El Café Científico de la Senacyt reunió las voces de seis investigadores de la Estación Científica Coiba-AIP quienes destacaron el valor de este ecosistema
Por: Tamara del Moral | Prensa Senacyt
El Parque Nacional Coiba (PNC), Patrimonio Mundial, es mucho más que un destino de turismo y buceo; es un punto caliente de biodiversidad donde los ecosistemas marinos y terrestres se entrelazan.
Con el objetivo de acercar la ciencia al público y destacar la importancia de conservar uno de los ecosistemas más emblemáticos de Panamá frente a los desafíos ambientales actuales, la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) realizó el Café Científico “Conectando arrecifes, estuarios y bosques: conectividad, biodiversidad y calidad ambiental en el Parque Nacional Coiba.”

Seis investigadores de la Estación Científica Coiba-AIP (https://coiba.org.pa/) compartieron sus estudios desde la ecología y la microbiología marina hasta la fisiología vegetal y el comportamiento animal, y demostraron cómo los ecosistemas marinos y terrestres del PNC están interconectados.
Los investigadores coincidieron en que Coiba no es solo un tesoro nacional. Es un laboratorio natural donde la ciencia puede guiar políticas públicas efectivas. Los panelistas fueron: Edgardo Díaz-Ferguson, Edgardo Garrido, Joel Sánchez, Eloisa Lasso, Eric Flores y Dumas Gálvez.
Defensa del patrimonio natural desde la ciencia
Dr. Edgardo Díaz-Ferguson, director de la Estación Científica Coiba-AIP:
La ciencia es la clave para la gestión efectiva de los recursos naturales y el desarrollo sostenible de un país. Especialmente en un país como Panamá, donde sus principales activos son el recurso agua y su biodiversidad. En sus 8 años de gestión, la Estación Científica Coiba-AIP ha creado el primer laboratorio insular de oceanografía y ecología marina de Centroamérica, ha instalado una torre meteorológica y la primera boya oceanográfica del Pacífico insular centroamericano. Consolidó 13 líneas de investigación a través de más de 17 proyectos liderizados y ejecutados por sus científicos de planta, posdoctorales, tesistas e investigadores asociados.
Se han producido más de 144 publicaciones en revistas indexadas. Se han generado 10 documentos técnicos claves para la toma de decisiones del país, y a nivel regional en materia de conservación de especies y ecosistemas costeros, gobernanza oceánica, catálogos de especies y ecosistemas, libros didácticos para niños de mamíferos y reptiles, listados moleculares y trazabilidad de productos pesqueros.
“Las investigaciones, productos científicos y documentos técnicos generados por nuestra AIP son garante del estatus de conservación del PNC y coadyuvan las acciones de conservación, vigilancia y control que ejecuta el Ministerio de Ambiente. Asimismo, son garante de que las políticas públicas sobre el Parque y su estatus de conservación sean cónsonas con la ciencia y los descubrimientos hechos en el parque”.
El programa de becas Mar del Sur (2019), proporciona un estímulo económico, apoyo logístico y operacional a estudiantes de las principales universidades públicas panameñas que realizan tesis de investigación a nivel de pregrado y posgrado en la isla de Coiba, graduando más de 10 tesistas de licenciatura y 4 de posgrado. Además, se creó un programa de turismo científico y el programa internacional de Doctorado en Desarrollo Sostenible que iniciará en marzo de 2027.
Dr. Joel Sánchez – Centinelas microscópicos en los estuarios:
Los estuarios tropicales de Panamá son puntos de encuentro donde el agua dulce de los ríos se mezcla con el mar, funcionando como la puerta de entrada a nuestra biodiversidad costera. En estos ambientes habitan comunidades invisibles de microorganismos que forman el eslabón más pequeño y abundante de la vida; ellos reciclan nutrientes y limpian el agua de forma natural. Por esto, los microorganismos y los parámetros fisicoquímicos actúan como “indicadores” clave de la calidad ambiental. Al ser ecosistemas dinámicos bajo la presión del crecimiento urbano y el cambio climático, su equilibrio se está rompiendo.
Sánchez compara la vida microbiana de Coiba, prístina y saludable, con la del contaminado río Juan Díaz. Sus hallazgos son alarmantes: en estuarios urbanos aparecen Vibrio y coliformes resistentes. La contaminación no solo altera quiénes viven en el agua, sino que convierte a nuestros estuarios en vías para la dispersión de la resistencia antimicrobiana, lo cual amenaza los ciclos biogeoquímicos y, por ende, la salud del ecosistema. “Es importante monitorear ‘áreas centinelas’ para evaluar la efectividad de las normativas actuales sobre efluentes y contaminación bacteriana para evitar que la resistencia antimicrobiana colapse nuestros ecosistemas costeros”.
Dr. Edgardo I. Garrido-Pérez – La palma aceitera Elaeis oleifera en el penal de Coiba:
¿Quién sembró las 55 palmas de Elaeis oleifera en frente a la Estación Científica Coiba-AIP (edificio actualmente en construcción), en Playa El Tigrón, cerca del sendero «Los Monos»? Se trata de palma aceitera nativa, conocida como “corocita”.
Presuntamente fue cultivada allí por reclusos en el siglo XX o por buzos del siglo XIX. Las científicas Alicia Ibáñez e Ilean Isaza proponen que fueron los indígenas precolombinos.
Usando tasas de crecimiento y simulaciones estadísticas, Garrido-Pérez encontró que la natalidad, mortalidad y reclutamiento de esta especie en el penal, coincide con la vigorosa agricultura de Coiba por pura casualidad, es decir, que la palma siempre fue libre, que tal vez desciende de semillas traídas por indígenas precolombinos, y que puede estar evolucionando por pura casualidad genética.
Dra. Eloísa Lasso – La flora que no existe en ningún otro lugar:
La flora endémica de Coiba se caracteriza por estar aislada del continente por miles de años. Coiba ha funcionado como un laboratorio natural donde algunas plantas han seguido trayectorias únicas, desarrollando historias evolutivas, estrategias fisiológicas y mecanismos reproductivos que apenas empezamos a comprender. La Dra. Lasso mencionó ejemplos de algunas de estas especies poco conocidas, cómo sobreviven, se reproducen y dispersan sus semillas en un ambiente insular, incluyendo el sorprendente caso de semillas que son expulsadas de forma explosiva por sus frutos.
Su mensaje es: “Coiba es un refugio de biodiversidad, y cada una de estas plantas, con la belleza y singularidad que tienen, deben ser estudiadas urgentemente, porque son parte del irremplazable patrimonio natural de Panamá.”
Eric Flores – Anfibios, reptiles y tortugas: termómetros ecológicos:
Las islas son entornos vulnerables a los cambios climáticos, especies invasoras y las alteraciones antropogénicas. Usando la herpetología como herramienta se pueden explorar aspectos de integridad ecosistémica, consecuencias de invasiones y conservación.
El Dr. Flores se refirió a una especie de reptil invasor en términos zoonóticos, las especies de anfibios y reptiles conocidos en Coiba, y cómo la diversidad herpetológica se distribuye entre hábitats y ecosistemas. Destacó la importancia ecológica de Coiba para especies banderas como las tortugas marinas y su conservación. La herpetología en Coiba se convierte en una herramienta para describir una línea base de la biodiversidad y un potencial indicador temprano de cambios ecosistémicos.
Dr. Dumas Gálvez – El efecto dominó de las especies ausentes:
El Dr. Gálvez abordó la etología, ecología y evolución en el PNC. A través de ejemplos concretos, conversó sobre el impacto de la ausencia de depredadores y otros vertebrados clave que modifican el comportamiento y la abundancia de distintas especies.
En el caso del ñeque (agutí), exhiben cambios en la percepción de riesgo y esto influye en la dispersión y remoción de semillas.
Por otra parte, la ausencia de hormigueros afecta a las termitas, alterando procesos como la descomposición de madera y el reciclaje de nutrientes.
También presentó el caso de la competencia entre hormigas y cangrejos, ilustrando cómo la liberación de ciertos grupos puede reorganizar las interacciones en el suelo del bosque.
En conjunto, estos ejemplos permiten comprender cómo los cambios en la presencia de especies pueden propagarse a través del ecosistema, modificando su funcionamiento de maneras profundas, pero a menudo poco visibles.
Por: Tamara del Moral | Prensa Senacyt

