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Una de las mayores necesidades no cubiertas de estos pacientes es el retraso diagnóstico. Muchos conviven años con sus síntomas antes de recibir un diagnóstico correcto

Por: Dr. Serafín Sánchez

El Dr. Serafín Sánchez es especialista en Otorrinolaringología y presidente de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC)

Cuando alguien escucha «pólipos nasales», suele pensar en una molestia menor, algo parecido a una congestión persistente que se resuelve con unas gotas o una pequeña intervención. La realidad que vemos cada día los especialistas es muy diferente.

La rinosinusitis crónica con pólipos nasales —o RSCcPN— es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta entre el 3% y el 6% de la población española y que, cuando no se diagnostica y trata adecuadamente, deteriora profundamente la calidad de vida de quienes la padecen.

Una enfermedad que afecta a toda la persona

Los pólipos son crecimientos benignos de la mucosa que tapiza el interior de la nariz y los senos paranasales. Su origen es inflamatorio, no tumoral, y están ligados a una respuesta alterada del sistema inmunitario. El síntoma más conocido y que más molesta a los pacientes es la obstrucción nasal, pero la enfermedad va mucho más lejos.

La pérdida del olfato —que puede llegar a ser total— es uno de los síntomas que más preocupa a estos pacientes. Perder el olfato significa no percibir los aromas de la comida, del entorno, de las personas queridas. Significa también una pérdida de seguridad: no detectar el humo de un incendio, el gas de una fuga, un alimento en mal estado. Y tiene un impacto directo sobre el estado de ánimo, porque el olfato está íntimamente ligado a la memoria emocional.

A esto se suman el goteo nasal constante, la presión facial, la pérdida del gusto y, de forma muy relevante, la interrupción del sueño. La fatiga crónica que genera este trastorno del descanso repercute sobre la concentración, el rendimiento laboral o académico, el humor y las relaciones personales. No es infrecuente que estos pacientes desarrollen ansiedad o síntomas depresivos. Los estudios con herramientas de medición de calidad de vida muestran que el impacto de esta enfermedad es comparable al de otras patologías crónicas consideradas más graves.

Una enfermedad que rara vez viene sola

Algo que los especialistas tenemos muy presente es que la RSCcPN raramente se presenta de forma aislada. Hasta dos tercios de los pacientes conviven con otras enfermedades respiratorias, como el asma bronquial o la llamada enfermedad respiratoria exacerbada por aspirina (EREA). Esto no es casualidad: existe una base biológica común que vincula la inflamación de la nariz y los senos paranasales con la inflamación de las vías respiratorias inferiores.

Por eso hablamos de «vía aérea unificada»: lo que ocurre arriba, en la nariz, influye directamente en lo que ocurre abajo, en los bronquios. Tratar bien la poliposis nasal mejora el asma. Y no se puede tratar bien el asma sin atender también la enfermedad nasosinusal. Este es un principio clínico fundamental que lamentablemente aún no siempre se aplica en la práctica.

Un diagnóstico que llega tarde

Una de las mayores necesidades no cubiertas de estos pacientes es el retraso diagnóstico. Muchos conviven años con sus síntomas antes de recibir un diagnóstico correcto, recorriendo consultas de urgencias o de medicina general sin que se identifique la causa real de su malestar. La pérdida de olfato, en particular, raramente se evalúa de forma sistemática en Atención Primaria, pese a que es un síntoma cardinal de esta enfermedad.

Potenciar la formación de los médicos de Atención Primaria para identificar precozmente la RSCcPN es una prioridad. Un diagnóstico temprano no solo mejora la calidad de vida del paciente, sino que reduce consultas innecesarias, derivaciones prematuras y el coste personal y social de una enfermedad que se cronifica y agrava sin el tratamiento adecuado.

La necesidad de una atención coordinada

La RSCcPN es una enfermedad que exige trabajo en equipo. El otorrinolaringólogo es el especialista de referencia, pero el abordaje óptimo requiere la colaboración con neumólogos, alergólogos, enfermería y farmacia, y con Atención Primaria como puerta de entrada y primer filtro. Sin esa coordinación, los pacientes se pierden en los circuitos asistenciales, reciben atención fragmentada y no logran el control de su enfermedad.

En España, desde la SEORL-CCC estamos trabajando activamente en la creación y acreditación de Unidades Especializadas de Inflamación Nasosinusal, espacios funcionales donde se garantice una atención integral, multidisciplinar y con criterios de calidad homogéneos en todo el territorio. Porque la calidad asistencial no puede depender del código postal del paciente.

El paciente, en el centro

Hay otra necesidad que el documento de consenso de la Alianza Española de la RSCcPN recoge con claridad: la del paciente informado y activo. Durante demasiado tiempo, las personas con esta enfermedad han sido receptores pasivos de indicaciones médicas. La evidencia demuestra que cuando el paciente comprende su enfermedad, conoce sus síntomas, sabe cuándo consultar y participa en las decisiones sobre su tratamiento, los resultados mejoran de forma significativa.

Eso implica educación. Implica tiempo en la consulta. Implica herramientas accesibles y un lenguaje que no excluya. Y también implica escuchar a las asociaciones de pacientes, cuya voz es imprescindible para diseñar una atención sanitaria que responda a las necesidades reales de quienes viven con esta enfermedad cada día.

La poliposis nasal no es un problema menor. Es una enfermedad crónica, compleja y con frecuencia infradiagnosticada, que merece la misma atención, los mismos recursos y el mismo rigor que cualquier otra patología que afecte de forma profunda a la vida de las personas. Ese es el compromiso que, como especialistas y como sociedad científica, asumimos cada día.

Por: Dr. Serafín Sánchez