Lo que no se nombra

julio 17, 2026
Ilustración: Pedro Crenes Castro

Lo que no tiene nombre no es el suicidio, lo que no tiene nombre no es la tragedia ni su magnitud, lo que no tiene nombre, lo que no se nombra tantas veces, es la salud mental


Por: Pedro Crenes Castro

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972), es escritor. Columnista y colaborador en varios medios panameños y españoles. Ha ganado dos veces el premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá y dicta talleres literarios. Vive en España desde el año 1990.


Nos hemos abandonado unos a otros, nos hemos convertido en rudos jueces de lo que hace llorar o temer al otro, señalamos con dedo de hierro aquello que no entendemos, que es síntoma en otros, por nuestra ignorancia egoísta, sí, porque nos negamos a adquirir conocimiento por puro orgullo soberbio, porque preferimos no saber para seguir disfrutando de arrastrar y de poner en duda el testimonio del que sufre

Lo que no se nombra

Panamá ha estado en boca de todos por el fallecimiento de Marie Claire González, una empresaria e influencer panameña que parecía fuera de toda infelicidad. Mirando su perfil ahora, todo parece perfecto, delicadamente delineado para que nada se escape de la ilusión de bienestar en la que se supone que vivía. Pero hay una publicación en la que se ve el rostro de Marie con un golpe en el pómulo derecho, la tituló «Tamos vivos», y sobre esa foto elocuente escribió: «El hecho de que no me haya muerto con todo lo que me ha pasado, confirma que soy el personaje principal».

La escritora colombiana Piedad Bonet, publicó en 2013 el que quizás sea su libro más personal y complejo, Lo que no tiene nombre, una crónica dolorosa y profunda sobre la muerte de su hijo Daniel, que se quitó la vida. Un texto arrollador, que nos deja ver las distintas escenas del alma de una madre que recibe la noticia, que tiene que viajar hasta el lugar de la tragedia, que reflexiona, que recuerda, que llora, que busca respuestas, que escribe. Lo que no tiene nombre no es el suicidio, lo que no tiene nombre no es la tragedia ni su magnitud, lo que no tiene nombre, lo que no se nombra tantas veces, es la salud mental.

La muerte de Marie Claire González no debe convertirse en un nido de curiosos ni de periodistas, que hacen preguntas absurdas que alargan una tragedia que para ellos es solo un titular, debe convertirse en una parada para la reflexión y para nombrar lo que no tiene nombre, la salud mental, tan denostada en Panamá, tan ninguneada y despreciada que, cuando se nombra, se tilda de debilidad y de yeyeseo frágil, de generación de vidrio, de poca fortaleza vital.

Nos hemos abandonado unos a otros, nos hemos convertido en rudos jueces de lo que hace llorar o temer al otro, señalamos con dedo de hierro aquello que no entendemos, que es síntoma en otros, por nuestra ignorancia egoísta, sí, porque nos negamos a adquirir conocimiento por puro orgullo soberbio, porque preferimos no saber para seguir disfrutando de arrastrar y de poner en duda el testimonio del que sufre: nos hemos quedado huérfanos de miradas compasivas, todo por disfrutar del bochincheo sobre vidas que parecen perfectas, pero que se ven truncadas por el dolor, la violencia y el sufrimiento.

Cuando Marie dijo «soy el personaje principal», estaba aclarando y afirmando algo que es fundamental para tener en cuenta cuando consideramos la vida de los demás: los que figuran en redes, en televisión, radio o prensa, son «personas, no «personajes». Cierto es que cuando alguien se expone al escrutinio de los demás por cualquier razón, debe estar preparado para la crítica y las opiniones contrarias, pero nadie está preparado para el insulto, el desprecio o para ser puesta en tela de juicio su situación personal. Hemos normalizado el insulto y el desprecio, la deshumanización del que vemos en una foto en redes, olvidando que no son parte de una ficción: son personas que merecen nuestro respeto y consideración.

El asunto del que tenemos que hablar desde todos los ángulos de la sociedad es la salud mental. Tenemos una asignatura pendiente en este tema crucial en nuestro país. Que esta tragedia, que ha puesto a Panamá en boca de muchos medios, nos ayude a estar atentos, a cambiar nuestras actitudes, a valorar más al otro, a ser cuidadores los unos de los otros.

Por favor, lean. Uno de los remedios para esta enfermedad del desprecio y del ninguneo del prójimo es la lectura. Las historias nos capacitan, amplían el radio de nuestras posibilidades emocionales, nos ofrecen otras rutas relacionales que no sospechábamos. La poesía, los cuentos, las novelas nos permiten ver a los demás desde otros ángulos y espacios que no podríamos imaginar por nosotros mismos, por eso la literatura es tan importante para la salud mental, porque propicia una perspectiva limpia de prejuicios por medio de la lectura.

Por: Pedro Crenes Castro