El dolor de todos, nuestro dolor

octubre 30, 2026
Imagen: Pedro Crenes Castro

Episodios como los vividos con el terremoto en Panamá, o el terrible accidente de trenes en España, apelan a una mirada mucho más sosegada y profunda de lo que aquí nos retiene, en esta vida

Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña pcrenes@gmail.com

Artículo por: Pedro Crenes Castro


Ante la rudeza de los hechos, ante la tozuda «realidad», no nos queda más refugio que la buena literatura, que los buenos libros, que se mantienen de pie cuando de las manos se nos caen tantas ligerezas impresas de buena fe

El dolor de todos, nuestro dolor

Uno de los peligros de la literatura contemporánea es su tendencia a la desconexión, a la superficialidad de oropel, que pretende crear vías de escape que no son más que la entrada en una profunda espiral de apatía hacia los demás, sobre todo cuando sufren. El dolor no vende a pesar de ser la vocación por excelencia de la humanidad, digan lo que digan los nuevos «escritores», así, entre comillas.

Episodios como los vividos con el terremoto en Panamá, o el terrible accidente de trenes en España, apelan a una mirada mucho más sosegada y profunda de lo que aquí nos retiene, en esta vida, aunque parezca difícil, tantas veces, no desear que el famoso e invocado «Meteorito de Dios» o del Universo termine de una vez por todas con esta terrible sensación de que todo se va hacia la nada, de que no terminamos de salir de una para caer en otra. Es entonces cuando la literatura sale a escena.

En estos días volví escuchar, en la voz del poeta Salvador Medina Barahona, parte de su poema Viaje a la península soñada, que me ha acompañado siempre. Hay en especial un fragmento iluminador, como toda buena poesía, que en estos días de temblor y duelo son un sustento:

Cuando amanece todo vuelve,

el dolor se esconde

bajo las sábanas,

la cazuela arde

y la ternura se calienta

en ella.

También las pesadillas

se extinguen, ¡no

nos quepa duda!

¡Porque es la hora del pindín

en esta estación metálica

y violenta

que hemos llamado

vida!

Ante la rudeza de los hechos, ante la tozuda «realidad», no nos queda más refugio que la buena literatura, que los buenos libros, que se mantienen de pie cuando de las manos se nos caen tantas ligerezas impresas de buena fe. Qué duda cabe que vivimos tiempos recios en todas partes, y en todas ellas, seguro, hay una mínima luz en forma de poema o cuento.

En una de sus fabulas descreídas, brevísimas y sin moraleja, Augusto Monterroso, autor de El dinosaurio, nos escribió, para tiempos como estos, La fe y las montañas:

Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios.

Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.

La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio.

Cuando en la montaña se produce un cambio de paisaje, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de Fe.

Son tiempos para volver a creer en la buena literatura, seguir su rastro clásico y moderno para dejar atrás tanta congoja. Quizás algo de fe nos vendría bien para mover las montañas de este golpe tan duro, el de hoy, y los que vendrán, seguro. Siempre hay una pequeña luz que anuncia, como pálido fuego, una mañana de esperanza, a pesar de todo. Contra todo.


Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | pcrenes@gmail.com

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.