fbpx
Henrimar Henríquez, presidenta de Álamo, Grupo de Gestión de Procesos en Medicina de Desastres
Los miembros del Grupo Álamo también están atravesados por el dolor de la tragedia: historias personales de pérdidas de familiares, amigos y materiales. Sin embargo, servir es el verbo que se antepone a su propio dolor

Por: Violeta Villar Liste | Imágenes cortesía grupo Álamo

Nadie pensaba en la posibilidad de un terremoto, de un nuevo deslave o una tragedia como la que ahora vive Venezuela.

Sin embargo, un grupo de estudiantes de la Escuela de Medicina José María Vargas de la Universidad Central de Venezuela (UCV) reflexionaron que sí era posible y, por tanto, necesario estar preparados.

Las enseñanzas del Dr. Carlos Cabrera Lozada, desde la asignatura de Medicina del Desastre, permitieron comprender la vulnerabilidad en la cual quedan las personas ante situaciones de emergencia y la importancia de contar con conocimiento y destrezas para el manejo de la situación.

Los estudiantes de Medicina, Henrimar Henríquez, Oriana Lozada, Gabriela Amaíz, Ingrid Dorante y Ulises Franco, se acercan al Dr. Cabrera, le explicaron sus inquietudes y motivados por las enseñanzas de su cátedra, fundan en mayo de 2025 el  Proyecto Álamo: Grupo de Gestión de Procesos en Medicina de Desastre de la Escuela de Medicina José María Vargas.

¿Por qué álamo?, porque este árbol simboliza fortaleza y resiliencia, lema del grupo. Es un árbol “capaz de mantenerse firme ante la tormenta», gracias «a su resistencia y capacidad de adaptarse a condiciones adversas».

En este esfuerzo fundacional contaron con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), de Jorge Molina, coronel retirado de los Bomberos, y del propio Dr. Cabrera.

Sus tareas iniciales se concentraron en crear conciencia en la comunidad sobre la importancia de la medicina de desastre y en animar a más voluntarios, quienes han permitido que la iniciativa crezca.

Hace una semana establecieron alianza con los Bomberos de Caracas para prepararse en búsqueda y rescate.

Sin embargo, la tragedia de los dos terremotos consecutivos en Venezuela los llevó a entrar en acción antes de lo esperado, tanto en Caracas como en La Guaira y ciudades del interior afectadas, con labores de rescate, guía y apoyo.

Los mueve la voluntad de servir. Se apoyan en su formación en Medicina de Desastre y como estudiantes de Medicina del tercer año de la carrera.

El dolor no les impide servir

Los miembros del grupo Álamo también están atravesados por el dolor de la tragedia: historias personales de pérdidas de familiares, amigos y materiales. Sin embargo, servir es el verbo que se antepone a su propio dolor.

El día de la tragedia, 24 de junio, era feriado en Venezuela por conmemorarse el Día de la Batalla de Carabobo. La coincidencia del festivo llevó a más personas a trasladarse a las playas del estado La Guaira para compartir con familiares y amigos.

Otros, estaban en sus casas, “estudiando para los exámenes; un día normal de un estudiante venezolano”, explica Henrimar Henríquez, la presidenta del Grupo Álamo, en contacto telefónico con LWS.

Luego de la sucesión de los terremotos, quedaron incomunicados durante ocho horas. Sin embargo, cada integrante del equipo se desplegó en su comunidad para dar apoyo.

En su caso, vive en San Antonio de los Altos donde no hubo daños estructurales. Entra en contacto con Vanessa Hernández, quien es integrante de Álamo, también paramédico y rescatista, quien le informa a Henríquez que estaba en La Guaira en labores de rescate y le describe la tragedia que se vivía luego de los terremotos.

Con esta información, Henrimar Henríquez decide trasladarse al sector Los Cocos de La Guaira junto con su familia, porque sabía que en el lugar residían sus tíos y una prima.

“Al llegar me impactó el daño estructural. Ver a la gente durmiendo en la calle y gritando entre los escombros”.

Ahora hay equipos internacionales, pero en ese momento el venezolano común, con la fuerza de la determinación, de la solidaridad y del amor a los suyos, con sus manos removió piedras y escombros para lograr salvar a quienes permanecían atrapados, explica la presidenta de Álamo.

En su caso, junto a los suyos, también sus manos fueron taladro y pala. Sin recursos disponibles “intentamos desenterrar a nuestros familiares”. No se salvaron.

Lamenta la falta de recursos, en particular en las primeras horas. “Los Bomberos están preparados, pero no son suficientes”.

Salvar, ayudar y sostener en medio del dolor

La presidenta de Álamo explica que los voluntarios del grupo están entregando su mayor esfuerzo.

Vanessa Hernández ha logrado colaborar con el rescate de personas; Cristian Contreras, quien se quedó sin casa, sigue ayudando y rescatando a las personas.

Maried Neves y Gabriela Amaíz dan apoyo en redes sociales y con el manejo de donaciones.

Ángel Fernando y Rodrigo Marín se encuentran desplegados en los centros de acopio.

Ruth Hernández ofrece apoyo médico en campo.

Henrimar Henríquez recorre los refugios para conocer las necesidades de las personas, apoya en la atención de los centros y ofrece recomendaciones, en particular de tipo sanitario.

Durante una reunión en la Facultad de Medicina propuso crear una sala situacional para organizar la ayuda que se está recibiendo y lograr un reparto equilibrado.

La formación que los preparó

La presidenta de Álamo confiesa su asombro ante lo que están viviendo. Agradece al Dr. Cabrera porque la formación en Medicina de Desastre les dio capacidad para enfrentar la situación.

Espera que esta tragedia genere conciencia sobre la necesidad de fortalecer con equipos y mayor capacitación a quienes tiene la voluntad de ayudar y servir, en particular en su caso que son pioneros en crear un grupo de Medicina de Desastre.

Proponen no solo fortalecer la preparación individual de los integrantes de Álamo, sino crear “una red de colaboración lista y preparada para trabajar con instituciones clave como la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Cruz Roja, Protección Civil (PC) y el Cuerpo de Bomberos, entre otros, garantizando así una formación integral basada en los estándares internacionales logrando una estructura sólida”.

Tener esperanza y fortaleza

En medio del panorama desolador que han dejado los terremotos, Henrimar Henríquez se conmueve ante el milagro de las personas localizadas bajo los escombros, la actuación de Tsunami, un perro salvado del abandono y entrenado para labores de rescate, que ha logrado conseguir con vida a varias personas. Para muchos es un héroe.

Heroísmo presente en voluntarios en el terreno, en venezolanos residentes en el exterior y las misiones internacionales que han traído esperanza en medio de la desolación.

Noticias ONU confirma, por ejemplo, la llegada este martes de un cargamento de 47 toneladas de suministros de emergencia de UNICEF  a Venezuela “para asistir a niños y familias afectados por los devastadores terremotos de la semana pasada, mientras las agencias de la ONU alertan de que miles de personas continúan sin hogar y aumentan los riesgos de separación familiar y enfermedades”.

El envío, movilizado desde una reserva humanitaria de la Unión Europea ubicada en Copenhague, incluye equipos médicos para atención urgente, partos seguros y cuidado de recién nacidos; sistemas para purificar y almacenar agua; tiendas para instalar espacios seguros para niños y puntos de atención; sillas de ruedas y otros dispositivos de movilidad, además de materiales recreativos y de desarrollo infantil temprano, anuncian.

“Junto con otro envío regional que llegó desde Panamá el 28 de junio, los suministros permitirán asistir durante tres meses a más de 100.000 niños y sus familiares. Unicef calcula que unos 680.000 niños requieren ayuda humanitaria en las zonas afectadas”.

La presidenta de Álamo reflexiona que este trágico suceso debe motivar reflexiones sobre la urgencia de no construir en zonas inseguras, de escuchar las recomendaciones de los Bomberos y Protección Civil y prepararse con sistemas logísticos y de organización para saber actuar ante la próxima emergencia. Como Grupo de Gestión de Procesos en Medicina de Desastre han debido aprender lecciones sobre el terreno, trabajar con los recursos disponibles, eso sí, con solidaridad y entrega. Haciendo honor a su lema: fortaleza y resiliencia.

Por: Violeta Villar Liste | redaccion@lawebdelasalud.com