El Consorcio BioBIVE persigue controlar patógenos de cultivos hortícolas para reducir los pesticidas químicos
Por: Mayka Sánchez

La autora es periodista y editora. Redactora especializada en salud y cultura.
Una de las principales preocupaciones en salud humana y medioambiental, en concreto en agricultura, de la Unión Europea (UE), es evitar los pesticidas químicos y generar mediante biotecnología productos alimenticios totalmente saludables. Y aquí es donde asume el protagonismo un ambicioso proyecto: el Consorcio BioBIVE, liderado por la Universidad de León (ciudad tercera potencia española en este campo, tras Madrid y Barcelona) y capitaneado por el científico Carlos Barreiro Méndez, profesor titular de bioquímica del campus universitario de la capital del otrora Reino de León.
“Nuestro proyecto”, explica su coordinador, “es innovador al fundamentarse en el desarrollo de sistemas de liberación biológica con acción bioactiva para el control de plagas en tres cultivos, tomate, zanahoria y fresa, seleccionados por su importancia en Europa a partir de criterios socioeconómicos.
El Consorcio BioBIVE es un grupo interdisciplinar de 16 miembros, integrado por universidades, centros de investigación, Pequeñas y Medianas Empresas (pymes), y grandes empresas, de seis países comunitarios”.
El impulsor de BioBIVE explica que el proyecto, de 48 meses de duración, que se inició en junio de 2024 y concluirá en mayo de 2028, está dotado con cerca de siete millones de euros, siempre bajo la coordinación de la Universidad de León. Estos esfuerzos tendrán un impacto sustancial a largo plazo en el plan de Acción de Bioeconomía de la UE con el objetivo de alcanzar una economía climáticamente neutra y una agricultura más resistente.

Objetivo de la UE
El objetivo actual de la UE, en palabras del profesor Barreiro, es proteger la biodiversidad, los ecosistemas y la salud humana al propio tiempo que realizar la transición hacia un futuro más ecológico y resiliente. “En este aspecto”, añade, “la moderna agricultura se enfrenta al reto de reducir su dependencia de productos químicos sintéticos y materiales de origen fósil para explorar alternativas más sostenibles y respetuosas con el medio ambiente”.
De este modo, BioBIVE está incorporando agentes bioactivos, como extractos de plantas y algas o agentesmicrobianos con capacidad antifúngica (frente a hongos), a diferentes sistemas biodegradables de liberación de tales compuestos, que redundará en una mejora del rendimiento y la salud de los cultivos.
En este proyecto trabajan equipos científicos multiplisciplinarios integrados por biólogos, químicos, fabricantes de bioplásticos, biotecnólogos, ingenieros de materiales, agricultores, informáticos y economistas.
Es obvio, según el coordinador del proyecto de la Universidad de León, que esta iniciativa va a tener unos claros impactos económicos, entre otros, el refuerzo del mercado de agentes bioactivos que sean alternativa a los productos agroquímicos tradicionales y nocivos para la salud humana y medioambiental; disminución del precio de los sistemas de base biológica por su valor añadido; fomento de la reducción de la dependencia de Europa frente a terceros países, puesto que los recursos empleados son propios; valoración de las biomasas marinas renovables como materias que impulsan además el crecimiento de esta industria, e incremento de puestos de trabajo en zonas rurales que han sufrido despoblación.
“Este nuevo enfoque ”, sostiene, “pretende tener un impacto sustancial a largo plazo en el Plan de Acción de Bioeconomía comunitario y en el objetivo de una economía climáticamente neutra, además de en una agricultura más resistente, que ofrezca soluciones alternativas a los actuales pesticidas con la maximización del impacto de sus tecnologías al implicar a las partes interesadas públicas y privadas.”
León con gran potencial en biotecnología

A partir de la documentación del ayuntamiento de León y del llamado Observatorio Ocupacional de ILDEFE se constata el impacto en el número de empleos que genera la biotecnología en la ciudad y periferia, y en virtud de los últimos datos disponibles (primer trimestre de 2026), esta demarcación revela que la primera actividad industrial es la fabricación de productos farmacéuticos, que, junto a la industria química, se elevan a 2.946 empleos directos, cifra que se ha incrementado en mil más en los últimos cuatro años.
El área metropolitana de la ciudad arrojó en el primer trimestre de 2026 exactamente 94.025 cotizantes dados de alta en la Seguridad Social. Digamos que grosso modo, como advierte Carlos Barreiro, uno de cada 32 cotizantes se encuentran en el sector farmaquímico basado fundamentalmente en la biotecnología.
“Así, en estos últimos cuatro años, y si tenemos en cuenta la subida de los cotizantes de 86.710 en los tres primeros meses de 2022 a 94.025 en los inicios de 2026, concluimos que la proporción de empleos aportados por la biotecnología ha pasado de uno por cada 44 cotizantes a uno de cada 32, según se ha señalado, lo que nos erige en el tercer polo de este campo laboral en el ámbito nacional” afirma.

El último informe de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio) de 2025 indica que cada empleo directo en biotecnología genera en torno a tres indirectos e inducidos, lo que supone el 0,78 % del empleo total en España. El Observatorio de las Ocupaciones del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) también reveló para 2024 que la población ocupada ascendía a las 21.857.900 personas.
Antecedentes y germen del éxito

Estos datos tan halagüeños no surgen por generación espontánea, sino que se necesitan tres pilares: un germen que lo despierte, un ecosistema que lo mantenga y permita evolucionar y suerte que vaya sorteando los escollos del camino. Como germen el profesor Barreiro cita a los padres fundadores: las empresas relacionadas con la sanidad humana y animal de hace más de 85 años, que son laboratorios Abelló, Syva, Ovejeros y, por supuesto, Antibióticos SA.
Syva, creada en 1941, llega actualmente a 70 países con productos para animales de granja y de compañía. Se halla en fase de expansión debido a la creciente demanda de sus productos. En Abelló dio el magnate Mario Conde sus primeros pasos en el mundo de las empresas farmacéuticas. En la década de los ochenta Abelló fue vendida a la multinacional estadounidense Merck Sharp & Dohme (MSD), para cerrar en 1987 definitivamente sus instalaciones en León, edificio que fue declarado Bien de Interés Cultural. Ovejero fue adquirido por el grupo gallego Zendal en 2021.
Tras este brevísimo resumen se diría que la Universidad de León tomó la antorcha al empezar a potenciar las carreras asociadas a la biotecnología y así surge el Centro Tecnológico INBIOTEC, que le dio un nuevo impulso. Merced a esta gran iniciativa surge el proyecto BioBIVE y, en definitiva, esta ciudad se posiciona como el tercer polo biotecnológico de España (después de la capital del país y la Ciudad Condal) por el número de empleos, la especialización de estos, la actual variedad de empresas existentes y su trayectoria y proyección.
Bases de la biotecnología

Las técnicas biotecnológicas, en un sentido más rudimentario, llevan empleándose desde la antigüedad (uso de levadura como organismo vivo para producir el producto deseado), ya que el ser humano ha utilizado microorganismos para la fermentación y producción de pan, yogur o cerveza, o ha seleccionado las mejores variedades de plantas para sus cosechas.
No obstante, el origen moderno del término biotecnologíafue creado en 1919 por el ingeniero agrónomo húngaro Karl Ereky en un artículo científico publicado en la revista internacional Journal of Horticultural Science. Así, pasa a ser considerado el padre de la biotecnología moderna.
Pero sería injusto y no hacer honor a la historia prescindir de todos los progresos previos y posteriores habidos en genética, bioquímica, las leyes de Mendel, el descubrimiento de la estructura del ADN e incluso del descubrimiento de la prueba PCR, a cuyo autor, el estadounidense Karis Mullis, le concedieron el Premio Nobel de Medicina. Todos estos avances y otros muchos han contribuido significativamente a la consolidación de la biotecnología como una ciencia moderna con proyecciones visiblemente infinitas.
Por: Mayka Sánchez

