Entre todos los frentes, alrededor de 100.000 personas permanecen evacuadas o confinadas, confirma Science Media Centre España (SMC España) que comparte varias reacciones
Por: Science Media Centre España (SMC España)
Los incendios en Ávila–Madrid–Toledo y en La Vall d’Uixó (Castellón) siguen sin estar estabilizados y mantienen en alerta a los servicios de emergencia, aunque están controlados en algunas zonas.
El fuego de Ávila, que se fusionó el sábado con el de la sierra suroeste de Madrid y avanzó hacia Toledo, es ya el mayor incendio de la historia reciente de España. Las rachas de viento de hasta 30 km/h previstas para este lunes complicarán las labores de extinción, según la Agencia de Seguridad y Emergencias Madrid 112.
En Castellón, el incendio iniciado en La Vall d’Uixó continúa activo y ha penetrado en el parque natural de la Sierra de Espadán. Entre todos los frentes, alrededor de 100.000 personas permanecen evacuadas o confinadas, confirma Science Media Centre España (SMC España) que comparte varias reacciones.
Jesús S. Notario del Pino, profesor Titular del departamento de Biología Animal, Edafología y Geología de la Universidad de La Laguna, dice:
«Cuando un incendio es tan difícil de controlar, la causa más frecuente suele ser la conjunción de los siguientes factores: (i) alta carga de combustible vegetal; (ii) condiciones meteorológicas muy desfavorables (alta temperatura, baja humedad relativa, vientos fuertes y secos); (iii) relieve abrupto y/o accidentado, a lo que habría que sumar (iv) viviendas, poblaciones o urbanizaciones (es decir, interfaz urbano-forestal), que suelen ser objetivo prioritario en las tareas de evacuación y extinción, lo que obliga a distraer una cantidad variable de recursos, aunque sea temporalmente».
-¿Tenemos que acostumbrarnos a este tipo de incendios, que exceden la capacidad de extinción?
«Si no se trata el asunto de la carga de combustible, creo que vamos a tener que acostumbrarnos a ello. Como suelen repetir muchos especialistas e ingenieros de montes: lo que no gestionemos nosotros, lo gestionará el fuego. El problema es que la masa de combustible ha crecido mucho a lo largo de las últimas décadas, como consecuencia, sobre todo, del abandono del medio rural y algo así no se arregla fácilmente a corto plazo; no creo que existan soluciones milagrosas (como tampoco económicas) para un problema de esta magnitud».
-¿Qué se puede hacer cuando exceden la capacidad de extinción?
«Eliminar combustible allí donde sea factible hacerlo de manera que, cuando llegue el frente de llama, no tenga mucho que quemar y disminuya la intensidad del fuego, lo que haría posible enfrentarse a él. Sobre el papel parece sencillo, pero en la práctica puede ser tremendamente complicado por la elevada velocidad de propagación del fuego (que supera las líneas de defensa, a veces, con mucha facilidad), así como la generación de focos secundarios debido a la emisión de rescoldos incandescentes (pavesas) que se propagan por el aire, pueden superar dichas líneas y poner en peligro al personal de extinción».
-¿Estamos preparados para enfrentarnos a ellos?
«Desde la distancia, tengo la impresión de que no estamos preparados del todo. De hecho, basta mirar a nuestro entorno geográfico más cercano (Portugal, Francia, Italia, Grecia) para darse cuenta de que es un problema de ámbito supranacional».
Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida e investigador de Agrotecnio, dice:
«Hemos entrado en la era de los incendios que no se pueden apagar. Son incendios que queman con la intensidad de varias bombas atómicas y, por tanto, su extinción es muy compleja. Queman con tanta intensidad por toda la energía almacenada en los montes, en forma de biomasa, y por toda la energía desecante de la atmósfera, fruto de quemar combustibles fósiles de manera indiscriminada. A ello se le suma unas condiciones meteorológicas y topográficas adversas».
Advirtió que estamos a punto de empezar a sufrir megaincendios de 100.000 hectáreas y el complejo de incendios de Burgohondo ya va por las 70.000 hectáreas.
“Se trata del incendio más grande en la península ibérica. Cuando un paciente que sufre una infección va al médico principalmente tiene dos opciones: o seguir la pauta de medicación que le ha indicado el médico o no tratarse. Si no se medica, probablemente la infección le acabe matando. Nosotros ahora mismo somos ese paciente que no está tomando la medicación. No tenemos que acostumbrarnos a esta situación, ya que con la prevención y otras medidas podemos doblegar a los incendios».
«Podemos mejorar en el establecimiento de una cultura de riesgo y mejorar en la inteligencia de la extinción, esto es, en la capacidad de análisis y en incorporar analistas de incendios en la cadena de mando, y a especialistas en planificación y logística. Algunas comunidades de España ya lo han hecho, pero no todas. Pero todo esto será en vano si no gestionamos el combustible. Nadie está preparado a enfrentarse con incendios que tienen la potencia de 23 bombas atómicas, que es la energía de este complejo de incendios».
Por: Science Media Centre España (SMC España)

