¿Por qué conocer la población de tiburones ayuda a conservar los océanos panameños?

agosto 25, 2026
La paleobióloga Erin Dillon recolectando fósiles en un afloramiento rocoso en Bocas del Toro, Panamá, que contiene fósiles que revelan la historia del Caribe en esa región. Crédito: Jorge Alemán

Dos océanos, un país y veinte veces más tiburones

Las escamas fósiles de tiburón halladas en las costas caribeñas y del Pacífico de Panamá demuestran que los dos mares nunca albergaron la misma cantidad de tiburones, y que tomar como referencia un objetivo de conservación de un océano podría suponer un error de un orden de magnitud

Prensa STRI

¿Cuántos tiburones debería tener un arrecife de coral? Parece una pregunta sencilla, pero casi en ningún lugar de la Tierra existe un arrecife que no haya sido objeto de pesca en algún momento o que no haya sido afectado de alguna otra forma por los seres humanos, por lo que no hay un punto de referencia con el que medir lo que se ha perdido o cómo sería su recuperación.

En un artículo publicado en la revista Science, y destacado en la portada, investigadores del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) de Panamá responden a la pregunta utilizando un indicador extraordinario que el equipo denominó jocosamente como ‘caspa’ de tiburón.

Imágenes en falso color obtenidas mediante microscopio electrónico de barrido de dentículos dérmicos (escamas) de varias especies de tiburones encontradas en arrecifes del Caribe. La morfología de los dentículos varía entre tiburones con diferentes modos de vida ecológicos.
Crédito: Erin Dillon, Jorge Ceballos, Aaron O’Dea y Ashley Diedenhofen

Los tiburones están cubiertos de dentículos dérmicos, diminutas escamas parecidas a dientes que se desprenden continuamente a lo largo de su vida y se depositan en los sedimentos de los arrecifes, donde pueden sobrevivir durante millones de años.

Si se cuentan los dentículos en una muestra de sedimento bien datada, se obtiene una estimación de cuántos tiburones nadaban por allí. El equipo aplicó este enfoque a ambos lados del istmo de Panamá, comparando sedimentos depositados hace entre 7,000 y 3,000 años —mucho antes de la pesca intensiva— con sedimentos del siglo pasado. En total, recogieron 3,497 dentículos de 157 muestras.

Ya desde el inicio del estudio se observaron indicios de los resultados. “En Bocas del Toro, en la costa caribeña de Panamá, encontrábamos alrededor de 50 dentículos de tiburón en 10 kilogramos (22 libras) de sedimento de arrecife. Cuando tomamos nuestra primera muestra, mucho más pequeña, de un arrecife del Pacífico, nos sorprendió encontrar 200 dentículos en solo un kilogramo (2.2 libras)”, comentó Aaron O’Dea, científico del STRI y coautor correspondiente.

A medida que llegaban las muestras y se modelaban adecuadamente los datos para tener en cuenta las variaciones en la datación y el esfuerzo, esa primera impresión se mantuvo.

Antes de que los humanos comenzaran a pescar en serio, los arrecifes del Golfo de Panamá, en la costa del Pacífico, albergaban aproximadamente 20 veces más tiburones que los arrecifes del Caribe, situados a solo cien kilómetros de distancia y que compartían muchas de las mismas especies de tiburones.

Desde entonces, las dos costas se han distanciado aún más. La acumulación de dentículos en el Caribe se redujo en aproximadamente un 75 por ciento, mientras que las tasas actuales en el Pacífico se mantienen estadísticamente sin cambios respecto a su nivel de referencia prehistórico.

El resultado es que los arrecifes de la costa del Pacífico de Panamá ahora producen aproximadamente 100 veces más dentículos que los de su costa caribeña.

Dentículos dérmicos de tiburón.
Crédito: Erin Dillon y Jorge Ceballos

Lo que hace que esto sea particularmente desconcertante es que la costa del Pacífico ha sufrido, con diferencia, la mayor presión pesquera. Más del 98 por ciento de la pesca de Panamá se realiza allí.

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“Cuando pensamos en el contexto oceanográfico de nuestras muestras, este patrón tiene sentido”, comentó Erin Dillon, autora principal del estudio. “El Golfo de Panamá es un entorno altamente productivo impulsado por el afloramiento estacional, que lleva nutrientes de las profundidades a la superficie y proporciona suficiente alimento para sustentar grandes poblaciones de depredadores. El Caribe, por otro lado, es más pobre en nutrientes. Eso da como resultado el agua clara que uno se imagina al pensar en un arrecife de coral clásico, pero significa que la energía del sistema se concentra en la biomasa de los propios arrecifes. El resultado es una menor abundancia de tiburones, que son más vulnerables a la pesca”.

La consecuencia práctica es contundente. Los gestores suelen estimar cuántos tiburones debería albergar un arrecife observando el arrecife más saludable que pueden encontrar en las cercanías. En Panamá, utilizar el Pacífico como referencia para el Caribe, o suponer que ambas costas han sufrido impactos comparables, establecería un objetivo de conservación erróneo por un orden de magnitud, o más. La productividad oceánica, argumenta el estudio, merece tanto peso como el historial de pesca a la hora de establecer metas de recuperación.

Sin embargo, estos hallazgos no significan que los tiburones del Pacífico estén completamente sanos. “Es posible que nuestras muestras de los últimos 100 años no reflejen la situación completa”, señaló O’Dea.

“La pesca dirigida a los tiburones en el Golfo de Panamá se intensificó en la década de 1980, por lo que las disminuciones recientes podrían verse diluidas al calcular el promedio a lo largo de un siglo. El trabajo del científico Héctor Guzmán, del STRI, muestra que las poblaciones de tiburones en la costa del Pacífico de Panamá están sometidas a la presión de una pesca cada vez más intensa en la actualidad.

Además, el año pasado informamos que el afloramiento que bombea agua fría y rica en nutrientes hacia el golfo falló por primera vez en la historia.

Al analizar todo esto en conjunto, los tiburones a lo largo de la costa del Pacífico de Panamá tienen una gran capacidad de recuperación, pero la sobrepesca, combinada con las condiciones oceánicas cambiantes, podría estar empujándolos hacia un estado que no se ha visto en milenios”.

El desarrollo del método en sí mismo tomó más de una década. “Este proyecto inició hace 12 años con una idea descabellada: buscar escamas de tiburón en los sedimentos de los arrecifes.

Encontrar el primer dentículo fue emocionante”, comentó Dillon, quien llegó al STRI como pasante en 2014, realizó su trabajo de doctorado en la Universidad de California, Santa Bárbara, y regresó a Panamá como becaria posdoctoral Earl S. Tupper.

“Tuvimos que averiguar qué nos podían revelar los dentículos, cómo extraerlos de los sedimentos de los arrecifes y cómo interpretar un conjunto de fósiles. Panamá representaba el lugar perfecto para aplicar este enfoque, ya que nos permitía comparar los datos de referencia de los tiburones en dos océanos muy distintos, separados por una sola franja de tierra”.     

Los arrecifes del Pacífico albergaban una abundancia de tiburones aproximadamente 20 veces mayor que los arrecifes del Caribe antes del impacto humano. Las poblaciones de tiburones del Caribe, en particular las especies pelágicas, han disminuido un 75 % desde mediados del Holoceno, mientras que sus contrapartes del Pacífico persistieron durante milenios a pesar de una mayor presión pesquera. Estas trayectorias contrastantes son consistentes con las diferencias en la productividad oceánica que determinan las capacidades de carga regionales, lo que subraya la importancia de incorporar el contexto oceanográfico en los objetivos de conservación marina (resumen de la publicación)

Referencia: Dillon, E.M., McCauley, D.J., Gonzalez, M., Connolly, S.R., de Gracia, B., Cybulski, J.D., Norris, R.D., Gómez, M.M., Garcia-Pérez, I., Leonard, N.D., Zhao, J., García-Méndez, K., O’Dea, A. 2026. Fossil denticles reveal how ocean productivity shapes shark baselines and recovery potential. Science. 10.1126/science.aec2144