El Papa se encuentra en Gran Canaria, la última etapa de su viaje apostólico por España, luego de estar en Madrid y Barcelona
Con información de Vatican News
Desde el muelle de Arguineguín en Gran Canaria donde llegan constantemente “vidas heridas”, “despojadas de casi todo”, “pero nunca de su dignidad”, el Papa León XIV se ha reunido con quienes acogen a los migrantes, aquellos que han sabido “reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar”.
Así ha descrito este momento Mireia Bonilla, de Vatican News.
El Papa ha destacado que “la Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana” y ha explicado que, en la actualidad, el peligro para los migrantes no es solo el océano:
“También hoy existen monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido”.
León XIV, describe Vatican News, ha dedicado uno de los momentos de su intervención a las víctimas de la trata y la explotación, a quienes ha recordado que “cada vida humana es una bendición de Dios” y que nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla, porque en cada persona “resplandece la imagen y semejanza del Creador”.
Después, se ha dirigido de forma explícita a las mujeres que han sufrido redes de explotación: “Si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable. Si quisieron encerrarte en un pasado de dolor, Dios sigue pronunciando sobre ti una promesa de futuro. Si te trataron como una cosa, la Iglesia quiere decirte hoy: eres hija y hermana, eres bendición”.
El Papa, el primer pontífice en visitar las Islas Canarias, ha exigido una respuesta a la situación de los migrantes en el mundo:
“Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; y para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”.
En encuentro con los migrantes, León XIV les ha dicho: “No son números ni expedientes, ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás”.
También les ha ofrecido consejo: “No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo, de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirenas”, son industrias de muerte”.
Para León, la acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegado únicamente a algunos voluntarios y ha pedido coherencia entre fe y acción: “Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio”.
Su Santidad reflexionó que “no podemos acostumbrarnos a contar muertos” ni tampoco pensar que “la dignidad humana pierde valor al cruzar una frontera”.
Con información de Vatican News

