experiencia significó un regreso a las raíces, una toma de conciencia sobre la importancia de preservar el arte para las futuras generaciones y una lección sobre cómo la fotografía puede llegar a convertirse, verdaderamente, en un testigo eterno del tiempo.
Si están en Portugal, no duden en visitarla.
La exposición estará abierta hasta el 6 de septiembre de 2026.
Por: Emiliana Guillén

