Necesitamos que la seriedad y el peso del oficio de escribir recupere su valor, porque —no me cansaré de decirlo— hace falta contar bien nuestra circunstancia, más allá de los sueños, vivencias y sensibilidades que produce en cada uno el hecho nada barato de ver «publicados tus sueños».
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña pcrenes@gmail.com

Artículo por: Pedro Crenes Castro

Vivimos días pésimos, pero recuperar el compromiso con el oficio de escribir nos lleva a afirmar con Gala: «¿Cómo no creer entonces que el arte podría salvar al mundo, o podría salvar al hombre que salvaría al mundo?»,
El peso del oficio de escribir
«¿Para qué escribo, se pregunta? ¿Qué espero al escribir? ¿Es una generosidad o un egoísmo? ¿Es algo inevitable como la llegada de la primavera o del atardecer o de la muerte? Algún día escribí para destinatarios favorables, que se complacían o se condolían conmigo. Eran lectores cómplices; buscaba lealtades perdurables; trataba de prolongar luces para que siempre apagadas y, sin saber cómo, encendía otras nuevas.
¿Quería ser yo, o quería —probablemente— ser algo más que yo? Quizá fueron aspiraciones excesivas. Quizá mi deseo fue disfrutar doblemente del instante —disfrutarlo y contarlo—, y descansar en la esperanza de que otro habría después de él formando un tiempo inagotable. Era una situación —efímera, pero dichosa— en que uno no conocía los límites de su talento (lo que en cierta forma, lo limitaba) y en que todo lo amado parecía asequible. ¿Cómo no creer entonces que el arte podría salvar al mundo, o podría salvar al hombre que salvaría al mundo? Alguien que pensaba así escribió después: “Feliz el hombre que no necesita decir más de lo que sabe ni menos de lo que cree”».
Antonio Gala.
Hay muchas maneras de ser escritor, y eso se nota en lugares concurridos como ferias, festivales, academias y demás saraos literarios. El ecosistema gregario entre escritores contrasta siempre con la necesaria «soledad» del oficio, esa vieja amiga que nos levanta temprano y nos tiene sentados hasta tarde para que ejerzamos el oficio más viejo del mundo: contar historias.
Hay un compromiso del escritor con el tiempo en que vive que se ha perdido en favor del vicio de publicar, que, aunque se quiera vestir de democracia y de opinión respetable, es vicio de vanidad. Necesitamos que la seriedad y el peso del oficio de escribir recupere su valor, porque —no me cansaré de decirlo— hace falta contar bien nuestra circunstancia, más allá de los sueños, vivencias y sensibilidades que produce en cada uno el hecho nada barato de ver «publicados tus sueños». Y es aquí donde la frase de Gala es pertinente.
Recuerdo leer durante los noventa sus columnas en el diario El País. Aquella belleza sólida de los argumentos, la ruda intuición en su lectura de lo que ocurría, su constante cuestionar el mundo, lo hacían gratamente incómodo, parecía, al hablar en entrevistas, al escribir en prensa, un optimista bien informado que no renunciaba a cierto pesimismo constructivo. Esa maraña de sensaciones, del peso del oficio, es lo que lo convertía en un gran escritor, era el compromiso irrenunciable con sus circunstancias y con su buen hacer literario.
Vivimos días pésimos, pero recuperar el compromiso con el oficio de escribir nos lleva a afirmar con Gala: «¿Cómo no creer entonces que el arte podría salvar al mundo, o podría salvar al hombre que salvaría al mundo?», ¿cómo no creer que se puede salvar la patria desde una mirada seria sobre lo que es escribir, sobre eso que llamaos literatura nacional. Los muchos emprendimientos literarios nos están llevando a tomar decisiones absurdas en contra de la belleza, del criterio y hasta de la decencia política.
Por eso «Feliz el hombre que no necesita decir más de lo que sabe ni menos de lo que cree», por eso es tan importante cumplir con el primer compromiso revolucionario del escritor, como decía en serio y mamando gallo Gabriel García Márquez —nuestro hermano mayor de parrandas literarias—, que no es otro que escribir buenas historias. Pero se nos olvida que el oficio es algo serio, pesado y feliz, que nos vale la alegría encarar, pero no por eso menos crucial y necesario para los tiempos que nos está tocando vivir.
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | pcrenes@gmail.com

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.

