En tiempos confusos, volvamos a la gran literatura, volvamos al «lugar de La Mancha» donde todo comenzó hace más de cuatrocientos años
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural: Literatura Panameña pcrenes@gmail.com

Artículo por: Pedro Crenes Castro

Muchos se han quejado de haber sido obligados en la escuela a leer el Quijote. Quizás no todos hayamos tenido la suerte de que nos lo explicaran bien, o de que nos lo soltaran poco a poco para ir apreciando su magia
El Quijote en tiempos confusos
Todos los tiempos son buenos para volver a leer el Quijote, y más en estos donde se avistan peligrosos molinos de viento, transformados en gigantes, sobre los escarpados horizontes de las cuatro esquinas de este nervioso mundo, y en particular en este lugar de «La Mancha» que llamamos Panamá.
«La Mancha» a la que aludo, es el territorio de nuestra lengua, en palabras de otro «panameño» célebre, Carlos Fuentes: «¿Qué nombre nos nombra? ¿Qué resumen lingüístico nos une y reúne? ¿Qué título, simplificándonos, da cuenta verdadera de nuestra complejidad? He venido proponiendo un nombre que nos abarca en lengua e imaginación, sin sacrificar variedad o sustancia.
Somos el territorio de La Mancha. Mancha manchega que convierte el Atlántico en puente, no en abismo. Mancha manchada de pueblos mestizos. Luminosa sombra incluyente. Nombre de una lengua e imaginación compartidas. Territorios de La Mancha, el más grande país del mundo».
Ninguna novela puede rescatar mejor que la de Cervantes, que desde el principio nos plantea un juego, desde el prólogo, en el cual se aventura en solitario a publicar su sátira sobre la lectura popular de entonces, para vengarse o reírse de todo y de todos, dando rienda suelta a la que sin duda es la obra más influyente de las letras universales, que se inventó no solo un género, sino que lo fijó llenándolo de grandes desafíos metaliterarios, de grandes consignas para escritores, de amplios espacios de reflexión a mandíbula batiente y silenciosas carcajadas de puro nostálgico que se pone uno. Cervantes, construye un personaje único, en dos partes, porque sin el bueno de Sancho no habría aventura en La Mancha.
De este fuego cruzado de incertidumbres, quizás, solo quizás, pueden rescatarnos pasajes de hondura solemne como la llamada Novela de Marcela, o el arranque del capítulo LVIII, esas grandes frases sobre la libertad más allá del privilegio nacido de la coima y la mentira.
Están los sucesivos refranes, que también pueden rescatarnos, en boca de Sancho y replicados por don Quijote, una costumbre que otro héroe quijotesco, de figura también triste y esmirriada, el Chapulín Colorado, comparte. Necesitamos esa sabiduría cruzada, y también esas escenas aleccionadoras de derrotas infligidas por nuestras decisiones, pero también aquellas de grandes victorias a pesar de nuestra locura o insensatez, que debemos a la buena dicha, a la suerte, a la buena ventura, a la mano de Dios.
Muchos se han quejado de haber sido obligados en la escuela a leer el Quijote. Quizás no todos hayamos tenido la suerte de que nos lo explicaran bien, o de que nos lo soltaran poco a poco para ir apreciando su magia, no sé, pero no dejen de darse la oportunidad de adentrarse en una obra que cada día es fresca, que ofrece amplios espejos para mirarnos y mirar el mundo que nos rodea, y, sobre todo, se trata de una obra que genera literatura, que entusiasma incluso en sus momentos más oscuros.
Además, se van a reír mucho. Los clásicos también dan risa, porque nos retratan como esos viejos espejos de las ferias, nos achican, engordan, afean y allí nos reímos, porque sabemos, en el fondo, que podemos ser nosotros, y mejor reírse para no llorar.
En tiempos confusos, volvamos a la gran literatura, volvamos al «lugar de La Mancha» donde todo comenzó hace más de cuatrocientos años.
Pedro Crenes Castro, coordinador del Viernes Cultural Literatura Panameña | pcrenes@gmail.com

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.

