Para Rolando Gordón, decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Panamá, el evento telúrico no solo destruyó infraestructuras, sino que visibilizó la profunda brecha socioeconómica que padece el país
El sociólogo Rigoberto Pittí Beitía sostiene que la desigualdad estructural y las disparidades socioeconómicas condicionan la vulnerabilidad que sufren las personas ante los desastres
La Dra. Ivonne Torres, presidenta de la Fundación Ciencia en Panamá y directora de Investigación y Posgrado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá, destaca que la comunidad científica, tecnológica y de innovación desempeña un rol fundamental para guiar una reconstrucción equitativa
Por: Sherly Díaz

Sherly Díaz es periodista, experta en Economía, docente y editora
Luego del terremoto registrado en Panamá que afectó principalmente las provincias de Herrera, Los Santos, Coclé y Veraguas, y se sintió en todo el país incluyendo la capital quedó en evidencia la brecha de desigualdad entre la ciudad y el campo.
Para el profesor universitario y sociólogo, Rigoberto Pittí Beitía la brecha de la desigualdad se expresa en múltiples dimensiones que desenmascaran las asimetrías que ha venido mostrando la estructura social panameña.
Por un lado, las mayores afectaciones ocurridas en las áreas rurales de las provincias centrales y la comarca Ngäbe Buglé corresponden con los índices de pobreza respecto a las capitales de provincias y el corredor interoceánico.
El Banco Mundial en su informe oficial de febrero de 2025 titulado “Panamá: del crecimiento a la prosperidad”, situó a la pobreza urbana en 4.8%, según datos consolidados de 2023; mientras en las zonas rurales representaba el 39.6% y en las poblaciones indígenas un 76.0%.
Pittí sostiene que estos datos sobre la desigualdad estructural y las disparidades socioeconómicas condicionan la vulnerabilidad que sufren las personas ante los desastres y cómo se distribuyen los daños.
Es decir, mientras en las capitales de provincia los daños fueron menores, en las zonas rurales e indígenas próximas a los movimientos telúricos, los efectos fueron devastadores, ya que se destruyeron los mayores bienes que poseen las familias: la vivienda, los cultivos, los enseres, las infraestructuras viales y las comunicaciones, argumentó.
Fragilidad social y realidad dual

El reciente sismo puso al descubierto la fragilidad social de los sectores rurales e indígenas de Panamá, concentrándose en regiones como Tonosí, Veraguas y las comarcas.
Para Rolando Gordón, decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Panamá, el evento telúrico no solo destruyó infraestructuras, sino que visibilizó la profunda brecha socioeconómica que padece el país.
“El terremoto acabó con las viviendas improvisadas que la propia gente construyó con materiales débiles para sobrevivir. Ahora se hace evidente la gran brecha social entre el campo y la ciudad que siempre ha existido”, advierte Gordón.
A juicio del economista, el país experimenta una realidad dual tanto en lo económico como en lo social. Por un lado, se encuentra el área de tránsito vinculada al Canal de Panamá y a Colón, caracterizada por un alto desarrollo tecnológico, producción industrial y servicios orientados a la exportación. Por el otro, convive un sector rural postergado, rezagado tecnológicamente y volcado hacia la agricultura.
Esta disparidad también condiciona el tipo de empleo y la calidad de vida de las comunidades vulnerables. En el campo y las zonas de mayor pobreza impera un modelo de subsistencia.
“Pobreza significa bajo nivel educativo y economía informal; no es una economía donde las personas perciban un salario formal o paguen impuestos, sino pequeñas empresas que producen únicamente para el mercado interno”, concluye el académico, al señalar que reducir esta brecha representa uno de los desafíos centrales para el desarrollo nacional.
De hecho, esta dualidad se ha mostrado en el día a a día luego del evento telúrico: mientras el interior del país enfrenta incertidumbre sobre su subsistencia y vivienda; el centro financiero de la capital retornó rápidamente a la normalidad.
Pittí indica que estos dos escenarios obedecen alas asimetrías y desigualdades de la estructura social panameña.
La recuperación y vuelta a la normalidad en las zonas rurales e indígenas va a ser más lenta que en las áreas urbanas; debido a la falta de recursos familiares, a la dependencia de la burocracia estatal, el restablecimiento de las carreteras y la organización de las ayudas.
“La desigualdad espacial transforma las distancias en una desventaja social”, argumentó.
Para las personas que viven lejos de la capital y los centros urbanos los tiempos de traslado son mayores, la presencia estatal es escasa, los servicios públicos son más precarios y para algunos actores políticos no representa visibilidad mediática. El tiempo de recuperación para las comunidades podría representar meses o años en reactivarse.
El rol del Estado y el impacto productivo

Gordón opina que reducir la brecha social requiere de una estrategia estatal activa. Sin embargo, las políticas públicas actuales suelen dejar la recuperación a las dinámicas del libre mercado.
Cuestionando este enfoque, los especialistas advierten que la simple oferta y demanda no garantiza el desarrollo de las comunidades vulnerables, por lo cual se exige una planificación pública orientada a sacar del subdesarrollo a estas regiones.
El impacto del sismo fue devastador para los pilares económicos del interior del país. Entre los sectores más golpeados destacan la agricultura, la ganadería, la pesca, así como las industrias porcina y lechera. Paralelamente, el turismo interno sufrió severos daños debido a la erosión de playas y los destrozos en pequeñas infraestructuras hoteleras, comprometiendo la economía local hacia el futuro.
A esto se suma la afectación de la producción artesanal —especialmente en zonas como Chitré—, donde las estructuras productivas sufrieron pérdidas considerables.
A la pérdida de cultivos y ganado se añade la paralización del transporte por los daños estructurales en vías, puentes y carreteras. El deterioro de las redes viales impide que los productores trasladen sus mercancías hacia las fábricas y centros de distribución, explicó Gordón.
Esta interrupción resulta crítica para actividades perecederas como la industria lechera y la porcina, donde el estancamiento de la producción se traduce en pérdidas inmediatas e irrecuperables al no poder movilizar los productos a tiempo, dijo el decano.
Apoyo en ciencia y tecnología

El impacto desigual entre la capital y las zonas rurales volvió a poner a prueba la capacidad de respuesta del país. Ante esta realidad, la Dra. Ivonne Torres, presidenta de la Fundación Ciencia en Panamá y directora de Investigación y Posgrado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá, destaca que la comunidad científica, tecnológica y de innovación desempeña un rol fundamental para guiar una reconstrucción equitativa.
“La prioridad en el proceso de recuperación abarca la atención de la vulnerabilidad y la gestión emocional, donde las ciencias de la salud son clave para prevenir crisis sanitarias en los albergues”, explica Torres.
Subraya que la reconstrucción segura exige la participación interdisciplinaria de ingenieros estructurales, arquitectos, topógrafos y geólogos, apoyados en estudios de suelo y geolocalización, además del diseño de protocolos de seguridad por parte de los gobiernos locales y centrales.
Emergencia educativa y la necesidad de datos reales

La suspensión de clases presenciales en más de 650 escuelas afectadas amenaza la continuidad educativa en regiones rurales donde la conectividad es escasa o inexistente.
Sobre las alternativas tecnológicas, Torres aclara que la solución no radica únicamente en la educación virtual tradicional, sino en una evaluación rigurosa del entorno y el desplazamiento de las familias.
“Antes de aplicar soluciones tecnológicas, es indispensable realizar un censo de los estudiantes desplazados y evaluar las condiciones del proceso de enseñanza-aprendizaje de los docentes”, señala la especialista.
Para afrontar este reto, propone apoyarse en la asesoría de centros de investigación especializados como el Centro de Investigación Educativa de Panamá – Asociación de Interés Público (CIEDU-AIP), con el fin de diseñar estrategias adaptadas a la infraestructura disponible y asegurar el retorno gradual a las aulas.
Claves para la reconstrucción

La reconstrucción y transformación de las zonas vulnerables afectadas por terremotos requiere una integración urgente entre la ciencia, la innovación constructiva y la descentralización de los servicios básicos, destaca la presidenta de Ciencia en Panamá al evaluar los retos del desarrollo urbano y sanitario en el país.
En el ámbito de la infraestructura y el desarrollo urbano, advierte sobre la importancia crucial de la docencia y la vigilancia por parte de los gobiernos locales. Asegura que se debe exigir el cumplimiento riguroso de los reglamentos de construcción tanto en viviendas particulares como en obras estatales y privadas.
«Cuando decimos que la corrupción mata, esto es un claro ejemplo», señala subrayando que el apego a las normativas vigentes es la vía principal para minimizar daños en un país sísmicamente vulnerable. Insta a promover soluciones sostenibles como paneles solares, pozos de agua y energía eólica en las nuevas urbanizaciones.
Por otro lado, frente al colapso o deterioro de la infraestructura médica en regiones alejadas, la respuesta de emergencia exige protocolos estrictos de evacuación y mantenimiento de servicios prioritarios. Para reducir la brecha de atención entre la capital y las provincias, se impulsa la implementación de innovaciones en telemedicina y el uso de dispositivos de diagnóstico portátiles.
Estas herramientas tecnológicas facilitan el monitoreo continuo de signos vitales como la glucosa, la presión arterial y la saturación de oxígeno, lo que permite realizar un triaje más eficiente y anticipar decisiones médicas críticas.
No obstante, recuerda que la descentralización del sistema de salud es un proceso en constante construcción, dado que no todas las instalaciones cuentan con los mismos recursos y nivel de complejidad.
Ver comunicado de Ciencia en Panamá:

