El estrés en dosis pequeñas y ante peligros reales es útil para sobrevivir. Sin embargo, cuando se vuelve cotidiano, psicológico o se presenta en forma de sobrecarga ambiental (como el estrés térmico), deja de ser una herramienta de protección y pasa a afectar la salud
Por: Por: Dra. Karen Courville, FACP, SNI, GNI-CSS

La Dra. Karen Courville es egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Realizó estudios en Medicina Interna y Nefrología en el Complejo Hospitalario Dr. Arnulfo A. Madrid. Tiene un Fellow en Investigación Renal del Instituto Mario Negri en Bérgamo, Italia. Investigadora del Instituto de Ciencias Médicas de Las Tablas. Miembro del Sistema Nacional de Investigación (SNI)
El estrés tiene un impacto profundo y multifacético en la salud humana. Su relación con el organismo puede analizarse desde distintas perspectivas: puede poner en riesgo el cuerpo, empeorar condiciones preexistentes y, en situaciones muy específicas y puntuales (estrés agudo de corta duración), cumplir una función útil de supervivencia.
A continuación, se detalla cómo afecta la salud según la evidencia científica y médica:
Riesgo en la salud y desregulación en el organismo
Cuando el estrés deja de ser una respuesta momentánea y se vuelve crónico (prolongado en el tiempo), se convierte en uno de los principales enemigos de la salud pública.
- El impacto del cortisol y la desregulación hormonal: Ante una situación de tensión continua, las glándulas suprarrenales segregan de forma sostenida hormonas como el cortisol y la adrenalina. La elevación crónica del cortisol tiene un impacto directo en el metabolismo: bloquea la acción de la insulina, lo que provoca que el azúcar no pueda entrar adecuadamente a las células y se acumule en el torrente sanguíneo, descontrolando la glucemia.
- Alteraciones al sistema cardiovascular: Paralelamente, la adrenalina mantiene los vasos sanguíneos contraídos y acelera el ritmo cardíaco de manera constante, lo que dispara la presión arterial. Además, situaciones comunes de la vida moderna que cronifican el estrés, como la deprivación de sueño, agravan de forma masiva este escenario al mantener el sistema nervioso simpático sobre estimulado.
- Complicaciones multiorgánicas: Esta combinación persistente de hipertensión arterial y niveles elevados de azúcar lesiona la capa interna de las arterias (el endotelio). Con el paso de los años, el daño en los vasos sanguíneos más finos y delicados del cuerpo da origen a graves problemas de salud, que van desde la insuficiencia arterial hasta condiciones neurodegenerativas complejas, como la demencia vascular, donde el cerebro va perdiendo sus facultades debido a la falta de irrigación sanguínea adecuada provocada por estas microlesiones.
Puede empeorar enfermedades preexistentes

Para los pacientes que ya padecen enfermedades crónicas no transmisibles (como diabetes, hipertensión arterial o enfermedad renal crónica), el estrés actúa como un «combustible» que acelera el progreso de la enfermedad y dificulta su tratamiento.
- Sobrecarga y daño en órganos diana: Los riñones y el corazón poseen redes vasculares sumamente complejas y frágiles. Cuando una persona experimenta estrés psicológico o físico continuo, el aumento de la presión sanguínea y la inflamación generalizada ejercen una sobrecarga hemodinámica sobre estos órganos vitales. En el caso del riñón, esta tensión excesiva daña las unidades de filtración (los glomérulos), acelerando la pérdida de la función renal. Por este motivo, el manejo del estrés no es un consejo estético, sino un pilar médico crítico para proteger la salud cardiovascular y preservar la función de los riñones a largo plazo.
- Control metabólico y tratamientos: El estrés activa vías inflamatorias que provocan alteración de conductas clave como el apetito, promoviendo el consumo de alimentos ultra procesados ricos en sal y azúcares (debido a la ansiedad), lo que sabotea la dieta.
- La bitácora de control como herramienta médica: Debido a que el estrés desregula los valores objetivos en los laboratorios, se recomienda que los pacientes lleven un registro o bitácora detallada de sus niveles de actividades diarias, junto con sus horas de sueño y comidas. Este registro proporciona información valiosa para que el médico de cabecera pueda diferenciar si un descontrol en la presión o en el azúcar se debe a una falla del medicamento o a picos de estrés emocional o laboral, permitiendo ajustar el tratamiento de forma precisa o hacer ajustes en los mismo o recomendaciones de cambio de estilo de vida.
El estrés ambiental y laboral

El concepto de estrés no se limita al sufrimiento emocional o laboral en una oficina; existe un tipo de estrés ambiental puramente físico que es capaz de inducir fallas orgánicas severas: el estrés térmico por calor (https://youtu.be/fil7U1_pKFc?si=myRLNRZ-2jaIccgg)
- El impacto directo de las olas de calor: Debido al cambio climático, los veranos registran temperaturas cada vez más extremas y prolongadas. Cuando el cuerpo humano se expone a altas temperaturas mientras realiza una actividad física intensa (como ocurre en la agricultura, la minería o la construcción), los mecanismos naturales para enfriarse, como la sudoración, colapsan. Esto genera un estado de deshidratación celular profunda, fatiga y agotamiento extremo que, si no se mitiga a tiempo, progresa hacia un golpe de calor, una emergencia médica potencialmente mortal donde la temperatura interna del cuerpo sube a niveles peligrosos, dañando el tejido cerebral y muscular de forma irreversible.
- La Nefropatía Mesoamericana (ERCnt): La exposición repetitiva y crónica al estrés térmico sin el descanso o la hidratación adecuados produce microlesiones repetidas en los túbulos renales. Esta es la hipótesis principal detrás del desarrollo de la Nefropatía Mesoamericana, una forma de Enfermedad Renal Crónica no tradicional (ERCnT) que está azotando de forma alarmante a comunidades de trabajadores agrícolas jóvenes en Centroamérica. Al no estar ligada a la diabetes o a la hipertensión clásica, esta enfermedad demuestra que el estrés físico del entorno y las condiciones de trabajo extenuantes son capaces de destruir la función renal de una población sana.
¿Puede ser útil el estrés?
Desde un punto de vista evolutivo y fisiológico, el estrés no es un error de la naturaleza. El estrés agudo —aquel que se activa ante una amenaza inmediata y dura un período muy breve— es una herramienta biológica indispensable para la supervivencia.
- El mecanismo de «Lucha o Huida»: Ante un peligro inminente, como un frenazo de emergencia al conducir o la presencia de una amenaza física, el cerebro dispara instantáneamente una descarga masiva de adrenalina y cortisol. En milisegundos, el corazón late con más fuerza para bombear sangre hacia los músculos esqueléticos, las pupilas se dilatan para mejorar la visión en condiciones extremas y los bronquios se expanden para capturar más oxígeno. Toda la energía del cuerpo se redirige hacia las funciones necesarias para atacar o escapar del peligro, lo que permite reaccionar con una velocidad y fuerza superiores a las normales, salvando la vida en situaciones críticas.
- Estímulo controlado y adaptación (Eustrés): En dosis muy bajas, controladas y puntuales, el estrés funciona como un potente motivador adaptativo. Es lo que se conoce en psicología como eustrés o «estrés positivo». Este estado de activación ligera incrementa la producción de factores neurotróficos en el cerebro, lo que agudiza de forma temporal la concentración, potencia la memoria de trabajo y mejora notablemente el rendimiento cognitivo de una persona cuando debe resolver un problema complejo, dar un discurso, entregar un proyecto bajo una fecha límite o terminar rápido para poder ver el partido de tu equipo favorito. Una vez superado el desafío, el cuerpo regresa rápidamente a sus niveles basales de relajación y reparación.
Conclusión

El estrés en dosis pequeñas y ante peligros reales es útil para sobrevivir. Sin embargo, cuando se vuelve cotidiano, psicológico o se presenta en forma de sobrecarga ambiental (como el estrés térmico), deja de ser una herramienta de protección y pasa a afectar la salud y poner en riesgo la vida, destruyendo silenciosamente vasos sanguíneos, el corazón y los riñones. Su gestión adecuada mediante hábitos saludables (dieta balanceada, evitar excesos de alcohol, no fumar, hacer ejercicio), descanso (sueño nocturno continuo) y pausas laborales es fundamental.
Por: Por: Dra. Karen Courville, FACP, SNI, GNI-CSS

