Una investigación del CiMUS de la USC identifica cómo una exposición prolongada a la fructosa altera la producción de energía en el hígado y favorece un entorno vascular más propenso a acumular calcio
Con información del CiMUS de la USC
Las arterias cuentan con mecanismos naturales que evitan que el calcio se deposite en sus paredes. Una nueva investigación publicada en la revista científica Molecular Medicine señala que el consumo elevado y continuado de fructosa puede alterar una de esas defensas.
El estudio ha sido realizado en el grupo Homeostasis Metabólica y Calcificación Vascular del Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS) de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) y del Instituto de Investigaciones Sanitarias de Santiago (IDIS), dirigido por el investigador principal Dr. Ricardo Villa Bellosta.
El proceso comienza en el hígado, uno de los principales órganos encargados de metabolizar la fructosa. Cuando está expuesto de forma prolongada a cantidades elevadas de este azúcar, sus mitocondrias —las estructuras que producen la energía que necesitan las células— empiezan a funcionar peor.
Como consecuencia, disminuye la producción de ATP, una molécula que suele describirse como la moneda energética del organismo.
Pero el ATP no solo aporta energía. También permite fabricar pirofosfato, una molécula que circula por la sangre y ayuda a impedir que el calcio y el fosfato formen cristales que, en estas condiciones, el tejido vascular se calcificaba con mayor facilidad en el laboratorio.
“El trabajo no demuestra que el consumo de fruta provoque calcificación arterial. La fruta entera contiene fibra, agua y vitaminas, y posee una estructura que hace que sus azúcares se absorban de forma más gradual. La exposición estudiada se aproxima más a una ingesta elevada y frecuente de fructosa libre, como la que puede producirse con bebidas azucaradas y determinados productos ultraprocesados”, recalca el Dr. Villa-Bellosta.
Hasta ahora, los efectos cardiovasculares asociados al exceso de fructosa se relacionaban principalmente con la resistencia a la insulina, la inflamación, el ácido úrico y el estrés oxidativo. Los nuevos resultados añaden otra pieza: la pérdida de sustancias que protegen directamente las arterias frente a la acumulación de minerales.
Actuar sobre las vías de regulación del pirofosfato podría representar una estrategia terapéutica para prevenir la calcificación aórtica asociada a la fructosa, describen los autores.
El estudio ha contado con financiación de diferentes organismos e instituciones, entre ellos la Agencia Estatal de Investigación, la Xunta de Galicia y la Sociedad Española de Nefrología.
Referencia cientifica: Flores-Roco, A., Villa-Bellosta, R. La ingesta crónica de fructosa altera la homeostasis del ATP-pirofosfato extracelular y aumenta la susceptibilidad a la calcificación aórtica. Mol Med (2026). https://doi.org/10.1186/s10020-026-01597-z

