«La esquina del viejo barrio», no pasa de moda, es el punto exacto donde todos tenemos que doblar, donde todos tenemos que tomar una decisión, donde puede que «la vida nos dé sorpresas», como canta Rubén Blades en Pedro Navaja
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña pcrenes@gmail.com

Artículo por: Pedro Crenes Castro

Hay esquinas de enfrente, en la que algunos amantes furtivos se cruzan un instante para asegurar el secreto de lo suyo, y esquinas que, iluminadas por la única farola de entonces, se convertían en reducto y salvaguarda de confidencias hasta tarde
Doblar la esquina
La metáfora del barrio tiene en «las esquinas» un elemento fundamental que permite que el lector pueda dar un giro de fuga o regreso a su lectura y aplicación a la vida. Cuando el barrio tiene en medio una encrucijada, como nos pasaba en Calle S y Mariano Arosemena, la metáfora cobraba dimensiones de universo paralelo, de presagios sinuosos o siniestros: una esquina te llevaba a la Avenida Nacional, la otra, hacia San Miguel, siempre desde mi perspectiva, pero viniendo desde allá la encrucijada era otra, el itinerario, lógicamente, otro. Como cuando leemos.
Hay esquinas del dominó en los barrios, esquinas de las frituras o la del «llantero» —que no lloraba, que reparaba llantas—, o la esquina de las más guapas del barrio, cuya ventana daba a pocos metros de la esquina del hidrante, que se abría con el permiso del dios Momo para carnaval; esa misma esquina en la que «no levantamos ni sospecha» una noche que la policía de la dictadura, al vernos allí sentados echando cuentos, pasó de largo sin decirnos nada, como si fuéramos fantasmas sin futuro.
Hay esquinas de enfrente, en la que algunos amantes furtivos se cruzan un instante para asegurar el secreto de lo suyo, y esquinas que, iluminadas por la única farola de entonces, se convertían en reducto y salvaguarda de confidencias hasta tarde, que según el ánimo de las balas terminaba disolviéndose antes o después —todos queríamos después, pero las balas no escuchan historias ni confidencias—: muchas de esas historias de «la esquina de la luz» circulan por todos los barrios del mundo en cuentos y novelas que se leen a diario.
Está la esquina de la tienda, la datien, donde el chino José, del que nunca supe su nombre de verdad —paisano mío, panameño—, te vendía un real (un rial) de cualquier cosa, y muchos años después, curado de la nostalgia o disfrutando con juicio y tiento de sus beneficios, escuchaba Chombo pa’ la tienda, un clásico del Calipso panameño, que cantaba Frederick Clark, un retrato de nuestros barrios en los sesenta, y que yo escuchaba en los ochenta muerto de risa, sin saber que el barrio y sus anécdotas se me vendrían encima en forma de novela y de cuentos. Qué lástima que toda esa literatura de las letras de aquellas canciones se pierda, se olvide, que no se recuerden a nivel cultural.
Hay matones de esquina, que se les ve pasar por el barrio, y más de uno se ha librado de encontrase con el Pedro Navaja de turno porque giró a tiempo en aquella esquina, y es en esos giros donde muchos nos hemos salvado del barrio, que puede ensañar carácter, diversidad, perspectiva, a ensanchar mirada, pero también atrapa y absorbe, trunca y destruye futuros, somete realidades, derrota pasiones. La mejor esquina del barrio es la que nos lleva fuera de él, hacia la avenida Nacional-Transístmica y de allí al resto del mundo de entonces, cuando chicos, y cada uno desde su barrio puede poner nombre a la esquina y apellido a la calle que nos saca de la trampa de la nostalgia.
«La esquina del viejo barrio», no pasa de moda, es el punto exacto donde todos tenemos que doblar, donde todos tenemos que tomar una decisión, donde puede que «la vida nos dé sorpresas», como canta Rubén Blades en Pedro Navaja, pero la decisión es nuestra. El gran barrio que es el mundo requiere de nosotros que escapemos, que no nos dejemos atrapar por la nostalgia, sin olvidar las enseñanzas del pasado. Toca seguir leyendo para aprender a caminar, para aprender a decidir.
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | pcrenes@gmail.com

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.

